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La manzana de Evo

El limbo político en el que se halla el país plantea la disyuntiva entre dos concepciones de poder difícilmente conciliables A 14 meses de haber asumido el gobierno, Gonzalo Sánchez de Lozada estaba solo. Más solo que nunca, en realidad. Como todo presidente a punto de caer en un pozo, el más profundo dentro sus depresiones frecuentes. Le sobraban culpas y le faltaban respuestas en octubre de 2003. En la calle, frente al Palacio Quemado, la protesta cobraba muertos. Cobraba muertos y resucitaba rencores por las privatizaciones realizadas durante su primera gestión, entre 1993 y 1997, y por la mera posibilidad de que Chile, identificado como el enemigo implacable desde las aulas primarias por la Guerra del Pacífico, en 1879, obtuviera algún rédito de las exportaciones de gas. En los 17 meses siguientes, el hasta entonces vicepresidente Carlos Mesa debió enfrentar, como presidente, 820 conflictos sociales. O, traducidos en reclamos, 12.000, diferentes todos ellos. Resolvió 4250. Poco más de un tercio, apenas, frente a un promedio de dos huelgas, bloqueos o amenazas por día. En (leer más)

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Mar adentro

Cada vez más, los conflictos sociales son propios de los países en los que se producen en lugar de representar un drama regional COQUIMBO, Chile.– Sobre el Desierto de Atacama, a bordo del avión presidencial, Ricardo Lagos debió interrumpir un animado diálogo con ministros, parlamentarios e invitados. «Me llama Chávez», se excusó. Y al tiro, como dicen los chilenos, partió hacia su despacho, una cabina modesta con un escritorio y tres butacas. Después abordó con la comitiva un Hércules C130, de la Fuerza Aérea, rumbo a El Salado, pueblo terroso y aislado en el que iba a inaugurar una planta de tratamiento de cobre. Fue el jueves, un día antes de su quinto aniversario en La Moneda (sede del gobierno) y un día después de la resolución de la crisis de Bolivia. Al teléfono, Chávez era un peligro. No por el motivo del llamado, sino, amante de los monólogos, por la temible duración del diálogo a pocos minutos del aterrizaje. Desde París, empero, sólo le agradeció la gestión conciliadora del canciller chileno, Ignacio Walker, ante (leer más)

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Se presume culpable

Con órdenes de control, el gobierno británico pretende restringir los derechos de los sospechosos de terrorismo LONDRES.– Engels, socio de Marx en el socialismo científico, juzgaba absurdo el socialismo utópico de Owen, Saint-Simon y Fourier. Utópico pasó a ser desde entonces, mediados del siglo XIX, sinónimo de proyecto o sueño irrealizable. En especial, si de política se trataba. Utópico, por negativo que fuere, era el mundo de The Big Brother (El Gran Hermano), descripto por George Orwell en su novela 1984, editada en 1949. Cinco décadas después, su homónimo Tony Blair (homónimo por el apellido: Orwell se llamaba Eric Arthur Blair) planteó el dilema moral entre la libertad y la seguridad. Lo planteó a la luz de atentados frustrados por Scotland Yard en Londres, uno de ellos de la magnitud de Atocha. La libertad, según Blair, implica establecer un delicado equilibrio entre su ejercicio y la protección de la ciudadanía frente a eventuales atentados. De ahí, la necesidad aparente, y controvertida, de mantener bajo la tutela del gobierno a los sospechosos que no puedan ser (leer más)

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Hipótesis de conflicto

Siria e Irán se resisten al plan de largo aliento que ha emprendido Bush en Medio Oriente desde la invasión a Irak En su segundo mandato, George W. Bush no ha movido nada de su lugar. En su escritorio continúa, impertérrito, el busto de Winston Churchill. En su cabeza continúa, remozado, el ideario de Ronald Reagan. Y en su norte continúa, impertérrito y remozado, el legado de ambos: desplegar una estrategia de cambio en sociedades no democráticas en un plazo no acotado por su gestión, por más que ello implique la hipótesis de conflicto como rutina. O como latiguillo permanente en su discurso. Ese discurso no refiere años, sino décadas en las cuales el poder norteamericano, sea republicano, sea demócrata, se dispone a promover en Medio Oriente, en su caso, algo parecido a la liquidación de saldos de la Unión Soviética, en el caso de Reagan, mientras, más allá de la Cortina de Hierro, germinaba la semilla de un bloque político, económico, militar y cultural apadrinado por los Estados Unidos. Germinaba la semilla de la (leer más)

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Mano a mano hemos quedado

Sharon y Abbas se comprometieron a aplicar la hoja de ruta, pero Hamas cumplió con su amenaza de patear el tablero Entre Ariel Sharon y Mahmoud Abbas no iba a haber papeles, sino un apretón de manos. No iba a haber papeles, como en la mayoría de las cumbres anteriores entre israelíes y palestinos, por una razón: sobraban. Ambos debían transmitir un mensaje político. Un gesto de buena voluntad. Nada más. La supervisión de la hoja de ruta (plan de paz trazado por el gobierno de George W. Bush y respaldado por la Unión Europea, las Naciones Unidas y Rusia) iba a ser tarea de un militar norteamericano sin experiencia diplomática, el teniente general William Ward. Señal de la magnitud de la intifada (sublevación palestina), antes más librada a la esperanza del diálogo que a la posibilidad de la cerrazón. En ello terció la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, presente en las vísperas de la cumbre realizada en Sharm el Sheij, Egipto, en donde el presidente anfitrión, Hosni Mubarak, y el rey Abdalá II (leer más)

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Segundo mandamiento: no desconfiarás de mí

La alta participación de los iraquíes en las elecciones sirvió para que Bush elevara la apuesta por la democracia en Medio Oriente Prudente nunca ha sido. Menos iba a serlo ahora, reconciliado en parte con el espejo y, sobre todo, con aquellos que no toleraron sus arrebatos después de la guerra en Afganistán. En Irak, George W. Bush recreó uno de los estigmas de Vietnam: “Tenemos que destruir la villa para poder salvarla”, de modo de “ganar los corazones y las mentes”. ¿Era el deseo de los iraquíes, por más valentía que hayan demostrado con su elevada participación en las primeras elecciones después de la era Saddam Hussein? Querían deshacerse de él, desde luego, pero ignoraban el precio. Es decir, la transición de una dictadura a un lío. De ese lío no sólo pretenden salir ellos, incómodos con la ocupación extranjera y con la irrupción terrorista, sino, más que nadie, los norteamericanos. Pero Bush, entonado con la reelección en casa y con la elección fuera de ella, ha seguido adelante con sus planes: extender la (leer más)

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Heredarás la guerra

Ben Laden proclamó el liderazgo de Al-Zarqawi en Irak e instó a boicotear las próximas elecciones de ese país y de Palestina En enero de 2004, los kurdos interceptaron una carta de Abu Mussab al-Zarqawi; estaba dirigida a Osama ben Laden. Le proponía expandir la red Al-Qaeda en Irak, fomentado una guerra sectaria entre sunnitas y chiítas. El caos, digamos. No obtuvo respuesta inmediata. Su devoción por la jihad (guerra santa) se vio premiada casi un año después: el mentor de la voladura de las Torres Gemelas exaltó su valor en la cruzada contra los infieles. Entre ellos, el contratista norteamericano Nicholas Berg, decapitado por él mismo frente a las cámaras en mayo de 2004. Iba a ser el primero de una serie de secuestros, torturas y asesinatos después de haberse atribuido en agosto de 2003 el atentado contra la sede de las Naciones Unidas, en Bagdad, en el que murió Sergio Vieira de Mello, enviado especial de Kofi Annan. En aquella carta, en la cual consignó 25 atentados suicidas en Irak, confesaba Zarqawi, de (leer más)

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Cómo deshacerme de ti

Ahora Bush debe resolver si aplica la misma medicina que en Irak En los debates previos a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, el malogrado candidato demócrata, John Kerry, atinó a reflotar el multilateralismo, pero, presionado por hipótesis y evidencias de conflicto en un mundo cada vez más inseguro, no vaciló en suscribir la doctrina Bush: ante la duda, atacamos primero y preguntamos después. Lo hicieron en Irak sin fundamento alguno: no había armas de destrucción masiva, más allá de las tropelías de Saddam Hussein y de sus desplantes frecuentes a los inspectores de las Naciones Unidas. ¿Lo harán en Irán y en Corea del Norte, los otros vértices del eje del mal? Tras la captura de Saddam, el gobierno de Mohamed Khatami se ha visto en la misma encrucijada que domina la política exterior de Irán desde la ruptura de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos en 1979 por la toma de su embajada en nombre de la revolución del ayatollah Khomeini: critica al Gran Satán, como suele llamarlo en sus discursos, (leer más)

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Rigor en Marte, intolerancia en Venus

Blair, al igual que Bush, apela a la lucha contra el terrorismo como caballito de batalla en busca de su segunda reelección Al filo de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, el tercer hombre apareció en escena. No era Ralph Nader, el candidato independiente que ocupó desde 2000 el lugar de Ross Perot, sino Osama ben Laden. Un viejo conocido de la familia Bush, con la cual hizo negocios antes de la voladura de las Torres Gemelas. Un viejo conocido de los norteamericanos, en verdad, que redondeó con sus nubarrones de amenazas el pronóstico de victoria del presidente de la guerra. Su mera imagen infundió miedo. Factor clave en una sociedad sensible a todo aquello que refiriera odio y destrucción. Factor clave en España, también, con sus 191 muertos y 1900 heridos, como consecuencia de la masacre de Atocha, tres días antes de que José Luis Rodríguez Zapatero venciera en las elecciones presidenciales a Mariano Rajoy, el delfín de José María Aznar. Y factor clave en Gran Bretaña, en donde Tony Blair fijó su (leer más)

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Como te mueras, te mato

Por una vez, la Unión Europea ha hablado con el tono de los Estados Unidos sobre un asunto de su área de influencia En Europa, ¿reina la apatía? Reina la euroapatía, según José Luis Rodríguez Zapatero y Silvio Berlusconi. Curiosa conclusión, o definición, con la cual, en cierto modo, rubricaron en una reunión realizada en Cuenca el mote despectivo de la vieja Europa que el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, atribuyó a Francia y Alemania por su rechazo a enviar tropas a Irak. Curiosa conclusión, o replanteo, en un momento en el que la Europa ampliada, no la vieja ni la nueva, Europa a secas, puso en evidencia su malestar por el desarrollo irregular, y el resultado incierto, de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo 21 de noviembre en Ucrania. En nombre de la presidencia de la Unión Europea, el ministro holandés de Relaciones Exteriores, Bernard Bot, dijo que no aceptaba el resultado. Por una vez, entonces, el bloque actuó como tal e impidió que los Estados Unidos tomaran la delantera en (leer más)

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Es una experiencia religiosa

La designación de Condoleezza Rice como secretaria de Estado garantiza cierta dureza en la diplomacia norteamericana Doña Angelina Rice dictaba clases de música. Tan apasionada era por las corcheas y las semifusas que bautizó a su hija, nacida el 14 de noviembre de 1954 en Birmingham, Alabama, con el nombre Condoleezza (del italiano, tocar con dolcezza, tocar con dulzura). Le enseñó a tocar con dulzura el piano. No imaginó, empero, que iba a ser una de las mejores intérpretes de Strauss. Lamentablemente, no de Johann Strauss, el compositor de los valses vieneses, sino de Leo Strauss, un maestro en el arte de utilizar la mentira como arma de persuasión y de legitimación de una política orientada a favorecer a “los sabios” (la clase dirigente) y a instaurar un “mejor régimen” (para una elite). Un Strauss, filósofo alemán nacionalizado norteamericano, nació en el mismo año en que murió el otro, 1899. De la letra de uno, más que de las notas del otro, se nutrió desde el comienzo el ala dura del gobierno de George W. (leer más)

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Si la muerte pisa mi huerto

Sin su líder histórico, los palestinos enfrentan el dilema de elegir un sucesor que negocie la paz con Israel y los EE.UU. Era Leilat El Qader (La Noche del Destino). Alá iba a revelar el Corán a Mahoma. Y los palestinos, en el mes de ayuno de Ramadán, esperaban recibir una señal divina sobre la suerte de su líder, Yasser Arafat. Estaba agonizando en París. Curioso destino después de haber querido morir como un mártir en la Mukata de Ramallah, Cisjordania, en donde había vivido confinado desde diciembre de 2001 hasta fines de octubre. Perdón: ¿curioso destino? La inminente viuda, Suha Tawil, resistida por el establishment palestino, procuraba hacer valer la ley francesa sobre su formidable fortuna, estimada en más de 1000 millones de dólares, mientras los Abus (Abú Abas y Abú Mazen), dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), insistían en que Arafat presidía un Estado en ciernes y, por esa razón, sus cuentas bancarias y sus inversiones pertenecían a él. En medio del tironeo, o acaso antes, Arafat murió. Suha, radicada en París, (leer más)

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El gran fabulador

Casi 60 millones de personas han decidido por 6000 millones: cuatro años más no deberían ser cuatro guerras más Era un perdedor. Hasta los 40 años, con un abuelo banquero que aparentemente habría servido a Hitler, un padre vicepresidente vinculado con aquellos que iban a convertirse en los peores enemigos de su país y del mundo, y un hermano que, como futuro gobernador del Estado decisivo en las elecciones de 2000, iba a colaborar en su victoria a pesar de las sospechas de fraude, no había hecho más que invertir sin suerte. Era un perdedor que, en la década del ochenta, no hallaba consuelo ni en la combinación de botellas cuyas etiquetas coincidían en la letra B: bourbon, beer (cerveza) y B&B. Decía en defensa propia que no era un alcohólico crónico, sino un bebedor ocasional. Sólo se entonaba, según él, en las fiestas organizadas por la sociedad secreta de la Universidad de Yale, de la cual había sido presidente su padre. Por él renegaba del primer nombre, George; apelaba a la inicial del segundo (leer más)

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Tiro porque me toca

En Europa, el terrorismo se asocia con el tráfico de drogas y armas; en EE.UU. ven el peligro en los arsenales nucleares Minutos después de la medianoche del 11 de marzo, Rafá Zouhier, infiltrado en el Grupo Islámico Armado (GIA), dijo por teléfono a Lofti Sbai, traficante de hachís, que Al-Qaeda había estado detrás de los atentados de Atocha y que Osama ben Laden “nos ha fastidiado”. Sbai era socio de Jamal Ahmidan, alias El Chino, uno de los terroristas que se suicidó el 3 de abril con Allekema Lamari, el jefe del comando, en la masacre del piso de Leganés, en las afueras de Madrid. No sabía Sbai que Zouhier, argelino, preso en Suiza, era un espía de la Guardia Civil española. Por hachís, los terroristas habían cambiado con mineros o ex mineros el explosivo disimulado en las mochilas, llamado Goma 2, que detonó en los trenes en las cercanías de Atocha. La policía interceptó desde febrero tres conversaciones telefónicas de tres de los implicados, relacionados todos ellos con Lamari, pero no supo interpretarlas (leer más)

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Jugo de tomate frío

Un abrupto giro en la campaña ha entonado al candidato demócrata En septiembre, después del fiasco de la convención demócrata en Boston, John Kerry estaba enfadado. Muy enfadado, en realidad. La campaña, centrada en Irak, se había estancado en Vietnam. Enfocada, más que todo, en sus medallas de héroe, puesta en duda su validez por una banda de ex militares hostiles llamados a sí mismos Los Veteranos de la Verdad. Debía hacer algo. Y pronto, dedujo su principal asesora, Mary Beth Cahill. Convocó entonces a Thomas Vallely, viejo camarada de armas. Le confió la responsabilidad de replicar las críticas de George W. Bush, más allá de que durante aquella guerra el actual presidente hubiera obtenido un permiso para no moverse de Texas. Es decir, para permanecer en la reserva. A salvo, pues. Con jugo de tomate frío, el marido de «Doña Ketchup» procuró perjudicar la convención republicana. Mientras aún caían los globos en el Madison Square Garden, Kerry presidía un mitin de medianoche en Clark County, Ohio, en donde Al Gore había obtenido una exigua (leer más)