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Política

El Cóndor pasa

Vaya coincidencia: el gobierno norteamericano destapa la lata de gusanos (definición de un agente de la CIA sobre los papeles que confirman los lazos entre Washington y Santiago antes, durante y después del brutal golpe de Estado de 1973) a pocas horas de que el presidente de Chile, Eduardo Frei, arranca una tibia promesa de sensibilidad de su par español, José María Aznar, con tal de que Pinochet pueda volver a casa. Frei, con mandato a plazo fijo hasta fin de año, aduce razones humanitarias (un neologismo para la colección de fin de siglo, como limpieza étnica y daños colaterales) en su afán de obtener piedad para el senador vitalicio que ha caído en desgracia, pero Aznar toma prudente distancia del asunto: el juez Baltasar Garzón, no su gobierno, giró el pedido de extradición por crímenes contra ciudadanos españoles en los años de plomo. Y la justicia, mi amigo, es independiente. Es una respuesta de circunstancia. ¿Quién podría negarle compasión a un hombre de 83 años con diabetes, depresión y problemas cardiorrespiratorios, por más que (leer más)

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Política

El día después

BELGRADO.– En medio del océano, el primer ministro ruso, Yevgueny Primakov, ordenó al piloto que regresara a Moscú. Era el 22 de marzo, dos días antes del comienzo de la cruzada aérea de la alianza atlántica (OTAN) contra el régimen de Slobodan Milosevic. El vicepresidente norteamericano, Al Gore, le había anunciado por teléfono que atacarían Yugoslavia, cerrando toda posibilidad de negociación. A Boris Yeltsin, el jefe de Primakov, nadie le había consultado. Era una novedad y una ofensa a la vez, reducida Rusia a un papel de país de segundo orden, después de haber sido el líder de una porción del mundo, en un escenario en el que tanto los Estados Unidos como sus socios de la OTAN necesitarían en algún momento de la única voz que podía tener eco en Belgrado. De ahí que Yeltsin haya conjurado su malestar con la advertencia sobre el peligro inminente de una tercera guerra mundial y que haya invocado razones económicas, no políticas, para destituir semanas después a Primakov, demasiado popular para su gusto. La vuelta a Moscú (leer más)

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Sociedad

De la otra mejilla ni hablamos

Hace dos milenios, un hombre capaz de poner la otra mejilla por amor al prójimo moría en la cruz. Hace dos siglos, unos hombres fundaban el respeto a los derechos de sus semejantes sobre pilares tan sólidos como la libertad, la igualdad y la fraternidad. Hace dos décadas, el hombre aún no había aprendido a poner la otra mejilla ni a respetar los derechos de sus semejantes. Hace apenas dos días, tampoco. El déficit, tan humano como la contradicción, es algo así como una cruz: provocó desde la cacería étnica que tratan de frenar ahora las fuerzas de la OTAN en Yugoslavia hasta el brutal asesinato a balazos del vicepresidente del Paraguay, Luis María Argaña, y los fantasmas que supo resucitar allende los Andes la detención de Augusto Pinochet en Londres por instancias de la justicia española. En todos los casos, aunque Kosovo, Asunción y Santiago sean vértices lejanos de un triángulo escaleno sin ángulos sanos, la coincidencia es, precisamente, la falta de respeto a los derechos de los otros, comenzando por la vida, y (leer más)