Cultura

La otra cara de la Luna

Giacomo Casanova se describe a sí mismo como galante, caballeroso y amante fabuloso de 132 mujeres. Le lleva nueve años recordarlas, recordarse y recordarlo todo en sus memorias. Las escribe entre 1789 y 1798. Las termina, sin terminarlas del todo, en Dux (Duchcov, República Checa), a los 73 años de edad, en vísperas de su muerte. En ellas, el viajero romántico, hedonista gentil y ciudadano del mundo, traductor de la Ilíada y presunto coautor del libreto de Don Giovanni, exalta la gracia de las españolas, que “son muy hermosas” y “arden en deseos y siempre están dispuestas a favorecer algún enredo para engañar a todos los seres que las rodean a fin de espiar sus intrigas”. Da, también, la primicia de su homosexualidad. El nombre Casanova pasó a ser marca registrada y garantizada de conquista de mujeres. No viene al caso divinizarlo ni juzgarlo por sus inclinaciones sexuales, reservadas a la intimidad. En el imaginario popular, casanova con minúscula es sinónimo de seductor. Hasta tiene definición propia en el Diccionario de la Real Academia Española: (leer más)

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Política

Que no se vayan todos

El movimiento ultraconservador Tea Party saca partido del mal humor de la gente En 1862, Abraham Lincoln no pudo mantener la mayoría de número republicana en la Cámara de Representantes. Desde entonces, casi todos los presidentes de los Estados Unidos han besado el polvo en ese ámbito en las primeras elecciones de medio término de sus mandatos. Hubo pocas excepciones: Theodore Roosevelt en 1902, Franklin Roosevelt en 1934, Bill Clinton en 1998 y George W. Bush en 2002. Los otros derraparon, incluido Clinton en 1994. Dieciséis años después, con Barack Obama en la Casa Blanca, los demócratas perdieron el control de la Cámara baja y parte de la supremacía en el Senado. La disconformidad popular se ensañó, esta vez, con el promotor del cambio. Obama acusó recibo y se acusó a sí mismo: “Esta paliza me deja claro lo importante que es para un presidente salir de la burbuja de la Casa Blanca”. De la paliza pudo ufanarse Sarah Palin, puntal del ultraconservador Tea Party, encolerizada con “un presidente que, tal vez por primera vez (leer más)