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El 37,4% de los españoles de entre 25 y 34 años todavía no se han emancipado, según los últimos datos del Eurostat
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El 37,4% de los españoles de entre 25 y 34 años todavía no se han emancipado, según los últimos datos del Eurostat
En 2015, un racista blanco asesinó a nueve afroamericanos en Estados Unidos. Asistían a un servicio en la Iglesia Africana Metodista Episcopal de Charleston, Carolina del Sur. La matanza a tiros disparó un debate: ¿fue un acto terrorista o un crimen de odio? De haber sido un musulmán, como el conductor de la furgoneta que arrolló a decenas de personas en Barcelona, habría sido tildado de terrorista. Por haber sido un defensor de la supremacía blanca le cupo el mote de criminal, como al racista que lanzó su coche contra la multitud que exigía retirar la estatua del general esclavista Robert Lee en Charlottesville, Virginia, el 12 de agosto. ¿Por qué el gobierno de España acusó de inmediato el impacto del terrorismo, a tono con la seguidilla de atentados en Europa, y el de Estados Unidos, más allá de las cavilaciones de Donald Trump con los supremacistas blancos, los neonazis y el Ku Klux Klan, repudió un crimen? La Organización de las Naciones Unidas (ONU) adeuda desde sus orígenes una definición del terrorismo. Después de (leer más)
Durante el mes de Ramadán, los musulmanes deben cumplir con el sawn (ayuno) desde el alba hasta la puesta de sol. A la hora de la cena estaba abarrotado el centro de Bagdad, Irak. Estallaron dos coches repletos de explosivos. Al día siguiente, temprano, cuando la gente salía de su casa, un camión bomba hizo estragos en el barrio diplomático de Kabul, Afganistán, nido del régimen talibán y de Al-Qaeda. En ambos atentados, así como en un posterior ataque suicida contra el aeropuerto de Jalalabad, también en Afganistán, pudo haber dejado su huella el Daesh, ISIS o Estado Islámico, aunque no se los haya atribuido. La pérdida de territorio en cuotas en Irak y en Siria, donde el Daesh pretende apuntalar su califato, es directamente proporcional al aumento de las masacres en otros confines. Las instrucciones son precisas: ejecutar atentados baratos con vehículos, cuchillos o explosivos en sitios concurridos, como un estadio, una discoteca, un teatro, un mercado o la vía pública. En eso se diferencia de Al-Qaeda, de la cual se desprendió en 2014. (leer más)
En un pueblo de Extremadura, España, de apenas 600 habitantes, cerca de Portugal, la economía gira alrededor del arroz. Imposible cultivarlo sin agua. La sequía acecha por tercer año consecutivo, el peor desde que comenzaron los registros en 1964. Raúl e Inés, matrimonio de mediana edad, me dicen que procuran sobrellevar la falta de lluvias con los olivos y otras plantaciones. Trabajan la tierra de la mañana a la noche. Sin respiro. Suplican por un milagro de la Virgen de Guadalupe, patrona del lugar. Un milagro que se traduce en agua para su par de hectáreas. Un milagro que espante la secuela más alarmante de un sol que raja la tierra: los robos en el campo de sus propios vecinos. Cambio climático a la vista. Una realidad que no pudo atenuar la cumbre del clima COP27, realizada en Sharm el Sheij, Egipto, con los bemoles de un fondo común para los daños y las pérdidas. Las naciones ricas que emiten más gases de efecto invernadero deberían aportar recursos para costear los quebrantos de los países (leer más)
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