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Política

Día de la independencia

El desafío para ambos candidatos es que los Estados Unidos nunca han tenido más prosperidad económica ni menos amenazas externas Al Gore confiesa: “Dicen que soy demasiado serio”. ¿Le suena? George W. Bush, a su vez, confiesa: “Heredamos un buen apellido, no los votos”. No le suena, seguramente. Pues, le suene o no, ambos están librando una batalla contra sí mismos. Contra sus propios temperamentos y contra sus propias historias. Contra sus limitaciones por no ser pioneros. En divanes separados, quizás escuchen: “Elimine la imagen de ese padre dominante, reniegue de su herencia y gane poder por medio de sus méritos”. Fácil, asentirían, pero cómo. Es un dilema. Sobre todo, en un país cuyo presidente, el más desprolijo de la historia, obtuvo, paradójicamente, las mejores notas de la historia después de haber librado una batalla contra sí mismo en la cual supo conjurar con virtudes públicas sus vicios privados. Pesado legado de Bill Clinton, por más que los Estados Unidos nunca hayan tenido más bonanza económica ni menos amenazas externas, que afecta tanto a Gore, (leer más)

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Casémonos vía México, Chile o Paraguay

La gira de Fox por el Cono Sur coincidió con el desafuero de Pinochet y con elecciones en el único país del Mercosur que no visitó ASUNCIÓN.– No sólo por la boca muere el pez. También muere por el puño. O por la letra: “En la vida militar se vive quizá con mayor claridad formal que en otra parte en la permanente dinámica de mandar y obedecer. En la organización militar quien no sepa mandar, no sirve. Y quien no sepa obedecer, tampoco sirve. Por lo demás, y aunque resulta un tanto drástico decirlo así, en la vida la persona que resulta más inútil es aquella que no sabe mandar ni obedecer”. ¿Napoleón? Frío. ¿Maquiavelo? Frío. ¿Bolívar? Más frío aún. Es una perla del pensamiento vivo de Pinochet. De su libro Política, politiquería y demagogia, editado en 1983. Párrafo, frío a secas, trascripto en el veredicto de la Corte de Apelaciones de Santiago por el cual, después de 10 años de impunidad como correlato de 17 de dictadura, ha sido despojado de sus fueros de (leer más)

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La vida no vale nada

La ETA, amenazante después de haber levantado la tregua, ha cometido casi 800 crímenes en poco más de tres décadas Justo el día en que el IRA hacía las paces con Irlanda del Norte, ETA reanudaba la guerra contra España. Ya no en el enclave vasco, sino, en forma potencial, en toda la península. Rompió de ese modo, el 3 de diciembre de 1999, la abstinencia unilateral de violencia que había declamado el 16 de septiembre de 1998. Tres meses después de haber asesinado en Rentería, Guipúzcoa, al concejal conservador Manuel Zamarreño. Muerte número 769 desde su primera víctima, el comisario de policía José Pardines, en 1968. La tregua duró casi 18 meses. Lapso en el cual, por primera vez en poco más de tres décadas de cócteles molotov, coches bomba y tiros en la nuca, no hubo crímenes. ¿Era una tregua, en realidad? Era una trampa. Como en el truco, ETA mintió sin mostrar los naipes con tal de hacer vacilar al gobierno de José María Aznar. Simuló afanes de paz tan falsos como (leer más)

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Somos mucho más que dos

Tanto Barak como Arafat quieren promover la apertura de posiciones cerradas en un conflicto que lleva más de 52 años Desde el apretón de manos entre Yitzhak Rabin y Yasser Arafat en la Casa Blanca, el 13 de septiembre de 1993, Bill Clinton cree con firmeza que la paz en el Medio Oriente depende, más que todo, de la buena voluntad de sus líderes. Capaces de lidiar con sus rivales domésticos como él con la oposición republicana del Congreso. Mayoritaria desde 1994. Y razona: si yo puedo, ellos también pueden. ¿Es tan simple? Seguro, según la lógica occidental. Poco afín, en verdad, con la realidad de Israel y de los países árabes. Que, en tren de resolver conflictos, usan otra vara. Menos democrática, a los ojos de este lado del mundo, y más efectiva, a los ojos de ellos mismos. A Dios rogando y con el mazo dando, en definitiva. En su nombre, al cual minorías israelíes y árabes han implorado por el fracaso de las negociaciones en Camp David, pueden hacer justicia y, asimismo, (leer más)

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Sorpresas te reserva la vida

Con sus botas negras, Vicente Fox pasa de ranchero, ejecutivo y empresario a presidente de un país en proceso de cambio CIUDAD DE MÉXICO.–            En medio de la campaña electoral, el Partido Acción Nacional (PAN) hizo cortorcircuito con la agrupación Amigos de Fox. Por una sencilla razón: tenía más adherentes la agrupación que afiliados el partido. ¡Chispas! Era intolerable que Vicente Fox, el candidato, fuera una marca registrada, cual producto de una estructura paralela, y que se valiera de las estrategias del  marketing, no de los métodos tradicionales, con tal de sumar voluntades. Voluntades foxistas, no necesariamente panistas. Lo nuevo asustaba. Sobre todo, por la posibilidad de que Fox, en caso de perder las elecciones presidenciales del 2 de julio, se quedara con buena parte del PAN, desvirtuando las raíces conservadoras con las cuales nació en 1939 como oposición del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Pelea diferente, en aquel entonces, contra el presidente Lázaro Cárdenas, padre de la nacionalización de los ferrocarriles; padre, a su vez, de Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del Partido de la Revolución Democrática (leer más)

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México insurgente

CIUDAD DE MÉXICO.– Afirmaba en 1909 el diario El Imparcial: “Una revolución en México es imposible”. Lo suscribía un empresario norteamericano vinculado con la industria del acero: “En todos los rincones de la república reina una paz envidiable”. Y lo confirmaba, cual pronóstico meteorológico, el poeta español Julio Sesto: “Ninguna nube negra hay en el horizonte”. Fallaron. A caballo venía marchando un hacendado poderoso e inquieto, Francisco I. Madero, que amenazaba con una protesta masiva contra el régimen del general Porfirio Díaz, vitalicio en el poder durante más de tres décadas, si había indicios de fraude en las elecciones de 1910. Era la mecha que iba encender la revolución. Revolución que, después de ensayos vanos, quedó plasmada en la identidad mexicana, con calles y con paseos que invocan su nombre. Y que, a su vez, fraguó las dos versiones previas del Partido Revolucionario Institucional (PRI): el Partido Nacional Revolucionario y el Partido de la Revolución Mexicana. Señala el historiador Enrique Krauze que Vicente Fox, el candidato opositor que pretende poner hoy una lápida sobre los (leer más)

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En el nombre del hijo

EN una honda depresión cayó el dictador sirio Hafez al Assad cuando murió su hijo favorito, Basel. Fue, en cierto modo, el comienzo de su propia muerte. De la muerte de una ilusión: que el mayor de sus cachorros se afilara las garras como un león. Como él, en realidad. Pero la ilusión descarriló en un accidente de tránsito, cerca del aeropuerto de Damasco. Convocó entonces, en 1994, a otro hijo, Bashar, estudiante de oftalmología en Londres, más identificado con las melodías de Phil Collins que con las trompetas del Palacio del Pueblo. Es más difícil asumir la muerte ajena que la propia. Sobre todo, si altera los planes de los deudos. Assad murió dos veces, en verdad, pero, aunque ya no esté, continúa rigiendo los destinos de Siria: el parlamento reformó a imagen y semejanza de Bashar la letra constitucional de modo de que, a los 34 años,  pueda asumir el poder, vedado antes hasta los 40. Se hizo la voluntad de Assad, en definitiva, acechado en vida, y post mórtem, por su hermano (leer más)

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Desaforados

Finalmente, la Organización de los Estados Americanos (OEA) demostró que podría pagar parte de sus deudas, originadas por mora de los países miembros, si se abstiene de mandar observadores a los procesos electorales. Es más barato confiar en la palabra de los ganadores, como Fujimori, que gastar dinero y tiempo, o viceversa, en levantar campamento por sospechas de fraude, dejando todo a la buena de Dios, para convalidar, después, las trampas advertidas entre bambalinas. O los observadores observaron mal, o los observados observaron mejor. Es un dilema. Quizás otro habría sido el desenlace en el Perú si los Estados Unidos no hubieran metido sus narices. La amenaza unilateral de sanciones, rechazada por la mayoría en la OEA, sólo despertó nacionalismos. O reparos. Esos que dictan, tanto en México como en Venezuela en vísperas de sus elecciones, que cada uno debe resolver sus asuntos en casa. Sin participación extranjera. Menos aún de los primos del Norte, imperialistas durante las dictaduras, intervencionistas desde Kosovo. Y, sin embargo, admirados por todos. Vaya contradicción. ¿Que podría haber hecho la (leer más)

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Durmiendo con el enemigo

Supongamos que un vecino del edificio golpea a la mujer frente a los hijos. Nos consta por el escándalo, en su departamento, y por el carácter de él. Agresivo, generalmente. ¿Qué podemos hacer? Ignorarlo, llamar a la policía o, armados de valor, tocar el timbre. Si vamos solos, quizá todo siga igual y nos ganemos, de puro comedidos, un enemigo que usa el mismo ascensor que nosotros. Si vamos acompañados (por los miembros del consorcio, digamos), quizás el hombre acepte razones y empiece a respetar las normas más elementales de la convivencia. Todo sea con tal de que ella, la mujer, no resulte herida. O más herida aún. Supongamos ahora que el vecino es Fujimori, que el edificio es América latina y que la mujer es la democracia. La mujer puede ser bonita o no tanto, pero no deja de ser mujer. A secas. Así como la democracia, fuerte o no tanto, no deja de ser democracia. A secas, también. En este caso, la mujer, o la democracia, es víctima de los arrebatos de un (leer más)

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Políticamente incorrecto

ASUNCIÓN.– Fue Peter Romero, cabeza de América latina en el Departamento de Estado, quien definió con mayor crudeza, y certeza, el dilema del Paraguay: comparó al Estado con un buque y al gobierno con un capitán. Y dijo, sin rodeos, que el mejor capitán no puede con el peor buque. Ergo, el mejor gobierno no puede con el peor Estado. Estado que acusó otro golpe, por más que no haya acertado en el mentón, en medio del acoso al que se ve sometido el gobierno de Luis González Macchi por un fantasma como Lino Oviedo que, desde las sombras, mueve a su antojo los hilos del país. Al extremo de llevarlo al borde del caos, como sucedió ahora, entre gallos y medianoche, con un cañonazo perdido que provocó más daños colaterales que un misil teledirigido. No dio en cualquier edificio, sino en el Congreso. Símbolo de un sistema. Del mejor que supimos conseguir. Vapuleado en el Paraguay con rumores frecuentes de golpes y otras desgracias. El gobierno, de hecho, sabía que algo iba a pasar. (leer más)

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Impacto andino

BOGOTÁ.– A la sombra de los Andes, en pueblos dejados a la buena de Dios, aparecen de pronto unos tipos amables, vestidos de civil y desarmados que se detienen a hablar con la gente en sus escasas veredas sanas. Tienen una virtud: saben escuchar. Pero entre pausa y pausa también saben meter sus bocadillos sobre la injusticia social y sobre la necesidad de terminar con la inseguridad (sea delincuencia común, sea abigeato). Están entrenados para ello. La gente, desconfiada al principio, comienza a sentirse contenida. Es, en la mayoría de los casos, la primera vez que unos forasteros que dominan su lengua (compatriotas que no viven en el pueblo) demuestran interés en sus problemas. Van tomando nota, mientras tanto, del estado de las calles y de las obras públicas, si las hay, y evalúan, sobre todo, el proceder de la policía. Del balance de esas pláticas informales surge el presupuesto de la ocupación gradual del pueblo. Será financiada, si cuadra, con el secuestro de un hacendado. Del primero de la zona, en realidad. Tarea fácil (leer más)

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Motines a bordo

Resistencia al cambio siempre hubo. Resistencia y miedo. Que llevaron a Octavio Paz, por ejemplo, a escribir: “Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo”. Del miedo al cambio. Sobre todo, en momentos en que no se ve, ni se vislumbra, la luz al final del túnel. Como ahora, tal vez. Destello de ello ha sido la derrota en las elecciones regionales italianas de Massimo D’Alema (en retirada después de haber sido el primer comunista converso que llegó al gobierno) frente al ultraderechista Silvio Berlusconi. Un outsider (forastero de la política), millonario y políticamente incorrecto como Ross Perot, que, a diferencia del norteamericano, supo obtener millones de votos gracias a la decepción de la gente con la partidocracia. Sinónimo de los aparatos que manejan los partidos tradicionales. En Italia, sin embargo, primó más el efecto arrastre de la onda conservadora que surca Europa (es decir, la resistencia al cambio) que una mala gestión de D’Alema. Onda conservadora, o revolución, que comenzó con la victoria en cadena (leer más)

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Belleza latinoamericana

Detrás de toda sombra de sospecha suelen alumbrar rayos de certeza. Indiscretos, tal vez, pero rayos de certeza al fin. Como las mañas y las artimañas de las cuales procuró valerse Alberto Fujimori con tal de hacer en el Perú lo que Carlos Menem no pudo en la Argentina: ser reelegido después de haber sido reelegido. Ser eterno en el poder, en definitiva. Vicio latinoamericano, acaso copiosa herencia de los mandatos vitalicios de caudillos de la talla de Juan Manuel de Rosas y de Porfirio Díaz, del cual parece que no pueden despojarse algunos presidentes democráticos. Tan democráticos que se resisten a recoger mansamente el consejo de los años (de los 10 que Fujimori lleva en el cargo, por ejemplo) y a renunciar graciosamente a las cosas de la juventud, como postula Desiderata. Pieza más compleja que las obras completas de Sócrates, por cierto. La obsesión de Fujimori, madre del desmadre, chocó con la sombra de una sospecha a gritos: el fraude. Que no alumbró, cual rayo, en las elecciones del domingo, sino en las (leer más)

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El shock del futuro

El coro griego de Poderosa Afrodita, la película de Woody Allen, pudo haber estallado con más estridencia que nunca en los oídos de Bill Gates: “¡Desastres, tragedias, abogados!”. Es la especie más temida en los Estados Unidos y, de hecho, coronó casi dos años de investigaciones con un veredicto no menos estridente contra Microsoft por haber violado la ley antimonopolio. Veredicto, no definitivo, que ha provocado desastres y tragedias en el índice Nasdaq, burbuja de acciones tecnológicas cuyos tenedores habrán sido los únicos que no sabían, o se rehusaban a admitir, que el juez Thomas Jackson iba a fallar contra el gigante informático de Seattle, la ciudad que rechazó la globalización, por haberse aprovechado de su posición dominante en los sistemas operativos de las computadoras con tal de prevalecer, también, en Internet. Porción del mercado que controlaba Netscape hasta que Microsoft apeló a prácticas depredadoras, según definió el juez Jackson, por medio de las cuales se valió para distribuir el software, timón de los navegadores, en forma gratuita (es decir, desleal) en desmedro de su (leer más)

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La última tentación de Castro

En la mirada de Elián parece cobrar vida una observación del principito: “Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles explicaciones una y otra vez”. Parece cobrar vida, también, una observación del piloto después de haberse visto obligado a aterrizar de emergencia: “Estaba más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano”. Estaba en medio del desierto, en realidad. Elián González está ahora en medio del desierto, o del océano, mientras los mayores, impiadosos, usan su nombre de pila con tal de sacar rédito de una causa política que lleva más de cuatro décadas: el régimen de Fidel Castro, embargado. Nombre raro Elián. Original, por cierto. Pero raro. Combinación imperfecta de Elizabet y de Juan. Tres letras de la madre, dos del padre y, cual signo de identidad, un acento indiscreto, latino. Nombre raro de un chico raro en un mundo raro en el cual, rareza al fin, soporta el asedio de los mayores, como el principito, después de haber (leer más)