El Sur también existe




La vida te da sorpresas: en las últimas décadas, países de América latina y otras regiones en desarrollo han sacado a millones de personas de la pobreza y posibilitado el surgimiento de una nueva clase media global. El súbito ascenso del Sur, plasmado en el Informe sobre Desarrollo Humano 2013 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha transformado en forma radical el mundo del siglo XXI. El cambio nunca había sido tan profundo ni tan rápido ni tan complejo. Lo advirtió Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado: aconsejó no hablar de “multipolaridad”, sino de “asociaciones múltiples”.

El mundo no es multipolar, unipolar o caótico; es las tres cosas a la vez. Lo previó en diciembre de 2012 el Consejo Nacional de Inteligencia (CNI) de los Estados Unidos en su Global Trends 2030: Alternative Worlds (Tendencias mundiales 2030: mundos alternativos): ningún país grande será una potencia hegemónica. Invocó cuatro razones o, en su léxico, “megatendencias”: mayor poder de los individuos y de la clase media global; difusión del poder de los Estados por medio de redes sociales y coaliciones oficiosas; cambios demográficos por la urbanización, la migración y el envejecimiento, y una mayor demanda de alimentos, agua y energía.

La era unipolar bajo la hegemonía de los Estados Unidos, consecuencia de la caída del Muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría, duró apenas una década: la del noventa. La dilapidaron tras la voladura de las Torres Gemelas con las guerras preventivas contra el terrorismo en Afganistán e Irak, el quebranto de las finanzas federales y la onda expansiva desatada por el fiasco de un actor no gubernamental, Lehman Brothers, en 2008. El capital político cayó casi al mismo ritmo que las acciones bursátiles.

En las cumbres del G-20, sucesoras del G-8, los presidentes de los países en desarrollo increpan a los Estados Unidos por su deuda descomunal, a la Unión Europea por su ineficacia en paliar la crisis y a ambos por sus barreras proteccionistas. La presunta aura de los imperios ha desbarrancado, así como la superioridad racial y democrática con las cual solían dictar  lecciones. China invierte en África y América latina, y presta dinero a los Estados Unidos y Europa. La compañía brasileña Embraer es la principal productora mundial de aeronaves a reacción de tamaño medio. El hombre más rico del planeta es Carlos Slim, mexicano.

Los países del Sur, dice el PNUD, “están impulsando el crecimiento económico mundial y cambios sociales por primera vez en siglos”. China y la India duplicaron la producción económica per cápita en menos de 20 años; la tasa es dos veces más rápida que la de la Revolución Industrial en Europa y América del Norte. En 2020, la producción combinada de esos dos países y Brasil superará la producción total de los Estados Unidos, Alemania, el Reino Unido, Francia, Italia y Canadá. Entre 1990 y 2008, la proporción de personas en pobreza extrema en los países en desarrollo bajó del 43 al 22 por ciento.

Contra el progreso pueden atentar las medidas de austeridad con poca visión de futuro, el abordaje inadecuado de las desigualdades persistentes y la falta de oportunidades para una participación cívica importante. Eso, al igual que las inequidades sociales y los desequilibrios entre la preparación educativa y las oportunidades laborales, requiere soluciones globales, no sólo nacionales. De no haber una acción coordinada contra el cambio climático, por ejemplo, la cantidad de personas en pobreza extrema podría incrementarse hasta 3.000 millones en 2050.

En Brasil, la población que vive con menos de 1,25 de dólares por día ha caído del 17,2 al 6,1 por ciento entre 1990 y 2009.  En 2030, América latina y el Caribe albergarán a uno de cada diez miembros de la emergente clase media global. Otro dato no menor: la migración entre países en desarrollo ha superado recientemente a la migración neta del Sur al Norte.

El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, viajó a México para ver el programa Oportunidades y estudió el programa Bolsa Familia, de Brasil, antes de lanzar su plan contra la pobreza, Opportunity NYC: Family Rewards. “Nadie tiene el monopolio de las buenas ideas”, escribió. Cierto. La transición del poder pasa ahora del Norte al Sur. En el medio están los actores no gubernamentales que, sin reemplazar a los gobiernos ni al Estado-nación, actúan con mayor injerencia que ellos por su influencia directa en las personas.

Este “reequilibrio mundial”, como lo llama el PNUD, revierte el cambio que experimentaron Europa y América del Norte cuando eclipsaron al planeta con la Revolución Industrial y las dos grandes guerras mundiales del siglo XX. Los países del Sur, más de 40, difieren en historias, sistemas políticos, perfiles económicos y prioridades de desarrollo, pero comparten algunas características. La mayoría eran Estados desarrollistas que procuraron obtener una ventaja estratégica de las oportunidades ofrecidas por el comercio mundial e invirtieron en capital humano, como Brasil, la India y México. Sorpresas te da la vida: lo lograron, parece.



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