Greta Thunberg y el debate del cambio climático

Greta Thunberg, icono de la protesta juvenil contra el cambio climático, se ha tomado un año sabático en la escuela para defender su postura




Greta Thumberg, persona del año en 2019: "Nos están fallando, pero los jóvenes están empezando a entender su traición"

Greta Thunberg es una activista sueca de tan solo 17 años que se ha hecho famosa mundialmente por sus intervenciones públicas en las que, de un modo excesivamente directo, tacha a la ciudadanía mundial y a la sociedad de consumo como los principales causantes del cambio climático e insta a que optemos por cambiar nuestros hábitos para que el planeta siga siendo un lugar habitable y lleno de diversidad.

Greta saltó a la fama cuando, con 15 años, dejó de ir a clase para protestar frente al Parlamento de Suecia días antes de las elecciones generales con una pancarta en la que rezaba “Huelga escolar por el clima”. Desde entonces su ascenso ha sido meteórico y se ha convertido en una de las figuras más representativas de la lucha contra el cambio climático.

Tras aparecer en Madrid en la Cumbre del Clima de diciembre de 2019, la activista ha dado un paso a un lado para no absorber tanto protagonismo y ceder el espacio necesario a personas cualificadas como científicos y líderes políticos de las regiones más afectadas por las consecuencias del cambio climático.

Las críticas y el debate medioambiental

Tras las primeras apariciones de Greta, contundentes, no tardaron en aflorar las críticas hacia la adolescente, cada vez más numerosas, cada vez más demoledoras. Muchas de estas opiniones fueron vertidas con la clara intención de menoscabar su figura y desacreditar sus ideas y su discurso, que busca un cambio radical en nuestro modo de vida, proponiendo abrazar la sostenibilidad, acabar con la vorágine capitalista del crecimiento constante, del consumo desmedido.

Una gran parte de las críticas que se han lanzado sobre ella no se ciernen de manera exclusiva a sus ideas medioambientales, que sería lo lógico: entrar en un debate sobre si realmente existe el cambio climático y cuáles serían las alternativas y las soluciones al problema. Lejos de eso, la activista sueca, que se ha tomado un año sabático en la escuela para defender su postura por todo el mundo en conferencias, citas y reuniones medioambientales, ha visto cómo sus opositores han entrado incluso en el terreno de la descalificación personal con la idea de afectar a la opinión pública. De ella se ha dicho que es una maleducada, que es un títere de sus padres o de personas influyentes, que, como adolescente que es, debería estar asistiendo a clase en lugar de viajar por el mundo para cuestionar el mundo. Sin ir más lejos, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, escribió irónicamente en Twitter tras una intervención de Greta: “Parece una niña muy feliz”.

La cuestión es que muchas de esas críticas calan, incluso, en personas que están a favor de la lucha contra el cambio climático, que repiten unas argumentaciones que lo que consiguen es situar el debate por la conservación del planeta en otro punto. No se trata de cómo se expresa una adolescente diagnosticada de síndrome Asperger ni de si nos sentimos identificados, dolidos y atacados por sus palabras. La cuestión de fondo es que preservar la naturaleza es tarea de todos y que cada uno de nosotros deberíamos hacer cuanto esté en nuestra mano para lograrlo. Todo lo demás son balas de fogueo y fuegos artificiales.



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