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Sus dos predecesores más recientes, Benedicto XVI y Juan Pablo II, viajaron a Estados Unidos antes de ascender al papado
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Sus dos predecesores más recientes, Benedicto XVI y Juan Pablo II, viajaron a Estados Unidos antes de ascender al papado
TEL AVIV – Cuando el general Benny Gantz, supo que Donald Trump iba a trasladar la embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén no se sorprendió. “No necesito que el presidente de Estados Unidos me diga cuál es la capital de Israel”, dice Gantz, jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas de Defensa de Israel entre 2011 y 2015. La iniciativa, sólo imitada por Guatemala, dio aire al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, golpeado por cargos de corrupción. También levantó ampollas entre los palestinos. Casi veinte muertos y un tendal de heridos por fuego israelí dejó el último viernes de marzo la Gran Marcha del Retorno, iniciada en la Franja de Gaza. Fue el primer día del mes y medio de protestas. La cuenta regresiva hacia la fecha del traslado de la embajada de Estados Unidos al actual consulado en el barrio de Arnona, de Jerusalén. El 14 de mayo coincide con el 70ª aniversario de la fundación de Israel y con la víspera del Nakba, nombre que significa catástrofe y que (leer más)
Por el asesinato en 1778 del ranchero John Tunstall, su amigo y padre adoptivo, Billy the Kid liquidó a entre nueve y 21 personas. Una de ellas fue el sheriff William Brady y su ayudante, asesinos de Tunstall y miembros de una banda dedicada al contrabando y el abigeato que tenía licencia para matar. Les asestó una emboscada en la polvorienta calle mayor del condado de Lincoln y huyó a Texas. El nuevo gobernador de Nuevo México, Lew Wallace, futuro autor de Ben Hur, arribó a esa tierra hostil con el deseo de proclamar una amnistía para cualquier hombre que hubiera tomado parte en la llamada Guerra de Lincoln. Le puso como condición a Billy the Kid que regresara a Nuevo México y testificara en un juicio por otros asesinatos. Era una trampa. Lo hizo arrestar. Billy the Kid, cuyo nombre real era William Henry McCarthy, se escapó nuevamente. Halló refugio en el desierto. Pat Garrett, el nuevo sheriff de Lincoln, logró detenerlo en Stinking Springs. Lo hizo juzgar por el asesinato de su antecesor, (leer más)
Por Jorge Elías NUEVA YORK. – Cuando el jefe de la campaña de Hillary Clinton, John Podesta, les dijo a los suyos que se fueran a dormir porque la candidata no iba a presentarse en el Centro de Convenciones Jacob K. Javits, de Manhattan, la suerte estaba echada. Eran las dos de la mañana del miércoles 9 de noviembre, aniversario de la caída del Muro de Berlín. Veintisiete años después, otro muro comenzaba a levantarse. No en Alemania sino en los Estados Unidos. Muchas mujeres, denigradas por Donald Trump, rompieron en llanto. Debían digerir la realidad, más allá de las protestas inspiradas en el lema «Not my president (No es mi presidente)». La transición civilizada, encarada de inmediato por Hilary con su aceptación de la derrota y por Barack Obama en su condición de presidente saliente, no alcanzó a mitigar la perplejidad de aquellos que, alentados por encuestas erróneas, creyeron que el mapa pintado de rojo, el color de los republicanos, podía teñirse de azul, el de los demócratas. Son los colores de la bandera (leer más)
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