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El bombardeo quirúrgico contra la sede de la Asamblea de Expertos de Irán en la ciudad santa de Qom, propinado por Israel con el guiño de Estados Unidos, fija una meta: dinamitar la sucesión de la teocracia islámica tras la eliminación del ayatolá Alí Khamenei. En principio, 88 ulemas, juristas islámicos elegidos cada ocho años por el voto popular, iban a reunirse para decidir al sucesor en el edificio, cerca del complejo presidencial y del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Quedó totalmente destruido, así como cualquier posibilidad de avistar humo blanco mientras Donald Trump y Benjamin Netanyahu puedan evitarlo.
En Irán, lejos del modelo aplicado por Estados Unidos en Venezuela con piezas recicladas del chavismo, todo apunta a un cambio de raíz, aunque en general los vacíos de poder en Medio Oriente suelan ser llenados por fuerzas más radicales que las depuestas. La oposición, fragmentada en el exilio y sin raíces sólidas en casa, difícilmente capitalice el caos en un país bajo fuego con un 40% de minorías étnicas (azeríes, árabes, kurdos y baluchíes, entre otras); una teocracia sin cabeza, pero en pie, y una comunidad internacional que observa, atónita, el reemplazo del multilateralismo de la ONU por la voluntad de dos líderes que, en un año electoral, han optado por la guerra como campaña proselitista.
La brutalidad amplió la distancia con una sociedad cada vez menos afín a la revolución islámica
Con Siria en reconstrucción tras la caída de la dictadura de Bashar al-Assad (hospedado por Vladimir Putin en Rusia) y la debilidad de Hamas en la Franja de Gaza, de Hezbollah en Líbano, de las milicias en Irak y de los hutíes en Yemen, Israel procura erigirse como el gendarme de la región. Trump, furioso con su par de España, Pedro Sánchez, por no haber autorizado el uso de las bases militares de Rota y Morón, negocia con una mano mientras carga el arma con la otra: exige el desmantelamiento total del programa nuclear, única garantía de supervivencia del régimen, y el fin del Eje de la Resistencia, conformado por los proxies (red de aliados regionales), en baja tras atentados de Hamas en octubre de 2023.
El régimen teocrático también atraviesa su momento de mayor flaqueza interna. Enfrenta una crisis económica colosal debido a la inflación, la depreciación del rial y el deterioro del nivel de vida, acrecentada por las eternas violaciones de los derechos humanos, la represión indiscriminada y las sanciones norteamericanas. El malhumor estalló a finales de 2025. Las protestas sofocadas por la Guardia Revolucionaria se saldaron con más de 7.000 muertos, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos. La brutalidad amplió la distancia con una sociedad cada vez menos afín a la revolución islámica.
El lugar del difunto líder supremo sería ocupado por su segundo hijo, Mojtaba Khamenei, según The New York Times. Los ayatolás demoran la investidura para impedir que sea un objetivo de las operaciones Furia Épica y Rugido de León, de Estados Unidos e Israel, respetivamente. En la votación, realizada en forma telemática para no ofrecer nuevos blancos, Khamenei, de 56 años, se habría hecho valer frente a candidatos moderados como Alireza Arafi, líder del Consejo de Liderazgo Nacional, y Seyed Hassan Khomeini, nieto del histórico Ruhollah Khomeini.
Cual duelo de cabecera, la obsesión de Trump sería asfixiar el suministro de crudo a China
Khamenei cuenta con el respaldo de la Guardia Revolucionaria, cuerpo de elite que actúa como ejército, holding empresarial y policía política, y dispuso el cierre de facto del Estrecho de Ormuz. Por esa garganta de 33 kilómetros de ancho entre Irán y Omán pasa el 20% del petróleo mundial y una cuarta parte del gas natural licuado. De minarla, el golpe de precisión de Estados Unidos e Israel podría convertirse en un bumerán inflacionario para Occidente. Europa ya acusa el impacto por los ataques de Irán contra las instalaciones gasíferas de Qatar. Cual duelo de cabecera, la obsesión de Trump sería asfixiar el suministro de crudo a China, el principal cliente de Irán, la tercera reserva del mundo.
Los ataques de Irán contra Israel y las bases norteamericanas de Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Arabia Saudita dividieron las aguas entre con socios y traidores en la verba fácil de Trump. El conflicto en sí amenaza con triplicar los costos y los seguros de los fletes marítimos. Las navieras están desviando buques hacia el Cabo de Buena Esperanza. Eso añade semanas de viaje y toneladas de incertidumbre a las cadenas de suministro que alimentan desde la industria automotriz en Europa hasta el sector tecnológico en Asia. Como el Golfo Pérsico es el principal productor de fertilizantes nitrogenados, de cerrarse el estrecho, el precio de los alimentos sufriría un shock en África e India.
Trump se resiste a la idea de crear un nuevo Irak para Estados Unidos después del fiasco de George W. Bush en 2003. El mapa de Medio Oriente, de caer el régimen teocrático, tendría un nuevo equilibrio: Israel derrotaría a su peor enemigo; Arabia Saudita se impondría a su principal rival en el mundo musulmán, y Turquía recuperaría terreno en Siria. Todos son socios de Estados Unidos, pero mantienen disputas entre sí. La fórmula estrenada en Venezuela consiste en negociar el petróleo y, al mismo tiempo, preparar el tiro de gracia mientras las leyes norteamericanas se lo permitan.

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