Titulares

Échale la culpa a Obama

Del manual político de Trump (en elaboración): cómo convertir una sospecha sin fundamento en una estrategia de distracción

De los creadores de "Obama nació en Kenya"

Lapidario, el director del FBI, James Comey, desestimó la imputación de Donald Trump contra Barack Obama. Lo acusaba de haberlo espiado durante la campaña de 2016. Una denuncia sensacional, pero sin fundamento. ¿Cómo surgió? El conductor de un programa de radio, Mark Levin, lanzó la historia al aire. Obama se habría valido de “medios del gobierno federal” para intervenir la línea telefónica de Trump. De ser cierto, era “el gran escándalo”, como lo definió Levin. El sitio Breitbart News, antes dirigido por Steve Bannon, jefe de estrategia de la Casa Blanca, la echó a rodar cual bola de nieve.

En menos de 24 horas, Trump disparó furibundos tuits contra su antecesor: “¡Terrible! Acabo de enterarme de que Obama tenía mis líneas pinchadas en la Torre Trump antes de la victoria. No se encontró nada. Esto es ¡McCarthyismo!”. Asombroso. El presidente de los Estados Unidos, nada menos, había comprado la idea de la conspiración. Y comenzó de ese modo una caza de brujas al estilo de las emprendidas por el senador republicano Joseph McCarthy en los años cincuenta contra funcionarios gubernamentales que eran sospechosos de ser agentes soviéticos.

Los antecesores de Trump medían sus palabras. Jamás decían algo de lo que podían arrepentirse. Trump se deja llevar por un círculo minúsculo capaz de llevarlo al borde de la hoguera sin más pruebas que recelos o elucubraciones. Se trata de una estrategia de distracción. La versión sobre el espionaje de Obama coincidió con la decisión del procurador general, Jeff Sessions, de no participar de la investigación federal sobre los vínculos del gobierno con Rusia. Su actitud, aplaudida por Trump, no convenció ni a sus propios correligionarios republicanos.

El arte de ser Donald

Otros hombres del presidente también tuvieron alguna relación con el gobierno de Vladimir Putin: Paul Manafort, Roger Stone, Carter Page, Michael Flynn, Rex Tillerson… El mismo Trump, según su hijo. Su yerno, Jared Kushner, el marido de Ivanka Trump, debe comparecer ante el Comité de Inteligencia del Senado en su calidad de asesor presidencial. Kushner dirige la Oficina de Innovación Estadounidense, creada por Trump para aplicar ideas empresariales en la administración federal. Le queda el camino expedito después del desmantelamiento de las medidas de Obama para reducir las emisiones contaminantes que provocan el calentamiento global.

El encono de Trump contra Obama y la investigación del FBI sobre la influencia de Rusia en su triunfo de 2016 tiene dos raíces, infiere Tim O’Brien, autor de la biografía TrumpNation, publicada en 2005. Por un lado, su mentor en la era McCarthy, el abogado Roy Cohn, le inculcó que nunca cediera ni admitiera sus errores. Por el otro, la espina que nunca se quitó tras su cruzada contra Edward Koch, antiguo alcalde demócrata de Nueva York, por haberle hecho perder dinero en sus negocios de bienes raíces y juegos de azar en Atlantic City.

La historia de Levin, amplificada por Trump y los suyos, encontró un vocero calificado. El periodista Rush Limbaugh, vozarrón reverenciado por los conservadores, le puso el nombre de “golpe silencioso”. El árbol cubría el bosque. En enero, las agencias de inteligencia concluyeron que Putin había ordenado una operación encubierta para minar las aspiraciones de Hillary Clinton y favorecer a Trump en las elecciones. Los contactos con el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak, minaron la carrera de Flynn como consejero de Seguridad Nacional, de apenas 24 días.

Trump se recuesta en sus adversarios para eludir conflictos. Después de las elecciones, en las cuales Hillary se alzó con el voto popular, aseguró que tres millones de personas habían sufragado en forma irregular. Ni los republicanos ni los demócratas pudieron comprobarlo. De Obama llegó a decir que no nació en los Estados Unidos y que era el fundador del Daesh o Estado Islámico. Nunca se desdijo. En los primeros 50 días en la Casa Blanca, The Washington Post contó “194 alegaciones falsas o engañosas” de Trump. Un récord en un país que tumbó a un presidente y estuvo a punto de hacerlo con otro por ocultar la verdad.

Publicado en Télam

 

Jorge Elías
@JorgeEliasInter | @Elinterin
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