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Casi la mitad de la población mundial acudirá o estará llamada a acudir a las urnas en 2024. ¿Será el año de la democracia? Lamentablemente, “la salud de la democracia no es tan rozagante” como parece, expone Marcelo Cavarozzi, doctor en Ciencia Política por la Universidad de California en Berkeley, durante una entrevista en el programa Cuarto de Hora, de CADAL TV. Habrá elecciones en India, el país más poblado del planeta después de haber superado a China, y en Estados Unidos, el más influyente, así como en Rusia, donde Vladimir Putin buscará ser reelegido. En Iberoamérica, El Salvador, México, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela también tendrán su cita con las urnas. Cavarozzi, consejero académico de CADAL especializado en política comparada de Iberoamérica y en la relación entre el capitalismo y la democracia, observa: “Las sociedades cambiaron tan radicalmente que la política quedó desubicada». En más de 70 países, los ciudadanos elegirán mandatarios y legisladores en un contexto marcado por las guerras en la Franja de Gaza y en Ucrania y, en todo el (leer más)
La decapitación frente a la cámara del periodista James Foley, secuestrado en noviembre de 2012 en Siria, refleja la cruzada cruel y demencial del Estado Islámico en el afán de imponer su ley medieval Lo decapitaron. No ha de haber peor acto de cobardía que obligar a un condenado a muerte a recitar una arenga política, por la represalia de los Estados Unidos contra el Estado Islámico (EI) en Irak, antes de ser ejecutado. Estaba arrodillado en el desierto, con las manos atadas en la espalda y un micrófono colgado en el uniforme naranja, como el de los presos de Guantánamo. Su verdugo, de acento británico, sostenía el cuchillo con la mano izquierda. Era el final del periodista norteamericano James Foley, corresponsal de GlobalPost, de Boston, y de la agencia de noticias France Presse (AFP). Lo habían secuestrado el 22 de noviembre de 2012 en el norte de Siria. Era, más allá de su nacionalidad, su credo y su profesión, un ser humano. La cruel ejecución de Foley, divulgada sin remordimiento en un video espeluznante (leer más)
Europa no libra una guerra contra Yugoslavia ni contra Slobodan Milosevic, sino contra sí misma. O, si se quiere, contra su pasado. De ahí, el súbito vuelo que cobró la OTAN, creada en 1949 con el fin de evitar la expansión del comunismo, en medio del replanteo que promueve hoy, medio siglo después, la eficacia de la democracia y de la economía de mercado en un mundo que se perfila unipolar. El método de depuración étnica, sin principio ni ley, precipitó la invasión. Pero no deja de ser una guerra tardía, a destiempo, contra un enemigo que, curiosamente, los mismos aliados se obstinan en comparar con Adolf Hitler, no con Saddam Hussein. La vieja Europa, a contrapelo de sí misma, demuestra una vez más que no puede valerse sola, como en la Segunda Guerra, como en Bosnia. Los ataques aéreos llevan el sello de la OTAN, pero dependen del respaldo (de la ingrata compañía, corregirían los franceses) de los Estados Unidos. Es un reflejo de la vulnerabilidad de Europa, siempre inmersa en prejuicios pronorteamericanos (un (leer más)
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