La encrucijada de Vietnam

La estrategia del país asiático consiste en acercarse a los Estados Unidos y a Japón sin descuidar su controvertida relación con China




Nguyen Xuan Phuc: el tercer mandatario asiático recibido por Donald Trump

Sonaron las alarmas en China cuando el primer ministro de Vietnam, Nguyen Xuan Phuc, estrechó en enero la mano de su par de Japón, Shinzo Abe, y en mayo la del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Ambas reuniones no sólo hicieron sonar las alarmas de China por el virtual realineamiento estratégico de un vecino con el cual comulga ideológicamente y mantiene lazos comerciales, sino también por el diferendo del Mar de China Meridional (Mar del Este, según la cartografía vietnamita). Un mar de 3,5 millones de kilómetros cuadrados, salpicado de islas artificiales diseminadas por China, cuya soberanía reclama media docena de países.

En esas aguas encrespadas, sobre las cuales la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya falló a favor del reclamo de Filipinas en 2016, hubo mucho oleaje en poco tiempo. Un buque de guerra norteamericano navegó a 12 millas náuticas de dos de las islas artificiales chinas. Guardias costeros de Vietnam y de Japón realizaron un simulacro de prevención de la pesca ilegal. Y casi en forma simultánea, en otras latitudes, el presidente de China, Xi Jinping, presentó el primer portaviones construido en su país, de modo de exhibir su poderío militar. Tres señales aparentemente disociadas que exhiben la magnitud del conflicto.

China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunei y Taiwán demandan parte o la totalidad del área marítima y de las cadenas de islas Paracel y Spratly, rodeadas de atolones, cayos, bancos de arena y arrecifes. Las islas están deshabitadas, pero concentran una gran reserva pesquera y un caudal importante de recursos naturales, como petróleo y gas. Tienen por sí mismas un alto valor geoestratégico. China pide la mayor porción, llamada “la línea de los nueve puntos”. Alega que sus reclamos se remontan a los años cuarenta del siglo XX. Vietnam replica que su predominio data del siglo XVII.

En 2014, a cuatro décadas de la breve y sangrienta guerra entre China y Vietnam, la compañía estatal china remolcó una plataforma petrolífera cerca de las islas Paracel, a unas 120 millas náuticas de Vietnam. Estalló un enfrentamiento marítimo que, en tierra, derivó en protestas de trabajadores vietnamitas contra China. Se trató de una medida aleatoria de China para disuadir a Vietnam, concentrado en la exploración de gas y de petróleo en esas aguas, patrulladas por los Estados Unidos. Tan sensible es el diferendo que la Asamblea Nacional de Vietnam declaró la soberanía sobre algunas zonas de las islas y, un día después, China emitió una queja diplomática.

Japón mantiene su propio diferendo con China. Es por las islas Senkaku, en el Océano Pacífico, también reclamadas por Taiwán. El primer ministro Abe le confesó a su par Phuc la intención de Japón de multiplicar las inversiones en Vietnam.  Le puso como condición una mayor coordinación en la seguridad del disputado Mar de China Meridional en rechazo a cualquier acción unilateral. De China, en realidad, bajo la lupa de India por sus actividades en el Pacífico, de Australia por su desarrollo naval y del mundo por su docilidad con el régimen de Corea del Norte.

Diferente es la relación entre Vietnam y los Estados Unidos, restablecida por Bill Clinton en 1995. Acampa a la sombra de la guerra más larga y traumática de la historia norteamericana. Phuc resultó ser el tercer mandatario asiático que estuvo con Trump después de Abe y de Xi. El final del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y del Acuerdo de París sobre el cambio climático, resuelto por Trump, han sido malas noticias para Vietnam. Su desafío radica en preservar en un fino equilibrio el vínculo con los Estados Unidos, así como con Japón y con China, en un contexto difícil. Plagado de cortocircuitos que cada tanto hacen sonar las alarmas.

Jorge Elías
@JorgeEliasInter



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