Irán a la sombra de Irak
Durante décadas, Occidente procuró debatir la guerra en los claustros académicos o en los manuales de inercia doctrinal. Se hablaba de la guerra del futuro como una especulación tecnológica, casi cinematográfica, mientras el relato político vendía la ilusión reconfortante de que la democracia y la globalización eran un camino de ida para consolidar la paz como un estado por defecto. Al calor de la guerra contra Irán, cuatro años después de la invasión rusa de Ucrania, aquellas teorías cayeron en saco roto. La guerra dejó de ser una anomalía. El orden internacional posterior a 1945 ha sido reemplazado por un enjambre de trincheras y algoritmos. La renuncia de Joe Kent al cargo de director del Centro Nacional de Antiterrorismo de Estados Unidos en rechazo a la decisión de Donald Trump de declararle la guerra a Irán forzado por Israel, así como la admisión con más silencios que certezas de su jefa, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, de la ausencia de una amenaza inminente contra el interés nacional tuvo un efecto déjà vu. Que remite (leer más)
