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Política

Cambio de hábitos

Pocas veces titubea Madeleine Albright, la secretaria de Estado norteamericana. En la tarde del 15 de agosto de 1997, a eso de las cinco, no tuvo más remedio. En sus mejillas se había acentuado el rubor. No por el verano de Washington, habitualmente impiadoso, ni por exceso de maquillaje. “¿Estamos seguros de que la traducción es la correcta?”, inquirió. La intérprete, conteniendo la risa, asintió. Jesús Esquivel, mexicano, periodista de la agencia Notimex, le había preguntado al canciller Guido Di Tella si la designación de la Argentina como aliada extra-NATO de los Estados Unidos iba a incrementar las relaciones carnales entre ambos países. “Relaciones carnales”, dijo. La sala de conferencias del Departamento de Estado estalló en carcajadas. Todos, menos Albright, parecían conocer la frase. “Ahora tenemos formas más técnicas de definir nuestras relaciones”, repuso Di Tella, el autor de la ocurrencia que terminó en marca registrada. A Albright le susurró al oído: “Después le explico”. Ella entendió de qué se trataba y, abanicándose con la mano, concluyó: “Es un día caluroso de agosto”. Aún no (leer más)

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Fallos y fallas

SANTIAGO, Chile.– Justicia lenta no es justicia, dicen. Peor aún si es tardía. Pero, a veces, por más tardía que sea no deja de ser oportuna. O, al menos, reparadora de heridas que el tiempo no  logra cicatrizar. Es la contradicción Pinochet. Una prueba piloto a dos voces en favor de los derechos humanos y, a la vez, en desmedro de las soberanías nacionales. Algo parecido ha sido Kosovo, en donde la alianza atlántica (OTAN) intervino sin permiso en defensa de la minoría acosada por los arrebatos nacionalistas de Slobodan Milosevic. También pudo ser Timor Oriental desde el momento en que Indonesia no respetó la independencia que votó su gente. Y puede ser Pakistán, con el arsenal nuclear que ha quedado bajo la cama de un general golpista de intenciones más integristas que íntegras, o Colombia, carcomida por el caos de guerrilla, narcotráfico y paramilitares. De temer todo. O acaso el temor sea consecuencia de una nueva concepción del rompecabezas mundial apenas una década después de la caída del Muro. Sólo queda un saldo: los (leer más)

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Cortocircuitos globales

Y, de pronto, como otra reencarnación de Hitler, aparece un tal Joerg Haider. Y el mundo, descorazonado, estalla en mil rechazos. Y busca los motivos por los cuales un filonazi, o nazi a secas, gana tanto con tan poco en las elecciones legislativas de Austria. Y concluye que su discurso contra la inmigración, presunta causa del desempleo en Europa, rinde más que la prédica de los partidos tradicionales. Y dale que va. No reparó en un pequeño detalle: Haider, ahora detonante de la amenaza de ruptura de las relaciones de Israel con Austria, apeló en su campaña a dilemas tan concretos como el aburrimiento que provoca el sistema, el nepotismo de los políticos, la falta de certeza sobre el beneficio que reportará a su país la adopción del euro como moneda común de la Unión Europea, y la necesidad de reducir la burocracia estatal y los impuestos. Renovó el nacionalismo. O el nacionalsocialismo, si se quiere, con el antisemitismo implícito como valor agregado. Es la misma retórica que emplearon en su momento otras derechas extremas, (leer más)

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Resignación y valor

Fidel Castro irá dentro de poco a Anillaco, según Carlos Menem. Supongamos que un juez norteamericano, por instancias de los representantes de origen cubano del Capitolio, Ileana Ros-Lethinen y Lincoln Díaz-Ballart, exiliados desde pequeños en Florida, pide su detención en la Argentina y su extradición a Washington por violación de los derechos humanos. ¿Cómo reaccionaríamos? Saddam Hussein, según Hugo Chávez, estará el año próximo en la cumbre petrolera que se hará en Caracas. Supongamos que un juez de cualquier país desarrollado pide su detención en Venezuela y su extradición a la ciudad que sea por idéntico motivo o por cosas peores. ¿Cómo reaccionaríamos? Un ex presidente argentino o uno en ejercicio, no necesariamente de facto, puede viajar en cualquier momento a Europa, por ejemplo. Supongamos que un juez francés pide su detención en España y su extradición a París por los crímenes del Proceso que han sido descafeinados por las leyes de obediencia debida y de punto final. Por complicidad, digamos. ¿Cómo reaccionaríamos? Seguramente, la pasión política, el ansia de revancha o el hambre (ya (leer más)

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Muerto en las vísperas

Todo el mundo sabe que Mario Ruiz Massieu se suicidó el miércoles, víspera del Día de la Independencia en su país, México, pero nadie sabe quién lo hizo. O por qué, más allá de que su hermana supiera que en la cabeza del ex subprocurador general de Justicia, llamado zar de la lucha antidrogas, rondaba la idea, siempre descabellada, de arrancarse la vida antes de terminar sus días en prisión por narcotráfico, enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. Debía enfrentar 25 cargos por haber obtenido dinero a cambio de protección de los delincuentes a los que, se suponía, debía capturar. Ruiz Massieu, de 48 años, estaba vinculado con el extinto capo del cartel de Juárez, Amado Carrillo Fuentes, alias El Señor de los Cielos, y con los carteles del Golfo y de Tijuana. Presumía que iba a ser condenado a cadena perpétua por la corte de Houston, Texas. Estaba seguro, en realidad. De ahí, al parecer, el desenlace mientras cumplía arresto domiciliario en Palisades Park, Nueva Jersey. Cierra. No cierra, sin embargo, la causa de (leer más)

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Timoratos

La están pasando mal. Pésimo. Pero no reúnen las condiciones de Kosovo, con una etnia perseguida por un dictador con máscara de demócrata que se aisló del mundo, ni están en Europa. Les falta un Milosevic, con recomendación de captura internacional y recompensa por su cabeza, que amenace los intereses de las grandes potencias. El general Wiranto y la corte del caído Suharto no están a su altura. La diferencia entre Timor Oriental y Kosovo, según me explicaba un diplomático de las Naciones Unidas (ONU), radica en que el presidente de Indonesia, B. J. Habibie, a diferencia de Milosevic, no vedó la posibilidad de que la gente se pronunciara sobre el status de la isla ni cerró la puerta de su país frente a las narices del mundo. Ocho de cada diez personas se inclinaron por la independencia en el referendum del 30 de agosto. El dilema, ahora, es que que Habibie no puede impedir la barbarie que consuman a machetazos los paramilitares, indignados con el resultado. O no quiere. O no lo deja un (leer más)

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El oráculo de Chávez

CARACAS.– Cada tanto, según cuentan, Hugo Chávez echa mano de uno de esos libros que vocean los buhoneros (vendedores ambulantes) en los alrededores de la Plaza Bolívar. Es El Oráculo del Guerrero, ideal para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. Por el tamaño, no por el contenido. Su lectura no es necesariamente lineal. Dicen que Chávez, confiado en el azar, abre una página y, por ejemplo, lee: “Si combates en armonía con el Universo, no puedes sino vencer. Si combates porque es la única manera de recuperar el equilibrio perdido, no puedes sino vencer. Si combates porque has agotado todas las otras alternativas, no puedes sino vencer”. Y, según sus íntimos, actúa en consecuencia. Es algo más que cultura oriental al servicio de su causa. Es el trasfondo de una retórica agresiva que aflora cada vez que se defiende con encono de enemigos agazapados. O de fantasmas. Habla el idioma de la gente. E interpreta su rencor. De ahí, su popularidad. El resentimiento de Chávez contra la Acción Democrática (AD), socialdemócrata, (leer más)

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La Revolución Mexicana

Dos mexicanos van a caballo. “¡Que viva Zapata!”, exclama uno de ellos. “¡Que viva!”, replica el otro. A las tres horas, el primero exclama de nuevo: “¡Que viva Zapata!”. El otro replica: “¡Que viva!”. Pasan tres horas más. “¡Que viva Zapata!”, insiste el primero. “¡Que viva, sí, pero no tan lejos!”, replica el otro. Lejos quedaba también la posibilidad de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) echara mano, después de siete décadas de hegemonía en el poder, de una regla tan elemental fuera de México como soslayar la designación a dedo del próximo candidato presidencial. Y ahí está, sin embargo, latente, con cuatro precandidatos en campaña para las elecciones abiertas, no sólo internas, del 7 de noviembre. Ninguno de ellos puede bajarse del caballo, por más que sólo dos, Roberto Madrazo, peleado con el presidente Ernesto Zedillo, y Francisco Labatida, ex funcionario gubernamental, se perfilen como favoritos. Es casi, casi la segunda Revolución Mexicana. Segundas partes nunca habrán sido buenas, pero la renovación que emprendió el PRI promete ser algo más que mero maquillaje democrático (leer más)

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Cabeza de ruso

Desde el miércoles, el último día del milenio que vivimos en peligro, Discépolo tiene más autoridad científica que Nostradamus: el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también, pero, mientras tanto, sigue andando. Y los maquiavelos, como Boris Yeltsin, no reparan ni en los viernes 13 (a falta de un martes fatídico de igual signo) si deciden jugar el juego que mejor juegan, despachar primeros ministros en este caso, con tal de evitar sus propios eclipses. Eclipse que sombreará a Yeltsin, después de dos mandatos consecutivos que vedan un tercero, en las elecciones de julio del año próximo. Siempre y cuando se equivoque Mikhail Gorbachov en sus presagios. ¿Re-reelección al estilo latinoamericano? No precisamente. El mentor de la perestroika habló del impulso que cobraría la anexión de Bielorrusia a Rusia (en proporción, algo así como un grano de arena en el Caribe), en medio de la guerra santa que se desató con los rebeldes musulmanes en Daguestán y que se extendió a Chechenia o como correlato (leer más)

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Colombia: segundos, afuera

Dice un cable reservado del embajador norteamericano en Bogotá: “Estoy completamente en contra del ingreso de personal militar en Colombia. La existencia de planes de contingencia para fuerzas de tierra es dinamita. Representa un peligro para las relaciones entre los Estados Unidos y Colombia”. El cable, firmado por Covey Oliver, data del 26 de agosto de 1965. En ese momento, crispados los nervios en Washington por la expansión del comunismo en América latina desde Cuba, el presidente Lyndon Johnson ordena el desembarco de tropas en República Dominicana y evalúa una eventual intervención en Colombia. Intervención que, finalmente, no se concreta. Pero, con apoyo logístico norteamericano, aviones de la fuerza aérea colombiana pulverizan una sublevación campesina en el sur del país, en donde, con el respaldo financiero e ideológico de Fidel Castro, campean las llamadas repúblicas independientes. Mueren Pedro Brincos, Tarzán, Desquite, Puñaladas, Puente Roto y Sangre Negra, entre otros líderes de un incipiente grupo guerrillero, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ha nacido en 1964, un año antes, cual réplica al rechazo del (leer más)

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Chávez lo hizo

Hugo Chávez es tan populista como Perón, tan contrario al sistema como Fujimori y tan vanidoso como Menem. Con Perón comparte los gestos y la historia de un militar golpista que llega a la presidencia por las vías constitucionales, luego cambiadas a su antojo. Con Fujimori comparte la fórmula de la disolución del Congreso y de la Corte Suprema con tal de imponer su voluntad. Con Menem, y con los otros, comparte la egolatría. Son las tres fuentes con las cuales pavimentó el camino hacia la abrumadora victoria que obtuvo en las elecciones del domingo para la Asamblea Constituyente, llamada la soberanísima por él. Tan soberanísima que les ahorrará el trabajo a los elegidos: ya tiene redactada la Constitución en ciernes. La consigna de Chávez, abrazada en especial por los pobres, clase de la cual provienen los militares venezolanos, a diferencia de los argentinos y los chilenos, es salir de la crisis económica, terminar con la corrupción y refundar el país como la República Bolivariana, de modo de no esperar una década (dos períodos presidenciales) (leer más)

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Remedio casero

Otra vez, el presidente peruano, Alberto Fujimori, rompió el molde. O, peor aún, usó de nuevo un remedio casero que contradice las recetas magistrales de América latina: en lugar de promover el diálogo con la guerrilla, como intenta su par colombiano, Andrés Pastrana, se calzó el chullo (gorro de lana tejida) y, seguro de que las cámaras de la televisión de Lima iban detrás de él, señaló con el índice, desde el aire, el claro de la selva central de Huancayo en donde iba a caer Oscar Ramírez Durand, Feliciano, cabecilla de Sendero Rojo. Era el líder de la resaca de Sendero Luminoso desde la captura, en septiembe de 1992, de Abimael Guzmán, otro logro que se adjudica Fujimori, pero Feliciano, a diferencia de sus viejos camaradas, rechazó desde el comienzo el plan gubernamental para guerrilleros arrepentidos. La Operación Cerco había dado resultado, como la súbita liberación de los rehenes del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) que permanecieron en la residencia del embajador japonés en Lima desde el 17 de diciembre de 1996 hasta el (leer más)

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Kosovo al revés

Colombia parece Kosovo al revés: la limpieza étnica (sin reparar en etnias, en realidad) no está a cargo de un gobierno intolerante, sino de una guerrilla compulsiva que cobra impuestos y dicta justicia en un territorio cuatro veces más grande que la provincia yugoslava. Razón más que suficiente para que mucha gente, expuesta al pago de la vacuna (suerte de seguro contra secuestros), decida emigrar ante la tormentosa posibilidad de vivir bajo las reglas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o, fuera del área cedida en forma provisional por el gobierno con tal de favorecer el proceso de paz, del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Terrorismo interno es traición. Terrorismo internacional es guerra. Terrorismo en Colombia es traición y guerra a la vez: el proceso de paz empezó mal, con el presidente Andrés Pastrana plantado por el líder de las FARC, Manuel Marulanda, alias Tirofijo, en San Vicente del Caguán, santuario guerrillero de la jungla del Caquetá, y con demostraciones de fuerza que ya taladran las muelas de Bogotá mientras el diálogo, aplazado (leer más)

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El Cóndor pasa

Vaya coincidencia: el gobierno norteamericano destapa la lata de gusanos (definición de un agente de la CIA sobre los papeles que confirman los lazos entre Washington y Santiago antes, durante y después del brutal golpe de Estado de 1973) a pocas horas de que el presidente de Chile, Eduardo Frei, arranca una tibia promesa de sensibilidad de su par español, José María Aznar, con tal de que Pinochet pueda volver a casa. Frei, con mandato a plazo fijo hasta fin de año, aduce razones humanitarias (un neologismo para la colección de fin de siglo, como limpieza étnica y daños colaterales) en su afán de obtener piedad para el senador vitalicio que ha caído en desgracia, pero Aznar toma prudente distancia del asunto: el juez Baltasar Garzón, no su gobierno, giró el pedido de extradición por crímenes contra ciudadanos españoles en los años de plomo. Y la justicia, mi amigo, es independiente. Es una respuesta de circunstancia. ¿Quién podría negarle compasión a un hombre de 83 años con diabetes, depresión y problemas cardiorrespiratorios, por más que (leer más)

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Tiempo de revancha

BELGRADO.– Paz. ¿Paz? Paz no significa fin, sino apenas un intervalo entre la cacería étnica, los misiles de la alianza atlántica (OTAN), el regreso de los refugiados y el éxodo de los nuevos refugiados. Paz, en los Balcanes, no significa nada. Es, en todo caso, una sucesión de espantos, con casas destruidas por bombas o saqueadas por bestias, tumbas colectivas y muertos vivos que claman venganza a pedrada y balazo mientras se marchan los serbios y sus últimas tropas de Kosovo. Los albaneses que han sufrido la violación de sus mujeres y la deportación de sus familias, enrolados en el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), podrán deponer ahora las armas, pero, seguramente, conseguirán otras con tal de aventar fantasmas. Los otros, los serbios, podrán irse ahora, mordiendo polvo y cólera por la derrota, pero, seguramente, procurarán volver de algún modo, alentados desde Belgrado por el régimen de Slobodan Milosevic, el ultranacionalista Vojislav Seselj y el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Serbia, mientras Rusia, el único confidente confiable, busca un lugar en Kosovo (en (leer más)