
Por Matías Zibell | BBC
La consulta popular promovida por el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, culminó este domingo 4 de febrero con un amplio triunfo del «Sí» en todas las preguntas, lo que implica -entre otras cosas- que Rafael Correa no pueda volver a lanzarse a la presidencia del país.
Pero, con los resultados en mano, Ecuador ahora se pregunta si realmente está muerta la carrera política del hombre que gobernó esta nación por 10 años.
Además de evitar una posible candidatura del exmandatario en 2021 (la pregunta 2 planteaba que alguien que ya fue reelegido por una vez en el cargo no pueda volver a presentarse), el gobierno se aseguró la reestructuración del organismo que designa a las autoridades de control estatal, gracias al SÍ a la pregunta 3.
Esto, que fue definido durante la campaña por Correa como un «golpe de Estado», implica que funcionarios del anterior gobierno que permanecían en la administración actual en cargos clave puedan perder sus puestos, cambiando el balance de poder a favor del grupo morenista.
En un movimiento oficialista (Alianza PAIS) dividido, con funcionarios y legisladores que reparten sus fidelidades entre Moreno y Correa, el paso de los organismos de control -incluyendo contraloría general y procuraduría- a uno de los dos bandos puede implicar un golpe mortal para el otro.
Pero hay elementos para no descartar a Correa del juego político ecuatoriano, por lo menos a corto plazo.
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