El otoño de la Primavera Árabe
La represalia de Israel contra Hamas, así como el traspié de los Hermanos Musulmanes en Egipto y la aparición del islamismo radical en Irak y Siria, hace trizar la ilusión de una democracia estable en la región En los albores de 2011, un humilde muchacho tunecino, vendedor de frutas y verduras, le perdió el miedo a la autoridad. Lo pagó con su vida tras rociarse con gasolina e incinerarse en un rapto de ira. La policía le había exigido la baksheesh (propina, traducida en coima). Eso despertó el desdén popular contra la dictadura de Zine al Abidine Ben Alí y, cual gota que desborda el vaso, su estrepitosa caída. Era el comienzo de la Primavera Árabe, diseminada en otros países. En algunos, como Egipto y Libia, propició al igual que en Túnez un cambio de régimen. En Siria desencadenó una guerra civil de desenlace aún incierto. En el ideario occidental, aquellas protestas laicas y políticas, no religiosas, apuntaban al establecimiento de democracias más o menos firmes, con alternancia en el poder e instituciones capaces de (leer más)
