Beso a beso




Vancouver, Canadá, 2011: un beso puede más que los disturbios provocados por la derrota del equipo local de hockey sobre hielo, los Canucks

Cada 13 de abril se celebra el Día Internacional del Beso gracias a una pareja tailandesa que estableció en esa fecha en 2011 un récord mundial al besarse durante 46 horas y superarse a sí misma, al año siguiente, con un beso de 58 horas de duración

Por Jorge Elías

Más de 500 personas formaron con sus cuerpos labios gigantescos, lanzaron globos al aire y, después, se concentraron en un apasionado beso. ¿Románticos? Sí y, también, rusos. Ocurrió en la ciudad de Nizhni Novgorod. El beso tiene su día internacional, el 13 de abril de cada año, por la proeza de una pareja tailandesa que permaneció con los labios sellados durante 46 horas en 2011 y se superó a sí misma, al año siguiente, con otro beso de larga duración, 58 horas, 35 minutos y 58 segundos.

Lo del Día Internacional del Beso tiene su correlato nacional. Data del siglo XIX en Gran Bretaña. En Moscú son habituales los besos prolongados en las escaleras mecánicas del metro, de 126 metros de profundidad. Los rusos pretenden arrebatarle el título de capital mundial del beso a la ciudad de México: en 2010, unos 40.000 romeos y julietas compusieron el beso más grande de la historia en la plaza del Zócalo.

En Guanajuato, México, el beso tiene su propio callejón. En el Callejón del Beso, las paredes distan a menos de un metro y medio. Hay dos balcones, uno de cada lado, a la misma altura. Cuenta la leyenda que vivía en el derecho una muchacha bonita, hija de españoles ricos, y en el izquierdo un minero pobre. Estaban enamorados y, como sus familias se odiaban, se veían en forma clandestina desde los balcones. Los sorprendió una noche, besándose de balcón a balcón, el padre de ella. Montó en cólera y amenazó a su hija. No le hicieron caso. La segunda vez que los vio resultó decisiva: el hombre mató a la muchacha con una daga mientras su enamorado le besaba la mano.

En el Callejón del Beso, las parejas procuran asegurarse siete años de felicidad con un efusivo beso. El ayuntamiento de Guanajuato, aparentemente asqueado de tanto intercambio de fluidos a la vista de todo el mundo, impuso multas y detenciones a quienes osaran besarse en público en la ciudad, considerada patrimonio histórico de la humanidad. La prohibición no prosperó. Guanajuato pretende ser ahora la “capital del beso”.

¿Por qué un beso puede provocar ternura en unos y rechazo en otros? En Estambul, Turquía, el conductor del autobús 25-T hizo chirriar los neumáticos mientras tronaba: “Éste no es lugar para el sexo”. Hizo bajar a una parejita que iba de la mano en los primeros asientos. Un testigo del exabrupto, Gökçe Koç, estudiante de 28 años de edad, no pudo reprimir su indignación: “Este autobús no es suyo ni de Recep Tayyip Erdogan [el presidente], sino del público”.

El muchacho recibió como reprimenda un puñetazo de otro pasajero. El escándalo invadió los medios de comunicación y las redes sociales. Decenas de jóvenes empezaron a tomar autobuses para aplaudir y besarse durante el trayecto y, de ese modo, solidarizarse con los amonestados y su súbito defensor.

Un beso puede darse en señal de afecto o de reprobación. En Montevideo, Uruguay, el colectivo homosexual organizó una “besada masiva”, llamada “chuponeada”, frente a una discoteca que había expulsado a dos de los suyos por besarse en la pista de baile. En Santiago de Chile, miles de estudiantes universitarios y secundarios realizaron con sus profesores un “besatón” en protesta contra las reformas de la educación pública. En Vancouver, Canadá, una pareja se hizo famosa en 2011 por una foto en la cual aparecen besándose en la calle, rodeados de policías, en medio de violentos disturbios por la derrota del equipo local de hockey sobre hielo, los Canucks.

En San Petersburgo, Rusia, un tal Potselyuev (potseluy es beso en ruso) era propietario del bar El Beso, al lado del Puente del Beso, en el siglo XVIII. Era en esos tiempos el sitio de las citas secretas y, para los que partían de la ciudad, de las despedidas. Es ahora el escenario habitual de las fotos de bodas, siempre selladas con un beso. En esa ciudad, también patrimonio de la humanidad, “besarse es mejor que fumar”.

Besar es una expresión de afecto y, al mismo tiempo, un arte que, cual terapia, baja la energía negativa, el estrés y la depresión; estimula las zonas del cerebro que dan la sensación de bienestar, y fortalece el sistema inmunológico para prevenir enfermedades. Por si fuera poco, mejora el ritmo sanguíneo e inhibe el avance de las arrugas. Contribuye, también, a una dieta equilibrada. Un beso ardiente puede aumentar el ritmo cardíaco hasta 150 latidos y, como si uno corriera un kilómetro, eliminar hasta dos calorías por minuto. Tres besos de 20 minutos de duración cada mañana crean buen humor para todo el día, según evaluaron psicólogos de la Universidad de Berlín. Y saben mejor que la aspirina.

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