Sociedad

El evangelio de la posverdad

En el mundo de la posverdad, la duración de una perorata política suele ser el último refugio de la irrelevancia. Donald Trump soltó en el Capitolio un monólogo de 108 minutos, el discurso del Estado de la Unión más largo de la historia moderna, para elogiarse a sí mismo por haber forjado “la época dorada de Estados Unidos” mientras tildaba de “locos” a los demócratas, aparentemente empeñados en destruir el país. Por fortuna, agregó, “los hemos detenido justo a tiempo”. Gracias a Dios, se persignaron y aplaudieron a rabiar los legisladores republicanos como si estuvieran escuchando el sermón de la montaña en lugar de un informe de gestión. El ruido era necesario para diluir las contradicciones. En la era Trump, el error es la táctica y la expulsión es el mensaje: quien señala la mancha en la alfombra debe salir del recinto. Le tocó por segundo año consecutivo al representante demócrata Al Green por haber exhibido esta vez un cartel en el que recordaba que los ciudadanos no son animales. Fue en respuesta al “error” (leer más)

Política

Tres poderes en un puño

¿Quién le quita a Nayib Bukele la legitimidad de su victoria a pesar de haber puesto a parir a la democracia liberal? Poco parecen importar los derechos humanos y las libertades civiles. El salvador de El Salvador, llamado a sí mismo “el dictador más cool del mundo mundial” o, últimamente, “el rey filósofo”, recibió felicitaciones. Inclusive del gobierno de Estados Unidos sin esperar el escrutiniio, más allá de su reclamo sobre las garantías judiciales para los detenidos. La política de mano dura de Bukele, exhibida en videos de TikTok como una saga de Netflix, llevó a la cárcel a 76.000 personas en condiciones deplorables, la mayoría sin sentencia. Su compañero de fórmula, el vicepresidente Félix Ulloa, no tuvo empacho en confesar en una entrevista con The New York Times que no están desmantelando la democracia, sino eliminándola y sustituyéndola por algo nuevo. Lo nuevo no es nuevo a la sombra de alumnos avanzados como Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua. Derechas e izquierdas aplican el mismo manual del autócrata. Espejo de la (leer más)