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Hay hombres que, en medio de la oscuridad, deciden no cerrar los ojos. Enrico Calamai, cónsul de Italia en Argentina durante los años más atroces de la última dictadura militar, desafió las órdenes de su propio gobierno para salvar la vida de perseguidos políticos, otorgándoles refugio y una salida hacia la libertad.
Calamai cumplió funciones entre 1972 y 1977 en Chile y Argentina. Cinco décadas después recuerda desde Roma aquella “experiencia esquizofrénica” durante una entrevista en el programa Cuarto de Hora, de CADAL TV: “Yo no podría ser indiferente cuando delante de mi mesa llegaba un chico que me decía, y yo sabía que era verdad, que, si lo echaba del consulado lo atrapaban, lo torturaban y lo mataban. No era posible ser indiferente”.
Perdió la cuenta de la cantidad de personas que salvó, aunque se habla de 500 o más mientras sus superiores le aconsejaban «no hacer escándalo» y mantener buenas relaciones con la Junta Militar.
En su libro Razón de Estado, perseguidos políticos argentinos sin refugio: diplomacia, derechos humanos y desaparecidos, publicado originalmente en italiano con el título Niente asilo político, Calamai afirma: «La inteligencia de la diplomacia debe encontrar la manera de interponerse entre la brutalidad del poder y sus víctimas; el primero, solo preocupado por la eliminación de cualquier posible opositor; las segundas, en busca de cualquier puerta abierta para su supervivencia física».
Sin embargo, como apunta Gabriel Salvia, director general de CADAL en un comentario sobre el libro, “lo que abunda en la diplomacia que cumple funciones en países gobernados por dictaduras, como fue el caso argentino, es la indiferencia”.
Conducción: Jorge Elías
Dirección: Gabriel Salvia
Producción: Dorothea Krueger
Edición: Ayrton Monsalve

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