Cuentos chinos
Que una compañía sea de ese origen no significa que sus ejecutivos respeten la teoría marxista de la plusvalía ni el ideario de Mao, sobre todo fuera de sus fronteras Cuando los guerrilleros maoístas de Sendero Luminoso supieron que una compañía china iba a explotar una mina de hierro en San Juan de Marcona, Perú, creyeron que tocaban el cielo con las manos. No era para menos: gente del venerado país de Mao, envuelta en la aureola de la Revolución Cultural instaurada en 1949, iba a darle una lección de comunismo puro y duro al vil capitalismo de Occidente. Los ejecutivos de la Corporación Shougang fueron recibidos con honores. Pronto supieron los trabajadores de la mina, fundada en los años cincuenta por capitales norteamericanos, que aquello era una ilusión. Y se rebelaron contra sus jefes, supuestamente maoístas. Supuestamente, digo bien. Las protestas comenzaron en la década del noventa, cuando nacía Sendero Luminoso. Aún continúan. Son por los magros salarios, la contaminación ambiental, el trato poco amable a la población y las trabas de la compañía (leer más)
