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Política

Mándame una postal de Bagdad, adiós, cuídate

Bush otorgó a principios de año amplios poderes a la CIA para realizar operaciones encubiertas contra Saddam Hussein Victorioso después de la derrota, regodeándose en ella como Yasser Arafat en las réplicas israelíes como consecuencia de las masacres fundamentalistas o como Fidel Castro en el embargo norteamericano como consecuencia de su revolución, Saddam Hussein halló en la resistencia, y en la regulación de los pozos de petróleo, un refugio contra el Gran Satán. Paraguas bajo el cual ha permanecido firme, intocable, durante los dos períodos de Bill Clinton en la Casa Blanca mientras promedia el primero de George W. Bush. Inmune a los asuntos pendientes del padre de Bush, vanamente atacado apenas asumió el hijo, y al escándalo Monica Lewinsky, coincidente con los bombardeos de 1998. Desde entonces, o desde la guerra de 1991, Hussein oculta su secreto bajo siete candados. Un arsenal de destrucción masiva capaz de partir al mundo en dos, dicen. O en tres. O en cuatro. Inhallable, al parecer, para los expertos en armas de la Organización de las Naciones Unidas (leer más)

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Es un monstruo grande y pisa fuerte

Creen en Wall Street que la virtual victoria de Lula en Brasil provocaría un descalabro regional, pero nadie sabe cómo evitarlo Esta vez no hubo mano de Dios: volvimos con la frente marchita de Corea-Japón. Pero, consuelo al fin, podemos sentirnos satisfechos. Por la entrega de los muchachos. Y, en cierto modo, por haber hecho escuela en copas anteriores, pregonando la viveza como un arte: Rivaldo se tomó la cara con las manos después de recibir un pelotazo en el costado derecho, debajo de la cintura, del turco Hakan Unsal, de modo de que fuera expulsado. Lo logró. Y Brasil se aseguró la victoria. Dos a uno. Al filo de un partido difícil. Frente a un rival que ya tenía un jugador menos. Táctica y estrategia, sin jogo bonito ni fair play, cada vez más frecuente. Que excede el Mundial. El fútbol mismo. Por más que las simulaciones, o las pantomimas, sean presuntamente castigadas por el FMI. Por la FIFA, digo. Así como los penales inexistentes. Cobrado, en ese caso, por el árbitro indio Anoop (leer más)

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Indulto al insulto

El exabrupto de Batlle cosechó una mezcla de adhesión e indiferencia en lugar de provocar un replanteo sobre sus causas Somos una manga de ladrones, del primero al último, según el presidente de Uruguay, Jorge Batlle. Somos una manga de incapaces, según el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O’Neill: “Han estado en problemas con intermitencias desde hace 70 años o más. No tienen una industria de exportaciones. Y les gusta. Nadie los obligó a ser lo que son”. Somos una manga de lamebotas yanquis, según el mandamás vitalicio de Cuba, Fidel Castro. Somos una manga de griegos y romanos desterrados, según Borges. Somos, al parecer, una manga de incorregibles; todos, no sólo los peronistas. Estamos para el cachetazo. Somos, desde siempre, una manga de engreídos, según nuestros hermanos latinoamericanos. Dioses nos dicen, también, porque nadie nos puede ver. Algo habremos hecho. Desde creernos los mejores del mundo, por obra y gracia de la mano de Dios, hasta obstinarnos en el fracaso, por obra y gracia de aquella comparación vergonzosa entre el país (leer más)

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Me gusta estar al lado del camino

La victoria de Uribe ha demostrado que en la región queda cada vez menos espacio para los políticos convencionales Son tres amigos. Sordo, uno; ciego, el otro; rengo, el otro. Están en casa ajena, in fraganti. El sordo dice: “Oigo pasos”. El ciego dice: “Veamos”. El rengo dice: “Corramos, pues”. ¿Absurdo? Son tres candidatos. De un partido tradicional, uno; del otro partido tradicional, el otro; de un partido ignoto, el otro. Están en elecciones presidenciales, en campaña. El primero dice: “Oigo cacerolas”. El segundo dice: “¿Estás seguro?” El tercero dice: “Corramos, pues”. Moraleja: la victoria de Alvaro Uribe en las elecciones presidenciales de Colombia ha venido a confirmar que el rengo, o el candidato del partido ignoto, corre con ventaja frente a sordos y ciegos. De los cuales la gente, prudente, toma cada vez más distancia. No de la política ni de los partidos, sino de aquellos que representan una actitud frecuente en América latina: establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros. Esquema gastado, y vapuleado, que los colombianos han asociado con la (leer más)