Al rescate del Mercosur

La canciller argentina, Susana Malcorra, comentó en el CARI que sería absurdo tirar por la borda el esfuerzo que ha demandado la construcción del bloque regional




Malcorra, acompañada por Rodríguez Giavarini, "desideologizando las relaciones" con el mundo

Por Jorge Elías

El Mercosur está lejos de coronar los sueños de sus fundadores, pero, según la canciller argentina, Susana Malcorra, “sería absurdo tirar por la borda el esfuerzo que ha demandado su construcción”. Se trata, dijo, de la prioridad de la política exterior del país; seguida por América latina, “desideologizando las relaciones”; los Estados Unidos, “eje fundamental desde el punto de vista político y económico”; la Unión Europea (UE), convulsionada por el “sobredimensionado” impacto en los mercados de la salida del Reino Unido, y Asia, “más allá de los vínculos con China y Rusia”, cobijados por el gobierno anterior, así como Medio Oriente y los países del Golfo Pérsico.

De profesión ingeniera electrónica, Malcorra prefiere “que los vectores estén alineados” dentro de esos círculos, como explicó durante una reunión de trabajo con miembros del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). “No podemos negar el sol”, agregó. Los vectores están desalineados en el Mercosur, debilitado por las crisis de Brasil y de Venezuela y por las diferencias entre sus miembros. En julio, la presidencia pro témpore pasará al gobierno de Nicolás Maduro, tan alejado del bloque tradicional, compuesto por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, como del posible acuerdo de libre comercio con la UE.

La inclusión de Argentina en la Alianza del Pacífico como país observador representa “una señal de interés”, señaló Malcorra en compañía del ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, presidente del CARI, y de empresarios, banqueros, académicos, economistas y periodistas. La señal de interés, quiso decir, es mutua, sobre todo por el encasillamiento del país en la última década en relaciones estrechas con gobiernos afines. La apertura consiste “en fortalecer la suma de las partes y crecer en la cadena de valor”, en el caso del Mercosur, sin temer acuerdos con varios países y bloques a la vez. “No hay contradicción entre la UE y Asia”, rubricó.

En tiempos en que miles de personas mueren en el intento de hallar refugio en Europa mientras el Reino Unido va a contramano de la historia, acaso como los coches que circulan por la izquierda en sus calles, la integración parece ser la moneda de cambio, sea en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) “en tanto nos quieran recibir”; sea en el G20, del cual Argentina será sede en 2018; sea en el proceso de paz de Colombia, cuya misión de observadores estará a cargo de un militar argentino; sea, inclusive, en Venezuela, propiciando el diálogo.

En el mundo, observó Malcorra, se nota una enorme “falta de seguridad alimentaria”. Es la veta que deberían aprovechar Argentina y sus socios regionales. En el continente, la Unasur “ha sido una plataforma de integración dialéctica”, subrayó. Lo cual no quita, como ocurre con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que también se privilegie a la Organización de los Estados Americanos (OEA), vilipendiada por Maduro como un órgano al servicio de su eventual derrocamiento hasta que el llamado al diálogo con la oposición, dentro de los parámetros constitucionales, alejó el fantasma de una virtual sanción. Traducido: hasta que el viento sopló a su favor.

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