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«Estamos frente a un cambio de época»

¿Cambio de época o época de cambio? Laura Chinchilla, presidenta de Costa Rica entre 2010 y 2014, no lo duda: “Estamos frente a un cambio de época”, afirma durante una entrevista exclusiva con motivo de la emisión número 200 de Cuarto de Hora, programa de CADAL TV. Chinchilla, reconocida mundialmente por su defensa del Estado de derecho y de la institucionalidad democrática, está a punto de asumir la presidencia del Club de Madrid, organización que reúne a expresidentes y exjefes de gobierno de todo el mundo. Fue la primera mujer en alcanzar ese cargo en su país y una de las voces más respetadas de la democracia latinoamericana. Especialista en gobernabilidad, seguridad y políticas públicas, tiene una larga trayectoria que incluye la vicepresidencia, el Ministerio de Seguridad y un papel destacado en organismos internacionales. Cuando ejercía la presidencia de su país, Chinchilla, católica devota, me contó que llevaba en su bolso medallas de la Virgen de los Ángeles, patrona de Costa Rica, y Rosarios que recibía de la gente. En ese momento, con seis meses (leer más)

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Política

En deuda con las mujeres

Decía Jacqueline Kennedy que el título de primera dama era un nombre más apropiado para para un caballo que para una mujer. Ella fue, a los 31 años, la esposa de un presidente de los Estados Unidos más joven de la historia. Participó de la campaña electoral de su marido en 1960, contra Richard Nixon, hasta con un anuncio pronunciado en fluido castellano. Con otro perfil, Michelle Obama también interviene en forma decisiva en la carrera del presidente, ahora relegido. En su caso, quizá como Hillary Clinton en sus tiempos, con un temperamento avasallador, sin inmiscuirse en los asuntos del Ala Oeste de la Casa Blanca. En general, todas las primeras damas norteamericanas han emprendido causas sociales: Nancy Reagan contra la drogadicción, Laura Bush por la lectura y Michelle Obama contra la obesidad infantil. Ese papel ha sido más discreto en América latina hasta que comenzaron a surgir presidentas con maridos o, como Michelle Bachelet, sin ellos. Ese sesgo debería traducirse en una mejora en los índices de igualdad entre sexos, cerrando la brecha. En (leer más)