Economía

Cuentos chinos

Que una compañía sea de ese origen no significa que sus ejecutivos respeten la teoría marxista de la plusvalía ni el ideario de Mao, sobre todo fuera de sus fronteras Cuando los guerrilleros maoístas de Sendero Luminoso supieron que una compañía china iba a explotar una mina de hierro en San Juan de Marcona, Perú, creyeron que tocaban el cielo con las manos. No era para menos: gente del venerado país de Mao, envuelta en la aureola de la Revolución Cultural instaurada en 1949, iba a darle una lección de comunismo puro y duro al vil capitalismo de Occidente. Los ejecutivos de la Corporación Shougang fueron recibidos con honores. Pronto supieron los trabajadores de la mina, fundada en los años cincuenta por capitales norteamericanos, que aquello era una ilusión. Y se rebelaron contra sus jefes, supuestamente maoístas. Supuestamente, digo bien. Las protestas comenzaron en la década del noventa, cuando nacía Sendero Luminoso. Aún continúan. Son por los magros salarios, la contaminación ambiental, el trato poco amable a la población y las trabas de la compañía (leer más)

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Economía

Mucho Estado, poco bienestar

La clase media global tiene la extraña sensación de pagar más impuestos a cambio de pocos o cada vez menos servicios. En Europa continental, la gente protesta en las calles por esa razón, más allá de que demande intervención estatal en la reactivación de la economía y la creación de empleo. En Gran Bretaña están irritados por los recortes del gasto público, lo cual significa que el Estado no administra bien sus ingresos. En América latina, la bonanza de los últimos años ha impreso mayor rigor con los contribuyentes. En los Estados Unidos, demócratas y republicanos hacen equilibrio al borde del llamado “abismo fiscal”. El Estado, atado a los humores de los mercados, no resuelve por sí solo la mayor encrucijada de estos tiempos: aquel que no tiene empleo corre el riesgo de sufrir depresión, ansiedad y sus derivados; aquel que lo tiene, pero se siente mal pagado, estresado, subestimado e inseguro, puede estar igual o peor que el otro, según un estudio de la Universidad de Melbourne, Australia, volcado en la revista Occupational and (leer más)

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Política

América latina, ausente con aviso

En 2008, el final de la era Bush despertaba ansiedad en todo el mundo por un cambio histórico. Lo fue. Cuatro años después, disipada la novedad, Barack Obama ha rebajado esa cuota de optimismo. Su rival en las presidenciales, Mitt Romney, surgido de apuro en las primarias republicanas, lejos estuvo de hacerse conocer en el exterior. La campaña exhibió aquello que muchos latinoamericanos quisieran tener en casa: respeto a las instituciones y a la división de poderes y, aunque la tentación sea grande, ninguna posibilidad de alterar las reglas para favorecer al presidente de turno. Vistas desde América latina, las elecciones de los Estados Unidos no trascendieron fronteras: quedaron en casa sin despertar demasiado entusiasmo ni expectativas. Pocos mandatarios, más allá de la cercanía con Obama y la lejanía con Romney, se animaron a expresar su simpatía hacia uno o el otro. No es un síntoma de apatía, sino de madurez. Las intromisiones en la política de otros países suelen tener más costos que beneficios, sobre todo por la supina ignorancia de algunos sobre el (leer más)