Grecia pasa página

La victoria de los conservadores en las elecciones de Grecia demuestra que, más allá de la derecha o la izquierda, prima el desencanto, como en otros países




Kyriakos Mitsotakis, nuevo primer ministro de Grecia

El experimento de Alexis Tsipras fracasó. No sólo por la vuelta de los conservadores al gobierno de Grecia, sino también por la decepción de la ciudadanía frente a un discurso de tono mitológico. El pronunciado en la isla de Ítaca, en el cual el líder de la coalición izquierdista Syriza asumió el papel del rey mesenio Odiseo. Transcurría 2015. Tsipras renunció al cargo de primer ministro y convocó a elecciones anticipadas con la certeza de que iba revalidar su mandato. Lo logró. Ahora, después de los pésimos resultados en las europeas de mayo, el desenlace iba a ser otro. La odisea de la derrota.

La tragedia griega se resume en dos actos: menos bebés y más emigrantes. La onda expansiva de Europa, donde los radicales de izquierda y de derecha no pudieron frente a los verdes y los liberales, coronó la victoria del partido conservador Nueva Democracia, del primer ministro Kyriakos Mitsotakis. Un desenlace que excede a Grecia, donde la típica confrontación entre ambos extremos se vio desdibujada por un duelo. El de las estirpes. El padre de Mitsotakis, Constantinos, fue primer ministro de 1990 a 1993. El pater familias, Eleftherios Venizelos, ejerció siete veces el cargo entre 1910 y 1933.

Grecia fue el primer ensayo de la nueva ultraizquierda en la vieja Europa

El linaje pesa frente a la desconfianza. La de un electorado que vio esfumarse la promesa de redistribución de la riqueza. Tsipras terminó adoptando políticas ortodoxas que sanearon la crisis macroeconómica, pero no decantaron en el bienestar común. El malhumor se tradujo en la mayoría absoluta del partido de Mitsotakis en el Parlamento, algo que no ocurría desde 2009. Contó con el apoyo de la izquierda, desencantada con Tsipras. En una década, Grecia soportó sacudidas y la amenaza de expulsión de la Unión Europea, a cuyo PBI contribuye con el dos por ciento. Un aporte módico, pero importante en tiempos de Brexit.

En 2011, los griegos estaban tan indignados como los españoles y otros europeos. Protestaban contra un plan que contemplaba recortes, privatizaciones y alzas de impuestos durante cinco años. De no haber sido aprobado, Grecia no iba a recibir el quinto tramo del préstamo acordado en 2010 con la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) para zafar del default. La eurozona, a su vez, iba a verse obligada a mitigar el pánico en los tambaleantes mercados de deuda de Irlanda, Portugal, España e Italia. El impacto iba a alcanzar al sistema financiero de Estados Unidos.

El arribo a Tsipras en 2015, después de tres años de conservadurismo, supuso un soplo de aire fresco. Era el primer ensayo de la nueva ultraizquierda en la vieja Europa. En los tres rescates de la economía intervinieron los hombres de negro de la troika, más interesados en los balances que en las personas. En el camino quedó la ultraderecha de Amanecer Dorado. Mitsotakis, curiosamente, se propone lo mismo que Tsipras: lidiar con los ajustes. El ingreso per cápita de los griegos bajó de 21.800 euros en 2008 a 16.800 de 2017, según Eurostat. Eso explica la fatiga democrática. Un fenómeno global, como la corrupción. Otra tragedia de Grecia, cuna de la democracia.

Jorge Elías

Twitter:@JorgeEliasInter | @Elinterin

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