Catalejo

El duelo de cabecera

La pelea de fondo de Donald Trump no es con Irán ni con Venezuela ni con Ucrania ni con Rusia ni con Cuba ni con Groenlandia ni con la Unión Europea ni con ningún otro confín que no sea China. Ese duelo de cabecera, la gran excusa del desmadre mundial ocasionado desde el 20 de enero de 2025, obliga a Xi Jinping a desempolvar viejos manuales de gestión de crisis. Algo que ocurrió durante el primer mandato de Trump y continuó durante la presidencia de Joe Biden. ¿Se trata de una disputa por aranceles y chips o de un choque entre naciones por la primacía mundial? Trump y Xi tienen algo en común: rinden culto a la personalidad mientras apelan al pragmatismo como juez implacable. En ese solaz de sombras, sin blancos ni negros, la imprevisibilidad de uno se codea con la rigidez del otro. Uno, Trump, no viene a restaurar el sistema, sino a imponer su propio código de barras. El otro, Xi, apela a la lógica del Partido Comunista Chino: a diferencia de (leer más)

Economía

Franja de Gaza S.A.

Lo usual en su segundo mandato: Donald Trump se envalentona con arrogancia como si fuera el grandulón de la clase, intimida a sus eventuales adversarios, golpea la mesa con furia si rebaten sus afirmaciones y, finalmente, después de desquiciar a medio mundo, baja el tono de la amenaza convencido de obtener un beneficio. Desde la captura de Nicolás Maduro en una operación que sacudió las profundidades del Caribe hasta la insólita reactivación de la disputa con Dinamarca y la Unión Europea por la anexión de Groenlandia, ese «gran y hermoso trozo de hielo», su premisa ha sido negociar en un tablero en el que solo él dicta las reglas. Sobre ese tablero, la creación del Consejo de Paz para apaciguar la onda expansiva de la Franja de Gaza da una nueva vuelta de tuerca o pone un torniquete sobre la diplomacia tradicional. No se trata de una estrategia geopolítica, sino de la conversión de un conflicto de larga data en una suerte de franquicia corporativa. La membresía tiene precio y el liderazgo lleva un solo (leer más)

Política

Cien años en cien noches

Franklin Delano Roosevelt concedió 100 días al Congreso de Estados Unidos para la sanción del paquete de leyes del New Deal. Desde entonces, 1933, son la gracia que pide todo presidente nuevo para ser evaluado. En su discurso inaugural, John Fitzgerald Kennedy también aludió a los 100 días. Que quedaron inscriptos en la historia mucho antes, como los transcurridos entre la fuga de Napoleón de la isla de Elba y la batalla final de Waterloo, aunque, en realidad, hayan sido 116. Lejos de esos episodios, Donald Trump desacreditó la marca en su primer mandato. La llamó “estándar ridículo”. Curiosamente, Trump hizo por ese motivo el primer viaje oficial de trabajo dentro del país desde que asumió su segundo mandato, el 20 de enero. En el condado de Macomb, Michigan, bastión electoral republicano en el cual operan las industrias automotrices General Motors, Ford y Stellantis, insistió en golpearse el pecho a 100 días de haber asumido el cargo por haber impulsado el cambio más profundo en Estados Unidos en 100 años. Y advirtió: “Solo acabamos de (leer más)

Política

Pilotos de tormentas

Entre tanto ismo, el mundo pasó del nacionalismo, causante de las dos guerras mundiales del siglo XX, al globalismo, latente al final de la Guerra Fría, y derrapó en el populismo. Mote ambiguo, frecuente tanto en derechas como en izquierdas. Representa la proyección de líderes cabreados con el sistema que, casualmente, se valen del sistema para monopolizar el poder. Una curiosa alquimia totalitaria, a veces bajo el alero de la democracia. Suelen jugar al límite, como quien tira de la cuerda hasta vulnerar las potestades de los otros poderes. ¿Qué otros poderes, se preguntan, si ellos representan al pueblo? Las órdenes ejecutivas de Donald Trump, mientras barre áreas y programas estatales con la ayuda del hombre más rico del mundo, Elon Musk, son una respuesta a los anhelos de su pueblo. Lo votaron por esa razón y, también por esa razón, le extendieron un cheque en blanco para dominar los otros poderes: el legislativo y el judicial. Como apuntan Steven Levitsky, profesor de Estudios Latinoamericanos y Gobierno en la Universidad de Harvard, y Lucan A. (leer más)

Actualidad

Los dueños de la baraja

El método Trump de política internacional tuvo su primer capítulo el 28 de febrero de 2025. Fecha clave. Pasará a la historia como el estreno de la reprimenda en el Salón Oval del presidente y del vicepresidente de Estados Unidos a un mandatario extranjero en guerra y en inferioridad de condiciones, Volodimir Zelenski. Esas discusiones se daban antes en privado, jamás frente a las cámaras, por respeto al visitante y los anfitriones. Donald Trump y su ladero, JD Vance, se faltaron el respeto a sí mismos al humillar con premeditación y alevosía a una víctima de Vladimir Putin. Teóricamente, rival de Trump, así como el dictador chino Xi Jinping. En este mundo al revés, con instituciones en declive y autócratas en alza, Trump demoró apenas cinco semanas en cortar de cuajo las alianzas tradicionales de Estados Unidos con democracias afines y verse en el espejo de Putin, el zar del siglo XXI. El poder de los malos modales significa que cualquier contacto de un mandatario extranjero con el gobierno norteamericano corre el riesgo de ser (leer más)

Catalejo

El arte de la provocación

Delirios de magnate: comprarle Groenlandia a Dinamarca, recuperar el control del Canal de Panamá y, por si fuera poco, que Canadá se convierta en el Estado número 51 de Estados Unidos. Cualquiera diría que se trata de fake news si esos tres propósitos no hubieran sido formulados por Donald Trump, mentor de ese latiguillo contra todo aquello que no comulgara con su egolatría. El presidente electo cultiva como en su primer mandato el arte de la provocación. Una forma sencilla de hacer enemigos entre los amigos para negociar después una solución habitualmente rentable para sus intereses. Trump nació en Queens, condado de Nueva York rodeado de islas. Su madre, Mary Anne MacLeod, vino al mundo en una isla. La de Lewis, en el norte de las Hébridas Exteriores, Escocia. No es extraño que, después de haber amasado su fortuna en el negocio inmobiliario, pretenda comprar una isla. No cualquiera. La más grande del mundo: Groenlandia, territorio autónomo perteneciente al reino de Dinamarca. Era uno de los sueños de otro presidente de Estados Unidos, Harry Truman. (leer más)