Sociedad

Las nuevas guerras de secesión

Un fantasma recorre la espina dorsal del planeta cuando los Estados Unidos y Rusia se enzarzan por países en conflicto, como Ucrania y Siria. Es el fantasma de la Guerra Fría, muerta y sepultada tras el final de la Unión Soviética. En esta remozada versión, Washington y Moscú no intercambian golpes en forma directa como Rocky Balboa e Iván Drago sobre el ring. De hacerlo, no quedaría piedra sobre piedra. Riñen a través de terceros en discordia. Entablan una proxy war (guerra por delegación) cuya pelea de fondo dirimen, en apariencia, países que quieren pueblos prósperos y países que quieren Estados poderosos.

Política

La ruleta rusa

¿Qué ha llevado a Putin a violar el derecho internacional con el envío de tropas a la estratégica península de Crimea tras la caída del presidente de Ucrania? En siglo XIX, el zar Alejandro II entrevió el siglo XXI: “Rusia tiene dos aliados verdaderos: su armada y su ejército”. Los sigue teniendo. La toma de la estratégica península de Crimea, ordenada por Vladimir Putin en represalia por la caída del presidente ucraniano Víktor Yanukóvich, recreó la imagen del imperio pretérito que no admite haber quedado resquebrajado tras el colapso de la Unión Soviética. No se trata de una renovada guerra fría, en la cual las dos superpotencias se amenazaban mutuamente con el arsenal nuclear del planeta repartido en partes iguales, sino de una suerte de reivindicación de aquello que Rusia cree propio y ya no lo es. En ruso, Ucrania significa tierra de frontera; en ucraniano, patria. Esa patria, enclavada en tierra de frontera, alcanzó la independencia en 1991, pero alberga las pasiones encontradas de un país dividido que convirtieron a la plaza Maidán, bautizada (leer más)