El estafador que vendió la Torre Eiffel dos veces

El Danny Ocean de ‘Ocean’s 11’ y el Henry Gondorff de ‘El Golpe’ son sólo dos de los hijos de celuloide de Victor Lustig. Pero como de costumbre, la realidad supera la ficción. Fue el gran estafador del siglo XX, capaz de los timos más sorprendentes




El conde Von Lustig desaparecía y Victor Lustig recobraba su vida, la del estafador más famoso del siglo XX
Por Javier Márquez Sánchez | Forbes
Tenía un rostro vulgar, tosco, pero su aspecto cuidado y sus maneras refinadas eran suficientes para convencer. Hablaba inglés, alemán, francés e italiano y tenía una cultura exquisita. No en vano pertenecía a la nobleza europea. Era el joven conde Von Lustig, del Imperio Austrohúngaro, un personaje que acabó haciéndose popular en los trasatlánticos que recorrían la costa europea a comienzos del siglo XX. A bordo de ellos jugaba al póquer y al bridge con los nuevos ricos estadounidenses. A veces les ganaba y otras se dejaba ganar. Los invitaba a cenar y a champán, agasajaba a sus mujeres hasta donde lo permitían las buenas maneras y, sólo al final del viaje, cuando se había ganado su confianza, los desplumaba. Entonces, el conde Von Lustig desaparecía por una temporada y Victor Lustig volvía a recobrar su vida, la del estafador más famoso del siglo XX.

Nació el 4 de enero de 1890 en Hostinne, en la actual República Checa, hijo del alcalde de la misma localidad. Su padre lo envió a estudiar a Alemania y a Francia sin reparar en gastos, aunque el joven Lustig prefirió aprovechar esos fondos para reforzar su formación más allá de las aulas. No tardó en descubrir que el lujo y las mujeres eran un buen plan para pasar el resto de su vida, aunque también peligroso: ya a los 19 años sufrió la primera consecuencia de su apuesta hedonista cuando un novio celoso lo marcó para siempre cortándole la mejilla con una navaja. Como ocurre con las mejores leyendas, existen varias versiones para cada uno de los episodios de su vida.

Algunas varían en pequeños detalles y otras zozobran entre la crónica épica y la narración más realista. Pero nunca vulgar. Sean cuantas sean las versiones consultadas, la conclusión a la que se llega siempre es que Lustig fue un maestro en el campo de la estafa. Hasta una veintena de apodos pueden rastrearse de él a lo largo de su carrera, y hay constancia de al menos 45 arrestos, aunque casi siempre se las arreglaba no sólo para quedar en libertad sino para ser incluso compensado por las molestias.

Kansas, 1924. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, los cruceros europeos se suspendieron y Victor Lustig ve en EE UU una tierra más próspera para poner en marcha sus argucias. Allí conoce a Nicky Arnstein, un artista vividor y también estafador (al que dio vida Omar Shariff en la película Funny Girl) que refina las formas de Lustig convirtiéndolo en un profesional del timo aún más temible.

Junto a Arnstein, a lo largo de varios golpes que perpetran juntos, Lustig acaba con un par de bonos auténticos de 25.000 dólares cada uno. Pero, ¿por qué gastarlos si podía emplearlos como gancho para conseguir más dinero aún? Así es como el conde Von Lustig vuelve a cobrar vida, y con su aristocrático y un punto decadente porte europeo, se presenta en un banco de Kansas.

Nota completa: El estafador que vendió la Torre Eiffel dos veces



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