Mucho para pocos

De ser un país, Bill Gates ocuparía con su fortuna el lugar número 67 de las economías del mundo




Bill Gates, otra vez al tope entre los multimillonarios

Dólares más, dólares menos, el patrimonio del hombre más rico del planeta, Bill Gates, equivale al 0,5 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) de los Estados Unidos. Su fortuna, estimada en 86.400 millones de dólares por la revista Forbes, supera en forma individual el PBI de 125 países. Entre ellos, once de América latina. De ser un país, el creador de Microsoft, con inversiones en Canadian National Railway, la red ferroviaria más extensa de Canadá, y Ecolab Inc., empresa que presta servicios de agua, higiene y energía, ocuparía el lugar número 67 en el mundo.

Los multimillonarios como Gates eran 62 en 2015. Cabían en un autobús de dos pisos. En 2016 entraban en un carrito de golf. En 2017 quizá vayan en una moto. El crecimiento económico global beneficia con creces a los más ricos en desmedro de los más pobres. Ocho personas (ocho hombres, en realidad) concentran igual riqueza que 3.600 millones, la mitad más pobre de la población mundial, según la organización no gubernamental Oxfam. El grupo se ha reducido en forma considerable en los últimos años. En 2010 eran 388. En 2011, 177. En 2012, 159. En 2013, 92. En 2014, 80. Y así sucesivamente hasta los ocho magníficos de 2017.

La tendencia es correcta, pero el informe Una economía para el 99%, basado en un estudio sobre la riqueza global de Credit Suisse, contiene “errores metodológicos que llevan a exagerar los resultados”, observa Xavier Sala-i-Martín, catedrático de economía de la Universidad de Columbia y asesor del World Economic Forum. Sala-i-Martín coincide en las críticas contra “el exceso de influencia política de algunas empresas multinacionales (el capitalismo de amiguetes), los agujeros legales que permiten que las grandes corporaciones eludan impuestos, las puertas giratorias y la corrupción”. Discrepa de los cálculos.

Si un ciudadano norteamericano posee 10.000 dólares y un colombiano posee tres millones de pesos, el primero, al tipo de cambio actual, es diez veces más rico que el otro. Pero los precios en Colombia son más bajos que en los Estados Unidos. El norteamericano podría adquirir con todo su dinero 1.250 Big Macs, mientras que al colombiano apenas le alcanzaría para 210. Eso significa que el norteamericano es seis veces más rico que el colombiano, no diez. Para ser diez veces menos rico que el norteamericano, el colombiano debería cambiar sus tres millones de pesos por 1.000 dólares en un banco de su país y gastarlos en los Estados Unidos.

De todos modos, admite Sala-i-Martín, el sistema permite a los supermillonarios seguir siéndolo. . “We are the 99%” o “Somos el 99%” era el lema de Occupy Wall Street, el movimiento que irrumpió en Nueva York en 2011, poco después de la aparición de los indignados en España. En 2016, el año más caluroso del que se tiene constancia a raíz del calentamiento global, la alta temperatura del malhumor global se canalizó en el Brexit y en Donald Trump, síntomas de un mundo cada vez más polarizado y disgustado

Algunos datos del informe de Oxfam, al margen de las dudas sobre el rigor matemático expuestas por Sala-i-Martín, no dejan de ser preocupantes:

  • Los ingresos del 10 por ciento más pobre de la población mundial han aumentado menos de tres dólares por año entre 1988 y 2011, mientras que los del uno por ciento más rico se han incrementado 182 veces.
  • En 2015, las diez mayores compañías del mundo superaron en facturación los ingresos públicos de 180 países
  • El uso de paraísos fiscales causa pérdidas anuales de unos 100.000 millones de dólares a los países en desarrollo.
  • El director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100 (los 100 principales valores de la Bolsa de Londres) gana en un año lo mismo que 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh en el mismo período.
  • En Vietnam, el hombre más rico gana en un día más que la persona más pobre en 10 años.

¿Qué podemos rescatar? Que estamos más sanos que nunca, que la expectativa de vida aumenta y que, a pesar de las visiones retrógradas sobre un pasado mejor, la mortalidad infantil se ha reducido y la alfabetización se ha incrementado hasta en África, habitualmente acuciada por el desamparo y la postergación. No es poco, más allá de la progresiva desigualdad. La riqueza de Gates representa un 16 por ciento de la economía argentina, un 25 de la colombiana o un 90 por ciento de la ecuatoriana. Un argentino con un ingreso mensual de 20.000 pesos debería trabajar sin parar ni tener gastos ni pagar impuestos unos 417.968 años para alcanzarlo, según la odiosa Calculadora Bill Gates, diseñada para medir esa utopía.

En los Estados Unidos, apunta el economista francés Thomas Piketty, autor del libro El capital en el siglo XXI, los ingresos de la mitad más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del uno por ciento más rico han aumentado un 300 por ciento. “La concentración extrema de riqueza crea la concentración extrema de poder”, me dice la coordinadora de la campaña de Oxfam contra la desigualdad en América latina y el Caribe, Rosa Cañete, desde la República Dominicana. Trump no figura entre los ocho magníficos, pero, cual modelo de muchos e ilusión de pocos, responde a esa premisa: concentra riqueza y, ahora, poder.

Publicado en Télam

Jorge Elías
@JorgeEliasInter | @Elinterin
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