Política

Campaña en cuarentena

En tiempos raros, una decisión sensata. La de Bernie Sanders de renunciar a la carrera presidencial del Partido Demócrata tras la seguidilla de victorias de Joe Biden. Era previsible en una campaña en pausa, con 15 primarias pospuestas y la convención partidaria en suspenso, por otro conteo. El de la pandemia de coronavirus. Lo tomó a la ligera al comienzo Donald Trump, empeñado en llamarlo “virus chino” o “virus de Wuhan”, hasta que Estados Unidos se convirtió en el epicentro mundial de la enfermedad y, habituado a la guerra comercial con China, se plantó contra ese país y contra la Organización Mundial de la Salud (OMS). Con la campaña y las vidas en pausa, las elecciones parecen remotas. Algo así como un trámite en el cual, a pesar de haber soslayado desde enero los avisos catastróficos de los suyos sobre el COVID-19, Trump sigue ensimismado en sus asuntos y, desaparecidos en acción, Biden y Sanders dirimían desde sus confinamientos si uno, de 77 años, se consagraba como candidato y el otro, de 78, deponía su (leer más)

Economía

China muestra músculo

En el día a día de la guerra tecnológica y comercial entre Estados Unidos y China, todo parece fríamente calculado. Quizá Donald Trump no quiso admitir que Xi Jinping tenía un par de ases en la manga: la suspensión de la compra de productos agrícolas norteamericanos y la devaluación al mínimo en 11 años de su moneda, el yuan, cual contrapeso frente a la imposición de nuevos aranceles a sus productos. O quizá prefirió que ocurriera para denunciar la manipulación de divisas que desató una tormenta en el mercado financiero global y avanzar otro casillero en el tablero de la confrontación. El juego que mejor juega y que más le gusta. Trump hizo saltar por los aires la tregua alcanzada en la cumbre del G20 de Osaka, Japón. Estados Unidos había acusado a China de devaluar en forma artificial el yuan, pero no había formalizado la denuncia. Por primera vez en un cuarto de siglo, Estados Unidos recurrió al Fondo Monetario Internacional. La debilidad del yuan encareció los productos norteamericanos en el mercado chino. ¿Era (leer más)

Política

La diplomacia del panda

Tras la asunción de Donald Trump, Washington se despidió de uno de sus residentes más queridos. Bao Bao, la osa panda que moraba en el zoológico, debió ser trasladada a China como parte de un acuerdo entre la Asociación China de Conservación de Vida Salvaje y el Smithsonian’s National Zoo. El adiós coincidió con los primeros roces entre Estados Unidos y China. Lejos quedaba la visita de Richard Nixon a Pekín en 1972 para restablecer la relación bilateral y la cena con el primer ministro, Zhou Enlai, durante la cual la primera dama norteamericana, Pat Nixon, reveló su “amor” por los pandas. Los abuelos de Bao Bao partieron de inmediato hacia Washington. No se trató de un regalo casual, sino de una estrategia mediante la cual China busca promover sus intereses en el mundo desde la dinastía Tang. En esos tiempos, entre los años 618 y 907, el nieto del emperador Taizong le regaló dos pandas a Japón como gesto de buena voluntad. Antes de la revolución de Mao Tse-tung en 1949, la esposa del (leer más)