Ciudades y terrorismo: una relación inseparable y brutal

El argelino Ramdane Abane se preguntó en 1956 si era mejor matar a diez enemigos en un barranco remoto "cuando nadie hablará de ello" o "a un solo hombre en Argel, del cual se harán eco al día siguiente"




El origen de la palabra terrorismo: Le Terreur, pintura de Georg Heinrich Sieveking, en tiempos de Luis XVI y la Revolución Francesa
Por Jason Burke | The Guardian y eldiario.es

Hace casi 140 años, una oleada de bombas estalló en Londres. Aunque mataron relativamente a pocas personas, llamaron mucho la atención.

El trabajo de los extremistas irlandeses que trataban de hacer cambiar a la opinión pública y las ideas políticas sobre el futuro de la nación duró varios años. En octubre de 1883, uno de sus más sangrientos ataques hirió a 40 viajeros de metro que salían de la estación de Paddington. Otros de sus objetivos fueron la redacción del periódico  The Times, la columna de Nelson, la Torre de Londres y Scotland Yard.

A lo largo de la década, hubo otros ataques en otros lugares de  Europa perpetrados por varios grupos extremistas. Estos ataques estuvieron dirigidos contra teatros, óperas, el Parlamento francés y cafés. En 1920, Wall Street también fue atacado con una bomba.

La oleada de ataques comenzó a suscitar temores en torno a las tecnologías, tales como los temporizadores y la dinamita, de la cual se decía que era “barata como el jabón y común como el azúcar”. Suscitó también un debate sobre cómo proteger a las ciudades y a los medios de transporte masivos de la violencia.

Cerca de 150 años después, un repunte de ataques en grandes ciudades europeas han despertado los mismos temores. Los expertos cuentan lo fácil que es construir un artefacto explosivo que funcione con instrucciones que pueden encontrarse en Internet. Y también explican cómo podríamos (o no) proteger nuestros espacios públicos de la nueva estrategia que utiliza vehículos como arietes asesinos.

Después de que el año pasado un camión arrollase todo a su paso en medio de la multitud en un mercado navideño de Berlín, el jefe de policía Klaus Kandt señaló que con tantos posibles objetivos –había 2.500 mercados como ese en Alemania y unos 60 solo en Berlín– era imposible reducir el riesgo a cero.

Con tantos atentados en zonas urbanas en los últimos dos años, los habitantes de Londres, Manchester, París, Niza, Bruselas o Barcelona (por nombrar unos pocos lugares en los que se han producido ataques en los últimos 20 meses) han tenido poco tiempo para distanciarse de lo sucedido y analizar la última ola de violencia en una perspectiva más a largo plazo.

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