El duelo de cabecera

Trump ve en la cautela de Xi una oportunidad para la asfixia mientras Xi ve en la imprevisibilidad de Trump su gran debilidad




Trump y Xi echan mano de la nostalgia como fuente de certidumbre | Official White House Photo
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La pelea de fondo de Donald Trump no es con Irán ni con Venezuela ni con Ucrania ni con Rusia ni con Cuba ni con Groenlandia ni con la Unión Europea ni con ningún otro confín que no sea China. Ese duelo de cabecera, la gran excusa del desmadre mundial ocasionado desde el 20 de enero de 2025, obliga a Xi Jinping a desempolvar viejos manuales de gestión de crisis. Algo que ocurrió durante el primer mandato de Trump y continuó durante la presidencia de Joe Biden. ¿Se trata de una disputa por aranceles y chips o de un choque entre naciones por la primacía mundial?

Trump y Xi tienen algo en común: rinden culto a la personalidad mientras apelan al pragmatismo como juez implacable. En ese solaz de sombras, sin blancos ni negros, la imprevisibilidad de uno se codea con la rigidez del otro. Uno, Trump, no viene a restaurar el sistema, sino a imponer su propio código de barras. El otro, Xi, apela a la lógica del Partido Comunista Chino: a diferencia de los periodos presidenciales de cuatro años, una dictadura siempre juega a largo plazo. En los papeles, la mística del pasado justifica la expansión futura. Ambos echan mano de la nostalgia como fuente de certidumbre.

Uno, Trump, con la historia como vía para avanzar en línea recta hacia tiempos pretéritos. Para el otro, Xi, yendo en círculos, el presente solo cobra sentido si logra vengarse de las humillaciones de esos tiempos. La trampa de la añoranza se basa en el nacionalismo como refugio para recuperar la grandeza industrial del siglo XX, en un caso, o la hegemonía dinástica de milenios, en el otro. Las instituciones multilaterales siguen desde la tribuna popular la pelea entre un elefante y un dragón. El césped termina siendo el más dañado

Ambos, Trump y Xi, apelan a una lógica de restauración con la política exterior como prolongación de la política doméstica

Mientras el mundo incorpora a trancas y barrancas la inteligencia artificial, Trump y Xi aplican recetas de la Guerra Fría. Uno, en su afán de devolver a Estados Unidos una arcadia industrial devorada por la globalización. El otro, con su ambición de consolidar la hegemonía regional de su país desde Taiwán hasta el mar de China Meridional. En las antípodas, algo parecido a la Doctrina Donroe en el continente americano, donde el litio de los Andes y la soja de las pampas no son solo mercancías, sino activos estratégicos.

El presente se ha convertido en el escenario en el que se dirimen cuentas pendientes del pasado. Cuando los imperios se miran al espejo y solo ven sus glorias pasadas suelen perder de vista los abismos del presente. Frente a esos abismos, The Brookings Institution sugiere tres desenlaces del duelo de cabecera:

* Una estabilidad transaccional, música conocida en Mar-a-Lago. El déficit comercial es el único termómetro de la salud de Estados Unidos. Un escenario propicio para Xi sería el intercambio de soja por semiconductores, de modo de alcanzar una tregua geopolítica para tomar carrera y seguir sus planes. Trump abrió el paraguas: firmó un acuerdo histórico sobre semiconductores y chips de alta tecnología con Taiwán, apodado El escudo de silicio, a cambio de proteger a la isla de régimen democrático de una invasión o bloqueo de China, que la reclama como propia.

*Una contención acelerada. En ese caso, China pasaría a ser una amenaza existencial para Estados Unidos y, como un animal enjaulado, reaccionaría a zarpazos en su vecindario.

*La deriva hacia el conflicto, ensayada una y otra vez por el Pentágono, podría ser desencadenada por una chispa en el Estrecho de Formosa, punto estratégico entre la isla de Taiwán y China continental, o un error de cálculo en Filipinas, acusada por el régimen de Xi de organizar patrullas conjuntas con Estados Unidos en aguas disputadas del mar de China Meridional.

    Se trata, en definitiva, de un aprieto del siglo XXI impulsado por tecnología del mañana como la inteligencia artificial, los semiconductores, los chips y el espacio, pero gestionado por mentalidades del siglo XX o, peor aún, de las guerras imperiales. Ambos, Trump y Xi, apelan a una lógica de restauración con la política exterior como prolongación de la política doméstica. No negocian cuotas de mercado, sino la supervivencia de métodos de control social y avance territorial. Distintos entre sí, pero similares en sus fines.

    Jorge Elías



    Acerca de Jorge Elias 1879 Articles
    Soy periodista, escritor y presentador de radio y televisión con una carrera galardonada en asuntos internacionales y análisis político y económico. He trabajado en medios líderes de Argentina, Iberoamérica, Estados Unidos y España, incluyendo el Grupo Prisa, Fox News Latino, Worldnet Television, Radio Continental, el diario La Nación y la Televisión Pública Argentina, en los que he liderado equipos periodísticos. Soy experto en la creación de contenido multiplataforma (radio, televisión, prensa y digital). Dirijo el medio digital El Ínterin y soy analista en organizaciones defensoras de la libertad de prensa y los derechos humanos. Mi trayectoria me ha otorgado la habilidad para adaptarme y liderar la innovación en un sector en constante cambio, e incluyo haber sido corresponsal en Estados Unidos, México y Canadá, y enviado especial a zonas de conflicto y elecciones de varios países, lo que me da una perspectiva versátil y global.

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