Catalejo

Bigotes en remojo

En Isesaki, al norte de Tokio, un muchacho de hirsuta perilla asustó con su aspecto desprolijo a una venerable anciana. Armó un gran revuelo. Las autoridades municipales obligaron a los empleados a afeitarse bigotes y barbas para “mantener una imagen decente”. La cara limpia, cual rasgo de nobleza, es parte de la cultura japonesa. El seleccionado de béisbol se caracteriza por las barbillas rigurosamente lampiñas de los jugadores. Desentonaba, quizá para ir contra la corriente, el príncipe Tomohito de Mikasa, primo alcohólico del emperador Akihito. Se hacía llamar Su Barbuda Majestad. Falleció en 2012. Eso del bigote y la barba es un signo de identidad. En Argentina, el bigote de Raúl Alfonsín pasó a ser un símbolo de la recuperación de la democracia en 1983. Después de la vuelta olímpica del seleccionado español de fútbol en el Mundial de Sudáfrica, en 2010, el bigote se cotizó en alza gracias a su entrenador, Vicente del Bosque, “El Bigotón”. En Turkmenistán, por orden del excéntrico líder Saparmurat Niyazov, están prohibidos el bigote y la barba. Otro tanto (leer más)

Sociedad

Prohibido besarse

Una novela sobre el amor entre una israelí y un palestino, vedada en el currículum universitario de Israel por el gobierno de Netanyahu, recibió una peculiar respuesta en Tel Aviv   Por Jorge Elías Un beso pone en movimiento los 34 músculos faciales y otros 134 corporales. Da placer, pero también implica cierto esfuerzo y algún peligro. Un mililitro de saliva anida 100 millones de bacterias. Los nepaleses optaron por lo sano: no besarse. En China, recuerdo, un periódico advertía en los años noventa que la costumbre de besar era una “práctica vulgar, rayana en el canibalismo” que había sido implantada por los “invasores europeos”. En Sudáfrica no pueden besarse los menores de 16 años. En la India, el beso en público es tabú. Peor es en Indonesia: la sharia (ley islámica) castiga el beso con prisión, multas y latigazos. En Israel, el beso resultó ser una réplica a la decisión del Ministerio de Educación de excluir del currículum universitario la novela Gader Jayá (Borderline, en inglés; Una barrera viva, en castellano), de Dorit Rabinyan, (leer más)

Economía

Terminator versus Wall-E

¿Cómo será el mundo en 2050? La tendencia hacia el deterioro del empleo seguro, con robots capaces de reemplazar al ser humano, plantea un gran desafío para la próxima generación El futuro puede ser mejor de lo que los pesimistas entienden o peor de lo que los optimistas están dispuestos a explorar. En la ciudad japonesa de Sasebo, un dinosaurio mecánico y una mujer androide atienden con una sonrisa a los huéspedes del hotel Henn na (hotel Raro), sustituyendo al personal humano. En Buenos Aires, casi en coincidencia con su inauguración, más de mil científicos y expertos en inteligencia artificial y otras tecnologías se pronunciaron contra la proliferación de robots militares que, sin intervención humana, pueden ser “ideales para asesinatos, desestabilización de naciones, sometimiento de poblaciones y crímenes selectivos de etnias”. El escritor norteamericano de origen ruso Isaac Asimov acuñó la palabra robótica sin pensar, quizá, que la humanidad iba a verse envuelta en la discusión sobre los límites éticos de las máquinas. No se trata de drones ni de misiles, sino de seres autónomos (leer más)