Soy periodista, escritor y presentador de radio y televisión con una carrera galardonada en asuntos internacionales y análisis político y económico. He trabajado en medios líderes de Argentina, Iberoamérica, Estados Unidos y España, incluyendo el Grupo Prisa, Fox News Latino, Worldnet Television, Radio Continental, el diario La Nación, la Televisión Pública Argentina y el Canal de la Ciudad, en los que he liderado equipos periodísticos. Dirijo el medio digital El Ínterin y soy analista en organizaciones defensoras de la libertad de prensa y los derechos humanos. Fui corresponsal en Estados Unidos, México y Canadá, y enviado especial a zonas de conflicto y elecciones de varios países en los cuales he mantenido entrevistas con más de 50 presidentes y primeros ministros.
Era inevitable una crisis. La de dos presidentes de Perú respaldados por dos poderes diferentes del Estado, como ocurrió hace 27 años tras el autogolpe perpetrado por Alberto Fujimori. Esta vez, el presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso y convocó elecciones anticipadas para el 26 de enero de 2020. El Congreso, dominado por el fujimorismo, declaró la suspensión de funciones de Vizcarra, cuyo mandato vence en 2021, y designó en su lugar a la vicepresidenta Mercedes Aráoz. La decisión tomada por Vizcarra de disolver el Congreso unicameral y convocar a nuevas elecciones parlamentarias en un lapso no mayor a los cuatro meses está contemplada en la Constitución de 1993, aprobada en un referéndum durante el gobierno de Fujimori, explica el periodista Pablo Biffi. La precipitada elección de miembros del Tribunal Constitucional por parte de la oposición apresuró el cierre del Congreso La efímera presidencia de Aráoz, que renunció en menos de 24 horas, cerró un ciclo de dos años de enfrentamientos entre ambos poderes. Vizcarra heredó el gobierno de su antecesor, Pedro Pablo Kuczynski, preso (leer más)
De Los Infiernos (España) a Fin (Irán), Que Dios les guarde (España) en una recorrida por los pueblos y las ciudades con los nombres más exóticos del mundo Por Jorge Elías En España, uno puede saciar el apetito en pueblos toledanos como Cebolla, Pepino y Membrillo, complementados con el cantábrico Ajo, de fuerte y persistente aliento, y el aragonés Pancrudo. Si tropieza en el vicio con Coca (Segovia), irá primero a La Matanza (Alicante, al igual que en Argentina) y después a Los Infiernos (Murcia). Siempre es mejor recibir Cariño (A Coruña). Para juerga, Parderrubias (Pontevedra), pero no hay que ser Tocón (Granada). Nihuella (Zaragoza), ¿estamos? Nadie se jacta de ser de Villapene (Lugo) ni de Pitorreal, en México, por temor, en Asturias, a vérselas con La Degollada y caer en El Pozo de las Mujeres Muertas, algunas de ellas Viudas (pueblo de Chile). Peor es nada (Chile, también). No es lo mismo ir en Bermudas (Antillas) y Patas (Uzbekistán y Rumania) que ostentar el deshonroso gentilicio de hijo de Puta por haber nacido en (leer más)
Las elecciones de Estados Unidos han sido un referéndum sobre la presidencia de Donald Trump, como suele ocurrir a mitad de mandato. El mismo Trump quiso que fueran eso: un parteaguas entre republicanos y demócratas en un país polarizado como pocas veces. “Si los demócratas se vuelven obstruccionistas de Trump, pierden la presidencia en 2020”, dice Juan Gabriel Tokatlian, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella En estas elecciones se han consolidado aún más las diferencias políticas. El resultado ha sido favorable para Trump, más allá de que los republicanos perdieran el control de la Cámara de Representantes. La mayoría de número en el Senado le garantiza a Trump un seguro de vida contra un virtual impeachment y, a su vez, convierte al partido en rehén de la Casa Blanca, algo que hasta ahora no había ocurrido. Al día siguiente de las elecciones, Trump tumbó al secretario de Justicia y fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, como consecuencia de la larga batalla que han mantenido por su papel en la investigación (leer más)
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