El país de los presidentes descartables
La política peruana ha perfeccionado un mecanismo perverso: la demolición sistemática de la figura presidencial. La destitución de José Jerí por parte del Congreso no es un hecho aislado, sino un nuevo capítulo en una saga de inestabilidad que parece no tener fin. En Lima, el presidente no ejerce el poder. Sobrevive. Generalmente, por poco tiempo. Con la salida de Jerí, Perú enfrenta una estadística estremecedora: ocho presidentes en menos de una década. Aquello que debería ser una excepción constitucional se ha convertido en la herramienta predilecta de legisladores que, más preocupados por las cuotas de poder inmediato que por la viabilidad de una nación que observa entre la apatía y la furia cómo sus mandatarios desfilan por la puerta trasera del Palacio de Pizarro, actúan como un tribunal inquisidor. Explica el diario El Comercio, de Lima: “El Congreso de la República optó por la censura cuando múltiples constitucionalistas advirtieron que el mecanismo correcto era la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, conforme al artículo 113 de la Constitución. La censura es una figura de (leer más)
