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Política

Según pasan los daños

Con la amenaza de declarar la guerra contra Irán, Sarkozy subió la apuesta de la reconciliación con los Estados Unidos En 2003, el director de la consultora Mercados Emergentes, Iñigo Moré, disparó desde el portal del Real Instituto Elcano, de Madrid: “¿Qué tienen en común Irak, Irán y Cuba? Lo primero que viene a la cabeza es su enemistad con los Estados Unidos. Pero comparten algo más. Los bancos franceses son sus primeros proveedores de fondos”. Tenía razón: a fines del primer trimestre de ese año, en coincidencia con el comienzo de la guerra contra Irak, los bancos franceses eran los principales dadores de créditos privados internacionales de Saddam Hussein, los ayatollahs chiítas y Fidel Castro, según el Bank for International Settlements (BIS). Los bancos franceses eran, a su vez, los financistas más importantes de otros países poco confiables para los Estados Unidos, como Vietnam, Somalia y Camboya. El vínculo con Hussein, al cual Jacques Chirac honró en más de una ocasión, explicaba el rechazo de Francia, en el Consejo de Seguridad de las Naciones (leer más)

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Política

Rebajas de fin de temporada

Mientras los demócratas buscan la salida, Bush promete un retorno gradual de tropas que no apacigua las iras contra él Desde 1982 primó la fórmula Galtieri: un dictador derrotado en una guerra caía por peso propio, así como su gobierno, y abría la puerta de la democracia. Esa máxima, incorporada como advertencia en represalias contra dictaduras de todo grupo y factor, se repitió en 1999 con Slobodan Milosevic, el gobierno serbio y la antigua Yugoslavia. Cuatro años después, un ejército invasor tumbó al régimen de Irak y, en unos meses, apresó a su líder, Saddam Hussein. Lo ahorcaron sus compatriotas, cultores de la pena de muerte ante  la pasividad de una potencia ocupante que admite, en la mayoría de sus Estados, ese tipo de condena. Si la guerra contra Irak hubiera terminado el 1° de mayo de 2003, como proclamó George W. Bush desde la cubierta del portaaviones USS Lincoln con la frase “Mission acomplished! (¡Misión cumplida!)”, las tropas norteamericanas habrían vuelto a casa. Y santo remedio. No habría sido necesario que, cuatro años y (leer más)

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Economía

Condenados al éxito

Las peores consecuencias del atentado a las Torres Gemelas son la guerra contra Irak y el deterioro de la imagen de los EE.UU. Un martes, según Gore Vidal, crea Alá la oscuridad. Un miércoles, según Le Monde, “nous sommes tous américans (todos somos norteamericanos)”. Un jueves, tantas Torres Gemelas se desploman en Irak como aquel martes en Manhattan. Al día siguiente, el mundo todo, sin distinción de credos ni razas, hace suya la tragedia. En francés, desde París, la veta ambivalente hacia los Estados Unidos, tan arraigada en Europa como en otros confines del planeta, queda en suspenso. O suspendida hasta nuevo aviso. Es un mandato, casi, sentir pena por esos 3000 infelices que nunca supieron por qué, aquella mañana del martes aquel, los aviones cambiaron de rumbo al ras del horizonte. Seis años después, poco antes de las elecciones por las cuales Nicolas Sarkozy sucedió a Jacques Chirac, las tres cuartas partes de los franceses advirtieron en las encuestas de opinión que aquel miércoles,  12 de septiembre de 2001, había sido una excepción. Habían (leer más)

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Política

Separación de bienes y raíces

En medio de las protestas contra Evo Morales, el alcalde de Santa Cruz avivó la polémica con la división de Bolivia Miss Bolivia, Gabriela Oviedo, participante del concurso Miss Universo, tuvo el desparpajo de expresar en 2004 aquello que antes, en su país, se pensaba, pero no se decía. Hizo público lo privado: “Desafortunadamente, la gente que no conoce mucho sobre Bolivia piensa que todos somos indios; es La Paz la imagen que refleja eso: gente pobre, gente de baja estatura y gente india.” En Santa Cruz de la Sierra, agregó, “somos altos, somos gente blanca y sabemos hablar inglés”. En ella primaba la renuencia a aceptar a un aymara chaparrito, de tez oscura y pelo duro, en el Palacio Quemado (sede del gobierno). El aymara chaparrito, de tez oscura y pelo duro, Evo Morales, recogió el guante tres años después en el Palacio Quemado: “Sólo piensan día y noche en cómo tumbar a este indio”. No reparó en el desparpajo de Miss Bolivia, sino en la geografía humana del país. Una geografía humana surcada (leer más)