Otras voces

El Terminator del siglo XXI

Por Marcos Gonzalez Gava La ficción distópica de Terminator ubicaba a Cyberdyne Systems, la corporación responsable de crear Skynet y desencadenar el fin de la humanidad, en California. Pero si el escenario apocalíptico imaginado por James Cameron ocurriera hoy, las probabilidades indican que el ejército de máquinas asesinas llevaría una etiqueta bien diferente: «Made in China», con componentes críticos fabricados en Taiwán. El dominio manufacturero chino China no solo lidera la producción global de componentes electrónicos, motores, sensores y baterías; también concentra la mayor capacidad de manufactura a escala del planeta. Empresas como Ubtech Robotics, UBTech y Siasun ya fabrican robots humanoides avanzados, mientras el gobierno chino invierte masivamente en robótica dentro de su estrategia de modernización industrial y desarrollo tecnológico. En términos de hardware y manufactura robótica, resulta altamente probable que un Terminator contemporáneo sea ensamblado en suelo chino. Ningún otro país cuenta con la infraestructura, escala productiva y cadena de suministro necesaria para fabricar millones de unidades robóticas complejas. Taiwán: el cerebro del futuro distópico Sin embargo, existe un componente crítico que China aún (leer más)

Cultura

El amanecer de Aurora

A los 14 años, Aurora Mardiganian vivía tranquilamente con los suyos en Cemisgezek, territorio otomano. Era una familia próspera. Transcurría 1915. Había comenzado aquello que, para el historiador Eric Hobsbawm, pasó a ser el primer intento moderno de eliminar a todo un pueblo. El genocidio armenio fue perpetrado entre ese año y 1923 por los Jóvenes Turcos, militares de nueva formación de la Academia de la Guerra del Imperio Otomano que estaban enrolados en el llamado Comité de Unidad y Progreso. Apoyaron a Alemania en la Primera Guerra Mundial. Los armenios eran tildados de saboteadores por su respaldo a Rusia. En ese contexto, indescifrable para una adolescente como Aurora (Arshaluys, el nombre real), su padre desoyó el consejo de un pastor kurdo sobre la inminente masacre que iba terminar con la vida de entre un millón y medio y dos millones de civiles armenios. Lo mataron, así como al resto de su familia, sometida a vejaciones que desnudaron el costado más infame de la condición humana. Ella nunca se sobrepuso al dolor de haber visto (leer más)

Sociedad

Fe de erratas machistas

Durante un coloquio realizado en Alberta, Canadá, una muchacha le planteó al primer ministro Justin Trudeau un cambio en la regulación de las asociaciones religiosas de caridad. Nada extraordinario si no hubiera mencionado la palabra mankind (humanidad). Atento a la ola feminista que parece encontrar en cada expresión masculina una suerte de negación de la mujer, Trudeau replicó como si hubiera recibido una descarga eléctrica: “¿Podrías decir peoplekind (que se traduciría como gentidad) en lugar de mankind?”. Quiso marcarle la connotación sexista de la palabra mankind (por man, hombre) y la necesidad de sustituirla por peoplekind (por people, gente). No tardaron en brotar las burlas en las redes sociales por la corrección o el oportunismo de Trudeau. Ese tipo de observación lingüística, habitual en Canadá por ser uno de los principales impulsores de la ideología de género, se ha hecho frecuente desde que estallaron los escándalos de abuso, acoso y violencia sexual del magnate Harvey Weinstein en Hollywood. La ola de denuncias ha dejado al descubierto un deplorable secreto a voces. El de la resignación (leer más)