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El banquete de las sombras

Sin brindis ni pastel, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) celebró en silencio sus 64 años con los pasillos vacíos y el ruido seco de una guillotina presupuestaria que no reconoce fronteras ni legados. La fundó John F. Kennedy el 3 de noviembre de 1961. La idea era extender el brazo amable del poder norteamericano durante la Guerra Fría. Difícilmente habría imaginado que el golpe de gracia no iba a venir de Rusia ni de China, sino de la mismísima Casa Blanca. Donald Trump, escoltado por la eficiencia algorítmica de Elon Musk al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), ha decidido que el poder blando es un lujo que Estados Unidos ya no puede o no quiere permitirse. La lógica del DOGE es de una simplicidad empresarial pasmosa: cataloga de “desperdicio” la ayuda externa. Las cifras cuentan otra historia. Aunque el imaginario del America First cree que el país regala su riqueza, la ayuda al exterior representa menos del 1% del presupuesto federal. Un renglón que debe ser tachado en (leer más)