El patriotismo de la escasez
Con su amenaza con bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra, Donald Trump no solo agita el avispero en Medio Oriente. También apaga de facto las luces de las fábricas de semiconductores de Corea del Sur y vacía los tanques de nafta en las calles de Manila. La retórica bélica de ida y vuelta, moneda corriente desde los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero, no hizo más que cerrar un círculo vicioso que tiene como rehén a un punto geográfico minúsculo, pero vital: el estrecho de Ormuz. Por ese paso, de 33 kilómetros de ancho en su parte más angosta, fluye la quinta parte del petróleo mundial. Mientras el régimen teocrático insiste en mantenerlo cerrado y Trump condiciona cualquier tregua a su reapertura, el mercado ya ha dictado sentencia: los precios del crudo vuelan y las bolsas caen. Irán lanzó oleadas de drones y misiles balísticos contra diversos países de la región, principalmente Israel y aquellos que albergan instalaciones militares norteamericanas o son percibidos como sus aliados (leer más)
