Política

Árabes y sudamericanos comparten incertidumbres en Riad

Unos por la caída de los precios del petróleo, que también aqueja a Venezuela y Ecuador, y los otros por el final de los precios altos de las materias primas RIAD, Arabia Saudita.– En los países productores de petróleo, la caída del precio del barril es proporcional al aumento de la tensión social. Eso ocurre en Venezuela y en Nigeria. En Ecuador, las utilidades se han desplomado a casi la mitad en un año. En Rusia, el valor de la moneda tambalea. En Irak, bajo el yugo del Estado Islámico (ISIS), la economía lejos está de recomponerse. Hasta los países ricos del Golfo Pérsico han acusado el impacto: Kuwait, Omán y Bahrein lidian con déficits fiscales por primera vez en dos décadas. El primer productor mundial, Arabia Saudita, recurre a sus reservas monetarias para paliar pérdidas del orden del 20 por ciento del Producto Bruto Interno. De eso hablaron los mandatarios y los ministros en la IV Cumbre América del Sur-Países Árabes (ASPA) realizada en Riad, engalanada para la ocasión. Doce representantes de los países (leer más)

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Chavismo, segunda parte

Una victoria electoral no siempre es una victoria política. Para las elecciones del domingo en Venezuela, las primeras sin Hugo Chávez desde 1998, una avalancha de sondeos predice la victoria del presidente encargado, Nicolás Maduro. Serán las terceras elecciones en apenas seis meses. Tanto las presidenciales del 7 de octubre como las regionales del 16 de diciembre de 2012 se saldaron con sendas victorias del chavismo. Esta vez, el chavismo sin Chávez se mide a sí mismo, más que a la oposición. La oposición, a su vez, insiste en apuntalar a su candidato, Henrique Capriles, ganador en el Estado de Miranda tras ser derrotado en las presidenciales. En Venezuela, como en la Cuba de Fidel Castro, no hubo ni hay día desde hace 14 años en que Chávez, aunque haya fallecido, no fije la agenda. Esa rutina no ha instaurado una revolución, con un cambio de régimen, sino una enorme concentración del poder y una polarización latente en la sociedad. El súbito deceso pone a prueba al delfín de Chávez, Maduro. De ser elegido, ¿tendrá (leer más)

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Después de Chávez

En enero de 1999, el presidente de la Argentina, Carlos Menem, medió ante su entonces par de los Estados Unidos, Bill Clinton, para blanquear la imagen de Hugo Chávez, “un joven emprendedor” que merecía una oportunidad a pesar de su pasado golpista. Era rara la gestión, tratándose de uno de los campeones del neoliberalismo y de un acérrimo rival de Fidel Castro. Tres años y monedas después, en 2002, Chávez radicalizó su discurso tras el conato de golpe de Estado por el cual quedó fuera de juego durante 47 horas. Acusó a George W. Bush, sinónimo del imperialismo “pitiyanqui”. En 2006, la revolución bolivariana derrapó en el socialismo del siglo XXI. En Venezuela, como en la Cuba de Fidel Castro, no hubo ni hay día desde hace 14 años en que Chávez no fije la agenda y revele por dónde van los tiros. Esa rutina no ha instaurado una revolución, con un cambio de régimen, sino una excesiva concentración del poder y una polarización latente ante la ausencia de partidos de oposición sensatos. ¿Sobrevivirá el (leer más)