El país de los presidentes descartables

Con la destitución de Jerí, Perú ha tenido siete presidentes en una década, de los cuales solo dos fueron elegidos por el voto popular




Que pase el que sigue
Getting your Trinity Audio player ready...

La política peruana ha perfeccionado un mecanismo perverso: la demolición sistemática de la figura presidencial. La destitución de José Jerí por parte del Congreso no es un hecho aislado, sino un nuevo capítulo en una saga de inestabilidad que parece no tener fin. En Lima, el presidente no ejerce el poder. Sobrevive. Generalmente, por poco tiempo.

Con la salida de Jerí, Perú enfrenta una estadística estremecedora: ocho presidentes en menos de una década. Aquello que debería ser una excepción constitucional se ha convertido en la herramienta predilecta de legisladores que, más preocupados por las cuotas de poder inmediato que por la viabilidad de una nación que observa entre la apatía y la furia cómo sus mandatarios desfilan por la puerta trasera del Palacio de Pizarro, actúan como un tribunal inquisidor.

Explica el diario El Comercio, de Lima: “El Congreso de la República optó por la censura cuando múltiples constitucionalistas advirtieron que el mecanismo correcto era la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, conforme al artículo 113 de la Constitución. La censura es una figura de control político diseñada para ministros o autoridades del Parlamento, no para un jefe de Estado en ejercicio”.

La inseguridad, la falta de inversión y la erosión institucional son el costo real de esta rotación incesante

Síntoma de la fragilidad democrática, el Congreso ha tomado el control del destino del país sin un plan de vuelo. El despido de Jerí responde a esa dinámica de canibalismo político en la cual las alianzas se sellan con arena. El sistema de partidos ha implosionado. Quedaron en su lugar facciones que ven en la presidencia un botín temporal o un obstáculo por remover.

Sutilezas al margen, mientras en los pasillos del Congreso se debaten mociones y votos de censura, la gestión pública está paralizada y el país sigue fracturado. La inseguridad, la falta de inversión y la erosión institucional son el costo real de esta rotación incesante. Jerí llevaba cuatro meses en el cargo. Le faltaban cinco para completar el mandato. Antes de asumir la presidencia había afrontado cuestionamientos por el incremento de su patrimonio personal en más de 1.000% en sus tres años como legislador. También se archivó una denuncia por presunta violación sexual contra una mujer en 2024.

La fiscalía le abrió ahora una investigación por presunta corrupción. Mantuvo citas no oficiales con un par de empresarios chinos. Uno, contratista estatal; el otro, vinculado con un grupo aparentemente involucrado en el tráfico ilegal de madera desde 2020. Los cargos: patrocinio ilegal de intereses particulares y tráfico de influencias en agravio del Estado. Era indagado, a su vez, por otro caso de tráfico de influencias agravado después de reuniones en la casa de gobierno con nueve mujeres que fueron contratadas en la administración pública.

La caída de Jerí, sucesor de Dina Boluarte, también derrocada, confirma que la banda presidencial pesa menos que una hoja en el viento

A diferencia de los juicios políticos de Collor de Mello y Dilma Rousseff en Brasil, procesos traumáticos espaciados por décadas, los de Perú son exprés. En la región también prevalece la judicialización de la política, como ocurrió con el caso Lava Jato. Los coletazos de ese proceso, centrado en los sobornos de la constructora Odebrecht, han decapitado a casi toda una generación de expresidentes peruanos: Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo.  

Esa suerte de limpieza no ha traído una política más ética, sino un vacío de liderazgo que el Congreso llena con figuras interinas de escaso peso propio, como el ahora depuesto Jerí. En Perú, la incapacidad moral se ha convertido en un trámite administrativo. Cara y ceca con el parlamentarismo de facto de ese país, México y El Salvador avanzan hacia el hiperpresidencialismo con mandatarios que dominan los otros poderes.

La caída de Jerí, sucesor de Dina Bolurarte, también derrocada, confirma que la banda presidencial pesa menos que una hoja en el viento. Se trata del síntoma más agudo de una enfermedad que campea en América Latina: la erosión de la gobernabilidad. Perú cambia el rostro del poder, pero mantiene intacta la estructura que genera el conflicto. Una forma de sustituir la alternancia democrática por la eliminación política.

Jorge Elías



Acerca de Jorge Elias 1883 Articles
Soy periodista, escritor y presentador de radio y televisión con una carrera galardonada en asuntos internacionales y análisis político y económico. He trabajado en medios líderes de Argentina, Iberoamérica, Estados Unidos y España, incluyendo el Grupo Prisa, Fox News Latino, Worldnet Television, Radio Continental, el diario La Nación y la Televisión Pública Argentina, en los que he liderado equipos periodísticos. Soy experto en la creación de contenido multiplataforma (radio, televisión, prensa y digital). Dirijo el medio digital El Ínterin y soy analista en organizaciones defensoras de la libertad de prensa y los derechos humanos. Mi trayectoria me ha otorgado la habilidad para adaptarme y liderar la innovación en un sector en constante cambio, e incluyo haber sido corresponsal en Estados Unidos, México y Canadá, y enviado especial a zonas de conflicto y elecciones de varios países en los cuales he mantenido entrevistas con más de 50 presidentes y primeros ministros.

Be the first to comment

Enlaces y comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.