Política

El manual del autócrata

En el manual del autócrata, Nicolás Maduro descubrió que debía irritarse frente a las limitaciones del orden constitucional y que, haciendo caso omiso de la oposición, debía saltearse compromisos, como las elecciones regionales y el referéndum revocatorio de 2016. La Asamblea Nacional, presidida ahora por el autoproclamado presidente encargado o interino, Juan Guaidó, quedó pedaleando en el aire. En 2017, el año de las guarimbas (protestas) y su largo centenar de muertos en ejecuciones extrajudiciales, iba a recibir otra bofetada: Maduro no consultó al pueblo para convocar a la Asamblea Nacional Constituyente. Un órgano afín, supuestamente encargado de reformar la Constitución Bolivariana, con el cual quiso anular a la Asamblea Nacional, dominada por la oposición desde 2015. En ese manual del autócrata, al cual contribuyeron últimamente líderes alfa como Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan, no por nada sostenes del régimen de Venezuela, Maduro también descubrió que la fachada de víctima de un gobierno poderoso, como el de Estados Unidos, sea su presidente Donald Trump o Barack Obama, le sienta mejor que cualquier otro adversario (leer más)

Catalejo

El billete de la suerte

Presidentes, primeros ministros y otros gobernantes son los únicos seres que, como reyes y mendigos, pueden ir por la vida con los bolsillos vacíos. O casi. Pocas veces pagan una cuenta. Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, quiso ser una excepción: mostró su cartera, primero, y después el contenido mientras hacía pública su declaración patrimonial. ¿Qué llevaba? Un billete de dos dólares “dobladito”, regalo de un “paisano” que vive en Estados Unidos y que considera un amuleto de la suerte, y otro de 200 pesos mexicanos, equivalente a 10 dólares. “No tengo tarjeta de crédito, no tengo cuenta de cheques desde hace muchos años”, rubricó López Obrador, apodado AMLO por sus iniciales. El billete de dos dólares, en circulación desde 1929, es el más antiguo de los de curso legal en Estados Unidos, pero resulta ser una rareza para los mismos norteamericanos. Sólo el uno por ciento de los dólares que se imprimen corresponde a esa denominación, con el presidente Thomas Jefferson en el anverso y con la reproducción de la obra La Declaración (leer más)

Política

Maduro contra el mundo

La crisis de Venezuela tenía fecha de vencimiento: el 10 de enero. Era el plazo que establecía la Constitución de 1999, la reformada por Hugo Chávez, para el final del mandato de su delfín, Nicolás Maduro. La nueva toma de posesión de Maduro, no reconocida por la Asamblea Nacional (Parlamento) ni por buena parte de la comunidad internacional por la falta de transparencia y de garantías en las elecciones del 20 de mayo de 2018, implica un salto al vacío. O, en realidad, una nueva huida hacia adelante, de modo de atenuar el impacto de las sanciones de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea contra varios jerarcas del régimen, más allá de los padecimientos del pueblo y de una diáspora en ascenso. No se trata de un capricho de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Japón, Australia, el Grupo de Lima o la Organización de los Estados Americanos (OEA). Ni, en palabras de Maduro, de una “guerra económica del imperialismo”. En un país con una hiperinflación trepidante, sin alimentos ni medicinas, con represión y (leer más)

Política

La calle manda en Venezuela

Después de la madre de todas las bombas, arrojada por los Estados Unidos en Afganistán, la oposición de Venezuela se proponía lanzar la madre de todas marchas. Era la premisa frente a los atropellos del gobierno de Nicolás Maduro, necesitado de enemigos para sostenerse. El resultado: dos civiles y un militar muertos que, parece, no suman en el inventario de un país desgarrado por la polarización y la violencia, desatada, también, un día después. Fueron, en total, 20 muertos en tres semanas. Apenas circunstancias, como las tres personas que perecieron durante la incomprensible tentativa de sacar de circulación en un día los billetes de 100 bolívares u otras tantas que cayeron en protestas masivas ante una represión implacable. La calle manda en Venezuela. Esta vez, después de haber denunciado infinitos planes desestabilizadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA), del imperialismo y de otros ismos, Maduro culpó al presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, de orquestar un “intento de golpe de Estado” con luz verde de Washington. Detuvieron a un comando armado. El (leer más)

Política

Venezuela contra Venezuela

Siete jueces designados por el gobierno sustituyeron a 167 diputados elegidos en los comicios de diciembre de 2015. Eso ocurrió en Venezuela, deudor de la elección de 23 gobernadores y de 335 alcaldes desde diciembre de 2016. Deudor, también, del referéndum revocatorio del mandato del presidente, Nicolás Maduro, tramitado por la Asamblea Nacional. El referéndum debía celebrarse antes del 10 de enero de 2017. Maduro, arropado en la sexta renovación desde el comienzo del año del decreto de excepción y emergencia económica, prefirió evitar una eventual rebelión de las masas. La rebelión estalló por la decisión del Tribunal Supremo de despojar de sus funciones a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora. Un golpe o autogolpe en toda regla. La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, marcó sus diferencias frente al avasallamiento del Poder Ejecutivo y “la ruptura del orden constitucional”. Ortega Díaz, en el cargo desde 2007, dejó entrever una grieta en las filas del oficialismo, algo extraño en los últimos 18 años de unicato chavista. La presión internacional también influyó para la (leer más)

Política

La doctrina Obama

En vísperas del viaje a Cuba y Argentina, el presidente de los Estados Unidos se muestra tan alejado del optimismo de Clinton en la globalización como del “destino manifiesto de la democracia” norteamericana que pregonaba Bush Por Jorge Elías El mundo es cada vez más pequeño, según Barack Obama. Frente a esa realidad, cree que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba ha atenuado la antipatía hacia los Estados Unidos que primaba en América latina cuando asumió la presidencia, en 2009. Entonces, según el asesor adjunto de seguridad nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, “Hugo Chávez, Evo Morales y las fuerzas antinorteamericanas tenían mucho peso, en parte porque los Estados Unidos desempeñaban el papel que ellos querían. Al apartarnos de esa disputa ideológica, logramos aislar la lógica en la que se basaban esos líderes antinorteamericanos”. Durante una entrevista con el Grupo de Comunicación de Política Exterior del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), también conocido como CARI KOL, el embajador norteamericano en Buenos Aires, Noah Mamet, calificó al nuevo presidente argentino, Mauricio (leer más)

Política

Te digo que no

La mayoría de los bolivianos ha rechazado la pretensión de su presidente, Evo Morales, de ser candidato por cuarta vez consecutiva   Por primera vez en diez años el presidente de Bolivia, Evo Morales, tiene mandato a plazo fijo: su gobierno concluirá en enero de 2020. De haberse impuesto el sí en el referéndum para la reforma constitucional que iba a permitirle postularse para un cuarto período consecutivo, Morales podría haber gobernado hasta 2025. ¿Qué lleva a un presidente a intentar perpetuarse en el poder? “Cuando un político piensa que es imprescindible, nace un dictadorzinho”, se excusó en su momento de impulsar una reforma con ese fin el ex presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, bendecido por la popularidad en el final de su gestión. Del mismo modo concluyeron sus mandatos otros presidentes latinoamericanos, como Michelle Bachelet, de Chile, y Tabaré Vázquez, de Uruguay, reincidentes tras el período de espera que establecen sus respectivas constituciones. El afán de la reelección indefinida, reverso de ambos, no responde a una ideología en particular. En 1994, el (leer más)

Economía

La guerra del petróleo

El desplome del precio del crudo altera los equilibrios geopolíticos globales, regionales y locales y, por si fuera poco, se cobra cerca de 100.000 puestos de trabajo MADRID.– La mancha se expande. No sólo por el desplome del precio del petróleo, del orden del 60 por ciento en un año, sino, también, por sus consecuencias. La redistribución de los beneficios entre los países productores e importadores supone una fenomenal volatilidad geopolítica por la cual pierden los vendedores, con presupuestos atados a mayores ingresos, y ganan los compradores, bendecidos por la depreciación. Eso no es todo. Las grandes compañías del sector han recortado en un año cerca de 100.000 puestos de trabajo en todo el mundo, sobre todo en las áreas de exploración, servicios y administración. Se trata de un traslado de poder de los países productores a los consumidores, acaso una crisis de magnitud como la de 1973. En aquella ocasión, la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo, integrada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Egipto, Siria y Túnez, así como (leer más)

Política

Berlín, paredón y después

A un cuarto de siglo de la caída del Muro de la Vergüenza, prólogo del final de la Guerra Fría y de la desintegración de la Unión Soviética, el mundo ha avanzado a velocidades dispares Según Ralf Dahrendorf, “no puede sorprender si muchos llegan a la conclusión de que la democracia significa precios altos, desempleo elevado, bajos ingresos para la mayoría y ganancias especulativas para unos pocos. ¿Para qué ir a votar si éste es el resultado? De hecho, ¿para qué aceptar la democracia?”. Aprensivo en sus juicios, el eminente filósofo, filólogo y sociólogo alemán, nacionalizado británico, no pintó un fresco de algunos países de América latina, a veces enajenados por la polarización, sino uno de Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, y de la ulterior desintegración de la Unión Soviética. Otro 9 de noviembre, el de 1938, representa la otra cara de la moneda en Alemania. Ese día, miles de militantes nazis desataban una ola de violencia sin precedente tanto en su país (leer más)

El Interin de Jorge Elías
Política

Cien años de soledad

¿Cómo repercutiría dentro de un tiempo la tendencia de una región marcada por líderes enfrentados e intereses encontrados? Era el 28 de julio de 2014, cumplía 60 años de edad y, frente a una multitud de boinas rojas en la Plaza Caracas, Hugo Chávez presenciaba una procesión fúnebre. Sonriente, con la piel tirante por la cirugía estética que había recibido como regalo de cumpleaños, sentía una íntima alegría mientras contemplaba el paso gracioso del sepulturero y, con fingido respeto, se apiadaba del llanto de las viudas al son de La Marcha Bolivariana. La interpretaba, en el fastuoso escenario protegido con vidrios blindados y coronado con una torre petrolera en cuya cúspide flameaban las banderas de Venezuela y de la Unión Latinoamericana (UL), el grupo folklórico Los Cañoneros.

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Política

EE.UU. y Venezuela, siempre al límite

En la campaña, Nicolás Maduro no se apartó un ápice del discurso de su mentor contra los Estados Unidos. Era natural, en términos políticos, que el presidente encargado respondiera de ese modo a las expectativas de la clientela electoral que heredó. La cuerda bilateral, siempre tirante, se tensó aún más cinco días antes del anuncio de la muerte de Hugo Chávez: el 5 de marzo, Venezuela expulsó a dos miembros de la agregaduría aérea de la embajada norteamericana por “proponer proyectos desestabilizadores” a los militares venezolanos. En reciprocidad, el gobierno de Barack Obama despachó de Washington a dos diplomáticos venezolanos. La retórica incendiaria del chavismo nunca afectó su mayor fuente de ingresos: la venta de petróleo a los Estados Unidos, pagada en dólares a precio de mercado. Si bien hubo un ligero descenso en las importaciones en 2012, Venezuela es su tercer proveedor, después de Canadá y Arabia Saudita, con 32 millones de barriles mensuales. Más de un millón por día, digamos. La relación diplomática, reducida a encargados de negocios en 2010, reparada tímidamente el (leer más)

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Política

Chavismo, segunda parte

Una victoria electoral no siempre es una victoria política. Para las elecciones del domingo en Venezuela, las primeras sin Hugo Chávez desde 1998, una avalancha de sondeos predice la victoria del presidente encargado, Nicolás Maduro. Serán las terceras elecciones en apenas seis meses. Tanto las presidenciales del 7 de octubre como las regionales del 16 de diciembre de 2012 se saldaron con sendas victorias del chavismo. Esta vez, el chavismo sin Chávez se mide a sí mismo, más que a la oposición. La oposición, a su vez, insiste en apuntalar a su candidato, Henrique Capriles, ganador en el Estado de Miranda tras ser derrotado en las presidenciales. En Venezuela, como en la Cuba de Fidel Castro, no hubo ni hay día desde hace 14 años en que Chávez, aunque haya fallecido, no fije la agenda. Esa rutina no ha instaurado una revolución, con un cambio de régimen, sino una enorme concentración del poder y una polarización latente en la sociedad. El súbito deceso pone a prueba al delfín de Chávez, Maduro. De ser elegido, ¿tendrá (leer más)

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Política

El chavismo sin Chávez

La multitud que asiste al funeral de Hugo Chávez llora de verdad. Fue la primera vez que un presidente de Venezuela atendió los reclamos de la mayoría, gente sin voz ni voto. Los beneficiarios de las misiones bolivarianas (programas sociales) no sólo recibieron atenciones, sino, también, respeto. Mejoraron sus vidas. Se sienten parte de un país que antes parecía pertenecer a unos pocos. Contra eso no hay promesa electoral que valga, más allá de que se hayan debilitado las instituciones y descalabrado la economía por la impronta personal de las decisiones adoptadas por el gobierno en los últimos 14 años. No es el único problema tras la muerte de Chávez. Muchos dirán que, con los precios del petróleo en alza, hizo menos de lo que pudo para resolver problemas acuciantes, como la inflación, la escasez de productos y la inseguridad. Otros replicarán que, en realidad, hizo más por el pueblo que sus antecesores, también bendecidos por la bonanza. Ambos tendrán razón. O, de no atenuarse los rencores en un país dividido entre leales y traidores, (leer más)

Política

Chávez en la intimidad

Era de los pocos presidentes con billetera. Una de cuero negro, regalo de su segunda esposa, Marisabel. En la billetera, me enseñó, llevaba dinero, el documento de identidad y el carné de teniente coronel. También llevaba las fotos de sus hijos: Rosa Virginia, María Gabriela y Hugo Rafael, los tres que había tenido con su primera esposa, Nancy Colmenares, y Rosinés (derivado de Rosa Inés, el nombre de su abuela paterna), la única que había tenido con Marisabel. “A veces me detengo a tomarme algo, no les gusta cobrarme y sufro”, me dijo. Cuando salía, tomaba un pan dulce con un refresco o una taza de café. En aquella primera entrevista en el despacho principal del Palacio de Miraflores (sede del gobierno de Venezuela), en 1999, Hugo Chávez me dejó de piedra cuando le pregunté, como a otros presidentes, qué llevaba en los bolsillos. No sólo me mostró la billetera, coronada con la foto de Marisabel, rubia de ojos claros, rostro Revlon y porte Barbie de la cual iba a divorciarse en malos términos en (leer más)

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Política

Después de Chávez

En enero de 1999, el presidente de la Argentina, Carlos Menem, medió ante su entonces par de los Estados Unidos, Bill Clinton, para blanquear la imagen de Hugo Chávez, “un joven emprendedor” que merecía una oportunidad a pesar de su pasado golpista. Era rara la gestión, tratándose de uno de los campeones del neoliberalismo y de un acérrimo rival de Fidel Castro. Tres años y monedas después, en 2002, Chávez radicalizó su discurso tras el conato de golpe de Estado por el cual quedó fuera de juego durante 47 horas. Acusó a George W. Bush, sinónimo del imperialismo “pitiyanqui”. En 2006, la revolución bolivariana derrapó en el socialismo del siglo XXI. En Venezuela, como en la Cuba de Fidel Castro, no hubo ni hay día desde hace 14 años en que Chávez no fije la agenda y revele por dónde van los tiros. Esa rutina no ha instaurado una revolución, con un cambio de régimen, sino una excesiva concentración del poder y una polarización latente ante la ausencia de partidos de oposición sensatos. ¿Sobrevivirá el (leer más)