Chavismo, segunda parte




Una victoria electoral no siempre es una victoria política. Para las elecciones del domingo en Venezuela, las primeras sin Hugo Chávez desde 1998, una avalancha de sondeos predice la victoria del presidente encargado, Nicolás Maduro. Serán las terceras elecciones en apenas seis meses. Tanto las presidenciales del 7 de octubre como las regionales del 16 de diciembre de 2012 se saldaron con sendas victorias del chavismo. Esta vez, el chavismo sin Chávez se mide a sí mismo, más que a la oposición. La oposición, a su vez, insiste en apuntalar a su candidato, Henrique Capriles, ganador en el Estado de Miranda tras ser derrotado en las presidenciales.

En Venezuela, como en la Cuba de Fidel Castro, no hubo ni hay día desde hace 14 años en que Chávez, aunque haya fallecido, no fije la agenda. Esa rutina no ha instaurado una revolución, con un cambio de régimen, sino una enorme concentración del poder y una polarización latente en la sociedad. El súbito deceso pone a prueba al delfín de Chávez, Maduro. De ser elegido, ¿tendrá el margen de maniobra del difunto presidente? La mera pérdida también pone a prueba a la oposición, incapaz de divorciarse de cuatro décadas de alternancia entre dos partidos tradicionales. Entonces, una vasta porción de la población vivía en los arrabales del olvido.

Cada país prescribe su medicina. El chavismo, la revolución bolivariana, el socialismo del siglo XXI o como se llame es tan venezolano e irrepetible como su mentor. Las naciones petroleras, por el monopolio estatal de ese recurso, son más propensas que otras a fraguar líderes como Chávez. Como presidente, un ex militar caribeño, no uno del Cono Sur o de otras latitudes, podía ordenar en un acto público: “¡Exprópiese!” (tal compañía extranjera) o “Señor ministro de Defensa, muévame 10 batallones hacia la frontera con Colombia”.

El chavismo no es un modelo “for export” como la revolución cubana. Cuenta con adeptos como Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y Raúl Castro cuyas economías y otras se mantienen a flote con cientos de miles de barriles de petróleo venezolano a precio vil. Los Estados Unidos nunca dejaron de recibir crudo del mismo origen. Las relaciones diplomáticas corrieron por otro carril. Lo intuyó el primer embajador norteamericano en Venezuela de la era chavista, John Maisto. Les aconsejo a los suyos que no repararan en la boca de Chávez, sino en sus manos. Era mejor juzgar sus acciones que sus palabras.

En Venezuela, desde diciembre de 1998, cuando ganó Chávez, hubo presidenciales en 2000, 2006 y 2012; legislativas en 2000, 2005 y 2010; regionales en 2000, 2004, 2008, 2010 y 2012, y referéndums en 1999, 2000, 2004, 2007 y 2009. En las legislativas de 2005, la oposición cometió el error colosal de retirarse en rechazo al poder electoral; el oficialismo se alzó con todos los escaños de la Asamblea Nacional, del Parlamento Latinoamericano y del Parlamento Andino. En 2007, Chávez fracasó en su afán de introducir una nueva reforma constitucional para permitirse la reelección indefinida, denostada en sus tiempos por Simón Bolívar. Fue su único traspié.

En los hechos, Venezuela tiene una población joven que es más afín que la mayoría de las latinoamericanas a los Estados Unidos. Muchos votantes primerizos no saben cómo era el país antes de Chávez ni entienden por qué, hasta cierto punto, Capriles asegura que algunos de sus logros, como la reducción de la pobreza y de la desigualdad, serán preservados si llega al Palacio de Miraflores. Chávez pudo desafiar a los gobiernos norteamericanos con sus amistades con Saddam Hussein, Muamar el Gadafi, Mahmoud Ahmadinejad y los hermanos Castro, pero resultó inofensivo para sus intereses. Lo corroboró Barack Obama al ser reelegido: ignoró los reparos de los republicanos por sus presuntos vínculos con él y los Castro.

El modelo chavista, de serlo en verdad, tiene un severo déficit, el fiscal, y otros también acuciantes, como las altas tasas de inflación y de homicidios. El Estado era Chávez. En estos años, con subas considerables del precio del barril, la mejora en la calidad de vida de los venezolanos se plasmó en la inclusión social con un aumento formidable del empleo público. Como en otros países de América latina, la bonanza no resultó proporcional para todos. ¿Sobrevivirá el chavismo a Chávez? Sí, como el peronismo a Perón. El desafío de Maduro, si confirma los vaticinios de los sondeos, será convertir una victoria electoral en una victoria política.



2 Comments

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