Política

La manipulación de la historia

En el Salón Oval había un busto de Winston Churchill. Barack Obama ordenó retirarlo en 2009. Durante su primera visita al nuevo presidente de Estados Unidos, el entonces primer ministro británico, Gordon Brown, debió llevárselo. Lo dejó en la residencia de su embajador en Washington. Había sido un préstamo de Tony Blair a George W. Bush en virtud del vínculo que tejieron desde 2001. Lo coronaron con la declaración conjunta de la guerra contra Irak. En sus memorias, “el negro de nombre extraño”, como se define a sí mismo Obama, aborrece las torturas padecidas por su abuelo en Kenia durante el régimen colonial británico. Obama sustituyó el busto de Churchill, obra del escultor Jacob Epstein, nacido en Estados Unidos, radicado en Londres, por otro del primer presidente republicano de su país, Abraham Lincoln, partidario de la abolición de la esclavitud. Curiosamente, otro republicano, Mitt Romney, prometía reponer el busto de Churchill, hecho en bronce, si ganaba las presidenciales de 2012. Las perdió. Donald Trump, elegido en 2016, hizo colgar en el Salón Oval una pintura (leer más)

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Voto consuelo: ganó Europa

Voto consuelo: ganó Emmanuel Macron o, en realidad, perdió Marine Le Pen. Francia respira aliviada. Europa también. Estaba en juego su futuro. La acechaban la salida del Reino Unido vía Brexit; el euroescepticismo alentado por los partidos de extrema derecha e izquierda, y los influjos de un intruso, Donald Trump. La acechaban sus fantasmas, capaces de corroer la permanencia en la zona euro de uno de sus fundadores. Y la acechaba en Francia, también, el dilema de inclinarse por la prolongación de un modelo en duda, pero aparentemente seguro, y la amenaza de hacerlo volar por los aires bajándole la persiana a la integración. La victoria de Macron contra Le Pen en el ballotage dejó todo como estaba. Por ahora. Le paró los pies a la ola populista de Europa, en parte atenuada por la derrota en marzo del líder holandés de extrema derecha Geert Wilders. Los franceses no libraron un cheque en blanco al ex banquero sin más experiencia política que haber sido ministro de Economía del gobierno socialista de François Hollande. Tampoco sepultaron (leer más)

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Francia 2.0

Los franceses impusieron en el léxico político moderno tres palabras clave: derecha, izquierda y ballotage. En los últimos años aportaron otra, Le Pen, sinónimo de extrema derecha. La palabra Le Pen encontró ahora su antónimo: Macron. Equivale a sensación de alivio. O algo así. No sólo para Francia, sino también para Europa. Eso, un consuelo, representa el pase al ballotage o la segunda vuelta de las presidenciales de Emmanuel Macron, candidato centrista e independiente que defiende sin ambages la cesión de la soberanía a la Unión Europea (UE) y el símbolo totémico del euro, frente a su reverso, Marine Le Pen, abanderada del nacionalismo a ultranza. Son el día y la noche, la confianza y la desesperanza. En la campaña prevalecieron las sospechas de corrupción, las traiciones y las mentiras. Por primera vez desde que el general Charles De Gaulle ordenó redactar la Constitución de la V República, en 1958, los conservadores y los socialistas quedaron lejos del Elíseo y, por cierto, lejos de las bases. No lograron sintonizar con la gente. En el ocaso (leer más)

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Francia va a los tribunales y a las urnas

Siete de cada diez franceses creen que los políticos son incapaces de resolver sus problemas. Lo mismo ocurre en otras latitudes. En Francia, en vísperas de las presidenciales de abril y mayo, el candidato conservador François Fillon debe responder ante los tribunales por los presuntos empleos parlamentarios ficticios de su mujer, Penelope, y de sus hijos mientras él era senador. Habrían cobrado cerca de 900.000 euros. Fillon no está solo. La candidata por el ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, también deberá sentarse en el banquillo: habría pagado el sueldo de su guardaespaldas y habría costeado gastos de su partido con fondos del Parlamento Europeo. Ambos sospechan que se trata de una conjura de la prensa y de la justicia, al mejor estilo Donald Trump. Y, más allá de la promesa de Fillon de deponer la candidatura en caso de ser imputado, no lo hará: “No cederé, no me rendiré, no me retiraré”, martilló. Tampoco lo hará Le Pen, encaramada como una de las favoritas en las encuestas. Flaco favor les hacen a aquellos que (leer más)

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La sombra de Trump

El provocador de ultraderecha Milo Yiannopoulos iba a dar una conferencia en la Universidad de California en Berkeley, San Francisco. Debieron cancelarla por violentas protestas de los estudiantes. Apenas se enteró, Donald Trump disparó desde Twitter: “Si la UC (Universidad de California) Berkeley no permite la libertad de expresión y ejerce la violencia contra personas inocentes que tienen puntos de vista diferentes, no habrá fondos federales”. Escribió en mayúsculas lo último, “no habrá fondos federales”, de modo de reforzar la amenaza. Traducido: no toquen a Alt-Right (Derecha Alternativa) o lo pagarán caro, carísimo. ¿Qué llevó al presidente de los Estados Unidos a salir en defensa del periodista británico Yiannopoulos, editor de tecnología del sitio de extrema derecha Breitbart News? El insoslayable influjo de su ex director ejecutivo, Steve Bannon, ahora jefe de estrategia de la Casa Blanca. El poder detrás del poder o, quizás, el arquitecto del caos. La sombra de Trump, más allá de que desde su arribo a Washington se haya despachado con igual vehemencia que su jefe contra la prensa. La tildó (leer más)

Política

El miedo y la ira se dieron la mano

En las primeras horas del 9 de noviembre, apenas los periodistas olfateamos el fiasco de Hillary Clinton en las presidenciales de los Estados Unidos, giramos sobre nuestros talones y, en un pispás, enfilamos hacia el hotel en el cual Donald Trump festejaba su victoria. Era una noche plomiza, lluviosa, sobre una ciudad, Nueva York, más habituada al frenesí del mediodía que a los sacudones nocturnos. Las lágrimas de los demócratas eran elocuentes. Ese día, aún incipiente, se cumplía un nuevo aniversario de la caída del Muro de Berlín o, en palabras de Francis Fukuyama, de “la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final del gobierno humano”. El final de la historia, un diagnóstico apresurado, pasó a ser el prólogo de una nueva era en un año, 2016, signado por el Brexit y coronado por Trump como paradigmas de la demolición del orden anterior, en repudio al statu quo, y por el afianzamiento de liderazgos de sesgos autoritarios. Ganaron el miedo y la ira. Lejos de 1989. La desilusión generalizada con la globalización, (leer más)

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Primer Mundo, paradero desconocido

Apenas la mitad de las personas de treinta años de los Estados Unidos gana más que sus padres cuando tenían su edad, según un estudio de las universidades de Stanford, Harvard y California. Se trata de una caída descomunal frente al promedio de comienzos de la década del setenta, cuando los ingresos de casi todos los hijos superaban los de sus progenitores. La falta de empleo y las magras remuneraciones, sobre todo las de los jóvenes a pesar de haber recibido mejor formación que sus mayores, nublan el horizonte. Entonces,  ¿Dónde queda el Primer Mundo? Buena pregunta y buen título del formidable libro de las periodistas Hinde Pomeraniec y Raquel San Martín, fruto de una paciente y minuciosa investigación. La pregunta entraña en sí misma una respuesta o, quizá, da una pista: “Al igual que Mafalda hace cincuenta años, la mayoría de las personas nos preguntamos dónde queda ese lugar en el mundo en el que las cosas funcionan, la democracia se impone como sistema y la gente vive feliz en un marco de equidad (leer más)

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Trump es un buen Marine

George W. Bush terminó su presidencia haciéndose una pregunta: ¿por qué nos odian? La formuló por primera vez en el Congreso el 21 de septiembre de 2001, diez días de los peores atentados en la historia de los Estados Unidos. E insistió en planteársela hasta el último día. Colin Powell, secretario de Estado durante su primer período, había intentado hallar una respuesta. Contrató a Charlotte Beers, ex presidenta de agencias de publicidad top de la avenida Madison, de Nueva York, como J. Walter Thompson y Ogilvy & Mather, Si ella había sido capaz de convencerlo de comprar el arroz marca Uncle Ben´s, también iba persuadir a aquellos que tenían una imagen negativa del país. Durante su primera misión, en El Cairo, Beers chocó con el primer obstáculo: no entienden, admitió, y no importa cuánto te esfuerces en hacerles entender. Después derrapó: renunció al cargo de subsecretaria de Estado en Asuntos Públicos y Diplomacia Pública aduciendo razones de salud. Powell concluyó entonces: la brecha entre quiénes somos, cómo queremos que nos vean y cómo somos vistos (leer más)

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La tragedia griega

El descontento global, abonado por la creciente xenofobia y por la precaria situación económica en Europa, se adereza con el desgaste de los pilares sobre los cuales descansaba el mundo posterior a la Guerra Fría François Hollande fue investido presidente de Francia con la premisa de rechazar la hoja de ruta trazada por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). No lo hizo. Después, en Italia, el primer ministro Matteo Renzi amenazaba con incumplir las exigencias de pago de la deuda, atizadas por la canciller de Alemania, Angela Merkel. Tampoco lo hizo. ¿Por qué la tercera intentona, coronada con la rotunda victoria de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) en Grecia, parece ser la vencida? Porque polarizó a Europa entre Berlín y Atenas o, frente a la ventanilla de los acreedores, entre la sumisión y la rebelión. La rebelión de los deudores, más allá del errático historial de pagos de cada país, encontró en el primer ministro griego, Alexis Tsipras, un puntal en la confrontación contra los intereses de la (leer más)

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Arde París

Los atentados en Francia responden al mandato terrorista de propagar la guerra santa contra aquellos que se burlen de Mahoma, pero también reflejan las diferencias entre Al-Qaeda y el grupo Estado Islámico Hasta el 11 de septiembre de 2001 nadie imaginaba que aviones comerciales, secuestrados y tripulados por terroristas suicidas, iban a estrellarse contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Hasta el 11 de marzo de 2004 nadie imaginaba que trenes repletos de gente iban a ser blanco de atentados cerca de Madrid. Hasta el 7 de julio de 2005 nadie imaginaba que el metro de Londres iba a convertirse en una trampa mortal para sus pasajeros. Hasta el 7 de enero de 2015 nadie imaginaba que París y sus suburbios iban a vivir tres días en vilo por la masacre en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y la toma de rehenes en una tienda de comida judía. El grupo sunita Estado Islámico (EI), tristemente célebre por decapitar periodistas, cooperantes y ciudadanos occidentales, se apresuró a tildar de “héroes” a los hermanos Chérif (leer más)

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Sociedad

No pasarán

La Comisión Europea le da la razón a Francia por bloquear el acceso de inmigrantes En una de sus encendidas e insultantes arengas contra los llamados rebeldes libios y contra la intervención de la alianza atlántica (OTAN) en defensa de ellos, Muammar Khadafy insinuó que no iba a mover un dedo para evitar que “millones de negros” arribaran a Italia y Francia. Dicho y hecho. Silvio Berlusconi, azorado después de haberlo recibido 11 veces, dudó en condenar la saña del régimen contra su pueblo quizá para “no molestar” a un amante como él de las fiestas “bunga bunga” con chicas de corta edad o para conciliar posiciones con el más estrafalario de los dictadores árabes. Desde el comienzo del año, la isla italiana de Lampedusa, en el Mediterráneo, comenzó a acusar recibo de las revueltas en el norte de África con el súbito desembarco de miles de refugiados. Iban a caer casi en estéreo las autocracias de Túnez y Egipto. Khadafy era hasta ese momento algo así como un garante contra el éxodo hacia Europa. (leer más)