¿Cómo conservar un jarrón chino?




Los ex presidentes son como los jarrones chinos: bellos, valiosos y casi inútiles. Felipe González, presidente del gobierno español desde 1982 hasta 1996, suele atribuirse esa sarcástica comparación incluyéndose a sí mismo. No le falta razón. En un mundo de 7.000 millones de habitantes, apenas 194 países, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), o 204, según la lista de participantes de los Juegos Olímpicos de Londres, deben velar por el retiro de sus mandatarios, a veces venturoso, a veces no tanto. En América latina, con su renovada democracia excepto en Cuba, la alternancia no deja de ser un fenómeno novedoso y, sobre todo, saludable.

El ex presidente chileno Sebastián Piñera, predecesor de la reincidente Michelle Bachelet, dice que no ejercerá cargos partidarios ni se postulará para la presidencia en 2017. Otros ex presidentes chilenos, Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, realizan actividades académicas y tareas en organismos internacionales. En Brasil, Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inacio Lula da Silva colgaron los hábitos, aunque no las mañas, cuando concluyeron sus respectivos mandatos. En Colombia, la Corte Constitucional frenó el referéndum con el cual Álvaro Uribe, ahora senador, pretendía legitimar su segunda relección después de ocho años de gobierno.

Ese es el problema: que se crean imprescindibles y, como ocurrió en los noventa con Cardoso, resulten reelegidos tras impulsar reformas constitucionales con ese único fin. En esos años, Carlos Menem en la Argentina y Alberto Fujimori en Perú hicieron lo mismo. En Guatemala, donde está prohibido un segundo mandato como en México, Paraguay y Honduras, la ex primera dama Sandra Torres se divorció en 2011 del presidente Álvaro Colom para burlar las limitaciones para ser candidatos de los parientes del mandatario en ejercicio; vetó su ambición la Corte de Constitucionalidad.

En Bolivia, Ecuador, Chile, Uruguay, Panamá, Nicaragua y Costa Rica, el presidente debe esperar un período para volver a postularse. Tretas siempre hay. El presidente de Bolivia, Evo Morales, elegido en 2005, convocó en 2009 a presidenciales. Lo hizo antes de cumplir los cinco años de gobierno para iniciar el mandato bajo las reglas del Estado Plurinacional, surgido de la reforma constitucional alentada por su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS). Como la nueva Constitución le permite un mandato de “cinco años” y puede ser reelegido “por una sola vez de manera continua”, Morales será candidato este año por no haber completado el primer período.

La obsesión por la relección perpetua, reprobada por la ciudadanía venezolana cuando intentó legitimarla el difunto Hugo Chávez, ha de guardar relación con el auge de la longevidad en buena parte del planeta. Venezuela, Brasil, Colombia, la República Dominicana y la Argentina, como los Estados Unidos, admiten dos períodos presidenciales consecutivos, pero, a diferencia de los Estados Unidos, algunos países de América latina insisten en forjar presidentes fuertes que también son como jarrones chinos: bellos, valiosos y, en apariencia, insustituibles. Hasta que caen por una de las pocas leyes que no pueden derogar: la ley de la gravedad.



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