Economía

Terminator versus Wall-E

El futuro puede ser mejor de lo que los pesimistas entienden o peor de lo que los optimistas están dispuestos a explorar. En la ciudad japonesa de Sasebo, un dinosaurio mecánico y una mujer androide atienden con una sonrisa a los huéspedes del hotel Henn na (hotel Raro), sustituyendo al personal humano. En Buenos Aires, casi en coincidencia con su inauguración, más de mil científicos y expertos en inteligencia artificial y otras tecnologías se pronunciaron contra la proliferación de robots militares que, sin intervención humana, pueden ser “ideales para asesinatos, desestabilización de naciones, sometimiento de poblaciones y crímenes selectivos de etnias”. El escritor norteamericano de origen ruso Isaac Asimov acuñó la palabra robótica sin pensar, quizá, que la humanidad iba a verse envuelta en la discusión sobre los límites éticos de las máquinas. No se trata de drones ni de misiles, sino de seres autónomos con inteligencia artificial que pueden ser simpáticos como Wall-E, aunque reemplacen trabajadores en hoteles, o antipáticos como Terminator, aunque prevengan muertes en guerras. Sin control humano, un robot puede ser (leer más)