El secreto de tus años




Henry Allingham: nació en 1896 en Londres, combatió en las dos grandes guerras mundiales y, tras recibir varias condecoraciones, murió a los 113 años de edad en el siglo XXI

En el mundo, se supone, queda una sola persona nacida antes de 1900 mientras la expectativa de vida es cada vez mayor

Por Jorge Elías

Cada tanto muere la persona más vieja del planeta. Esta vez falleció Sannah Mushat Jones, la mujer más longeva en los registros Guinnes. Tenía 116 años de edad. El mismo día, el 13 de mayo de 2016, también pereció Celina del Carmen Olea, argentina, tres años mayor que Sannah. Ambas habían pasado gran parte de sus vidas en ambientes rurales, alejadas del estrés de las grandes ciudades. En Verbania, Italia, vive Emma Morano, de 116 años. Es, se supone, la única persona nacida antes de 1900. En 1899, en realidad. ¿Existe algún secreto para alcanzar la longevidad cuando la expectativa de vida ha crecido en forma considerable?

Decía Henry Allingham que la guerra no tenía sentido y que era mejor dialogar que pelear. Decía también que el whisky y las mujeres eran el secreto de una larga vida. ¿Quién era esta suerte de filósofo contemporáneo? Era, hasta el 18 de julio de 2009, uno de los hombres más ancianos del mundo. Su existencia transcurrió en tres siglos: nació en 1896 en Londres, combatió en las dos grandes guerras mundiales y, tras recibir varias condecoraciones, murió a los 113 años de edad en 2009.

En la India había fallecido once meses antes, el 18 de agosto de 2008, un hombre aún mayor que él: Habib Miyan, de 139 años de edad. Había nacido en Jaipur en 1878. Era clarinetista de la banda de la familia real antes de que su país proclamara la independencia, en 1947. En 1938 se jubiló. Vivió siete décadas sin trabajar. ¿Quién pudiera? Sobre todo, si acata con mínima prudencia algunas de las recomendaciones de Allingham para alcanzar la longevidad, empezando por el whisky y terminando por las mujeres. O viceversa.

En un apacible asilo de ancianos de la ciudad norteamericana de Great Falls, Montana, residía entonces Walter Breuning, de 112 años de edad. Era coetáneo de Allingham: había nacido el 21 de septiembre de 1896 en Melrose, Minnesota. Su padre solía conversar con los amigos sobre la Guerra de Secesión, de la cual habían sido testigos entre 1861 y 1865 mientras él aprendía a leer y escribir a la luz de una lámpara de kerosén. Su primer voto en las elecciones databa de 1913: apoyó a Woodrow Wilson, presidente hasta 1921.

¿Cuáles son las claves de su larga vida? Mantener la mente y el cuerpo en actividad, no comer demasiado, tomar una aspirina por día, dar largas caminatas y, sobre todo, “ser bueno” con los demás, según Breuning. Es raro, casi bochornoso, que no incluyera el whisky y las mujeres, o viceversa, entre sus consejos. Desconocía el método de Allingham, generoso hasta con el tabaco.

La mayor expectativa de vida en el mundo se da en Japón: 86,44 años para las mujeres y 79,59 para los varones. Sin ser un ejemplo de virtud, el danés Christian Mortensen, nacido el 16 de agosto de 1882, murió a los 115 años y 252 días de edad en California casi con un cigarrillo en los labios. Y se ufanaba de ello. “Fumar mata. Si te mueres, has perdido una parte muy importante de tu vida”, repuso de corrido la actriz norteamericana Brooke Shields.

Fue su modesto y denodado aporte a la campaña federal contra el tabaco de los Estados Unidos. Muy digno de su parte. Después de todo, según el ex presidente George W. Bush, “si no tenemos éxito, corremos el riesgo de fracasar”. O de morir en el intento, a la edad que sea, sin darle la razón ni las gracias al viejo Allingham por reivindicar el alcohol y la rumba, o viceversa, plagados, como vivimos, de puritanismo y moralina amateur.

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