Catalejo

Los enroques políticos

En su momento, la cúpula del poder ruso decidió enrocarse. Enrocarse no es enroscarse. ¿Qué significó en ese caso enrocarse? El congreso del partido gubernamental Rusia Unida aceptó la propuesta del presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, de permitir que él mismo encabezara la lista de candidatos parlamentarios para las elecciones de diciembre de 2010 y fuera el primer ministro, y que quien ocupaba el cargo, Vladimir Putin, su antecesor y mentor, fuera el candidato presidencial en marzo de 2012. Un acuerdo entre bambalinas, de modo de apuntalar a Putin. Un enroque en toda regla. En el ajedrez, el enroque es la única jugada en la cual se mueven dos piezas a la vez: consiste en llevar el rey dos escaques en dirección al rincón y hacer saltar la torre por encima del rey y situarla a su lado contrario. Putin, ocho años presidente antes de ser primer ministro y cederle por los siguientes cuatro años el poder nominal a Medvedev, aceptó el enroque con otra referencia ajedrecística: “Nadie nos puede tumbar del caballo”.  Esa es (leer más)

Cultura

Adivina quién viene a cenar

¿Cuáles son los platos favoritos de los presidentes de acá, de allá y, también, del más allá? Como escribió el filósofo español Javier Goma Lanzón, “lo único verdaderamente importante de la vida de los políticos es su vida privada”. Y si de intimidades se trata, las comidas favoritas revelan no sólo sus gustos, sino, también, sus temperamentos. En 2010, Barack Obama compartió hamburguesas con su entonces par de Rusia, Dmitri Medvedev, encantado de saltearse el protocolo en Ray’s Hell Burger, de Arlington, Virginia, cerca de Washington. Pudo ser una excepción si Obama no hubiera celebrado poco después su cumpleaños, el número 50, con ese exquisito manjar, rico en colesterol, en el restaurante de comidas rápidas Good Stuff, vecino del Capitolio. La pasión del presidente de los Estados Unidos por la comida chatarra o basura, abrazada con inocultable deleite por Bill Clinton con sus correspondientes raciones de papas fritas, contrasta con el empeño de Michelle Obama en corregir los pésimos hábitos alimentarios de los norteamericanos, traumatizados por el sobrepeso de las dos terceras partes de su (leer más)