Titulares

Yo y el mundo

En primera persona

Los millennials, nacidos entre 1980 y 1996, son más narcisistas e idealistas que las generaciones anteriores, pero enfrentan peores perspectivas económicas 

Por Jorge Elías

¿Qué impulsa a jóvenes de 20 a 36 años de edad a votar por un senador veterano con un discurso de izquierda como candidato presidencial en las primarias demócratas de los Estados Unidos? El 55 por ciento apoya a Bernie Sanders en desmedro del 38 por ciento que se inclina por la favorita, Hillary Clinton, y el 22 por ciento que prefiere al presumible puntal republicano, Donald Trump, según Gallup. Esa franja compone la Generación Y, también llamada Generación del Milenio, Millennial o Milénica, sucesora de la Generación X (de 37 a 51 años), los baby boomers (de 52 a 70) y los tradicionalistas (de más de 71 años).

Los Y, nacidos entre 1980 y 1996, supondrán la fuerza laboral del mundo en 2025. En general, pretenden trabajar 30 horas por semana y cobrar salarios razonables, pero, a diferencia de las generaciones anteriores, están conectados todo el tiempo, son más narcisistas y optan por gastar dinero en lo que quieren, no en lo que necesitan. La mayoría confía más en los emprendimientos personales que en el crecimiento dentro de una compañía. Dos de cada cinco no consiguen empleo u ocupan puestos esporádicos, cobran poco y no pueden salir de la pobreza, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En la película Reality bites (La realidad muerde), espejo de la Generación X en la década del noventa, Troy resume sus convicciones en cinco latigazos: “Vamos camino a la nada”. A los veinte años de edad lleva perdidos varios empleos. No tiene modelos ni metas. Está harto de todo, excepto de sus amigos. Es el reverso del yuppie que retrata Bret Easton Ellis en la novela American Psycho: “Soy creativo, soy joven, no tengo escrúpulos, estoy motivado a tope, soy ingenioso a tope –fanfarronea Price–. En esencia lo que digo es que la sociedad no puede permitirse el lujo de prescindir de mí. Soy una buena inversión”.

Douglas Coupland tomó la posta en su primera novela, Generación X, llevada al cine con otro título y con Troy como uno de sus protagonistas: “Los yuppies nunca apuestan: calculan –dispara Andy, el narrador de la novela–. Carecen de aura. ¿Has estado alguna vez en una fiesta de yuppies? Es como estar en un cuarto vacío: unos hologramas vacíos de personas que andan por allí mirándose de reojo en los espejos y echándose disimuladamente pulverizador contra el mal aliento, por si se da el caso de que tengan que besar a otros espectros como ellos. Allí no hay nada”.

En la película, Troy se recluye con sus amigos Lelaina, Vicky y Sammy en una casa de Los Ángeles. “Un buen cigarrillo y cinco minutos de buena conversación es todo lo que necesito”, arguye. En la novela, Andy se recluye con sus amigos Claire y Dag a orillas del desierto y, de vez en cuando, visita la ciudad. “En Palm Springs no hay clima como en la tele”, se ufana. Los muchachos de la novela Generación X menosprecian el porvenir con su dirty look (aspecto sucio, llamado grunge) y son más propensos a los trabajos temporarios (Macjobs) que a los convencionales. Las oficinas son, a sus ojos, meros puntos de engorde.

En eso se parecen a los millennials norteamericanos, nietos del amor libre (negado por el sida) y de Vietnam (superado por la primera guerra del Golfo). En su siguiente novela, Planeta Champú, Coupland insiste: “¿Sabes cuál es el rasgo más característico de la clase media, Tyler? La capacidad para posponer el placer”. Los X anteponen la amistad al sexo, la intimidad al bullicio y una pizza con cerveza al BMW, pero jamás pierden de vista las novedades del mercado.

Los Y, mejor formados y peor pagados, postergan el compromiso sentimental. En 2014, por primera vez en 130 años, más adultos de 18 a 34 años de edad vivían en las casas de sus padres que en sus propias viviendas con sus cónyuges o parejas, según el Pew Research Center. Responden al patrón de Andy en la novela Generación X: “¿Por qué trabajar? –se pregunta–. ¿Sólo para comprar más cosas? ¿Qué es lo que hace que merezcamos más helados, el calzado deportivo y los trajes italianos de lana?”.

Aguijoneado por la desigualdad, el 48 por ciento de la camada de 18 a 29 años de edad nota que está descompuesto el ascensor social, motor del sueño americano, según el Instituto de Políticas de Harvard. Se identifican más con causas políticas, vía petición online, que con partidos políticos. Por eso, supongo, votan por Sanders, no por Hillary, asociada con el establishment. Ellos, los Y o millennials, abominan las jerarquías, quizá como todos nosotros a cualquier edad.

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