Sorpresas te reserva la vida




Con sus botas negras, Vicente Fox pasa de ranchero, ejecutivo y empresario a presidente de un país en proceso de cambio

CIUDAD DE MÉXICO.–            En medio de la campaña electoral, el Partido Acción Nacional (PAN) hizo cortorcircuito con la agrupación Amigos de Fox. Por una sencilla razón: tenía más adherentes la agrupación que afiliados el partido. ¡Chispas! Era intolerable que Vicente Fox, el candidato, fuera una marca registrada, cual producto de una estructura paralela, y que se valiera de las estrategias del  marketing, no de los métodos tradicionales, con tal de sumar voluntades. Voluntades foxistas, no necesariamente panistas.

Lo nuevo asustaba. Sobre todo, por la posibilidad de que Fox, en caso de perder las elecciones presidenciales del 2 de julio, se quedara con buena parte del PAN, desvirtuando las raíces conservadoras con las cuales nació en 1939 como oposición del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Pelea diferente, en aquel entonces, contra el presidente Lázaro Cárdenas, padre de la nacionalización de los ferrocarriles; padre, a su vez, de Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), de centroizquierda.

Pero ganó Fox. Y, como correlato de haber demolido los 71 años de hegemonía gubernamental del PRI, o del prigobierno, obtuvo otra victoria. Colateral, como los daños que le endilgaban. Más íntima. Menos estridente. Que Diego Fernández de Cevallos, el Jefe Diego en el PAN, ausente en sus actos proselitistas, haya reconocido sus méritos.

Con tal de no ser confundido con sus barbas, Fox se afeitó la suya en 1995. Ya daba señales, bajo sus bigotes, de que la gobernación de Guanajuato, alcanzada después de haber sufrido en carne propia uno de los tantos fraudes del PRI, iba a quedarle chica. Vislumbraba la presidencia. Dentro del PAN, sin embargo, no halló más que desaliento. Tanto de Fernández de Cevallos como de otros presidenciables.

Algunos de ellos terminaron acompañándolo. Contagiados de foximanía, quizás. Amigos de Fox, fundada en 1998 con la intención de enrolar militantes y de conseguir recursos para la campaña, comenzó a echar mano, con éxito, de instrumentos de promoción jamás usados por la oposición mexicana.

Para hacer una omelette hay que romper huevos; para hacer un candidato hay que romper esquemas. Fox rompió con todos ellos y con algunos más. Fue, de hecho, el primer candidato en campaña efectiva, actitud que enervó a sus correligionarios. Temerosos, en su mayoría, de que dilapidara fortunas con excesiva anticipación. Era excesiva, en verdad, pero no contaban con su astucia: Amigos de Fox había descubierto la clave con la cual el dinero no iba a agotarse con facilidad.

Cada amigo debía convencer a otros cinco para entrar en la agrupación y, por supuesto, para votar por Fox. Que, a su vez, debían convencer a otros cinco. Que, a su vez, debían convencer a otros cinco. Y así sucesivamente, edificando una pirámide. De 150, al comienzo, llegaron ser 10.000 en pocos meses. Y, en dos años, cerca de dos millones. Es decir, varias veces más que los afiliados del PAN.

Todo valía: reuniones en casa, cadenas por teléfono o enlaces por correo electrónico. Un candidato no convencional, hijo de madre española en un país de puros mexicanos, divorciado en un país de puros católicos, emprendía una campaña menos convencional aún. Típica de las promociones comerciales en los Estados Unidos, no de la política latinoamericana.

El crecimiento paulatino de Amigos de Fox derivó en la Red Fox 2000, dividida en Mujeres con Fox, Artistas con Fox, lo que fuera con Fox. En el exterior, particularmente en los Estados Unidos, el Grupo de Migrantes con la Alianza por el Cambio (formada entre el PAN y el Partido Verde Ecologista) adquirió fuerza propia, por más que los mexicanos tengan vedado el voto allende sus fronteras.

“Abre bien los ojos –era la consigna–. Si has advertido o tienes información sobre prácticas irregulares, uso de recursos públicos, transgresiones a la ley electoral o cualquier incidente que deba ser denunciado, envíanos un correo (electrónico) para tomar cartas en el asunto. Es muy importante que tengamos la mayor capacidad de información para evitar que el prigobierno se mantenga en el poder por la vía del engaño, del fraude y de la manipulación de la pobreza en la que viven millones de mexicanos.”

Pegó el mensaje. Claro, conciso, concreto: “¡Ya!”, su slogan, señal de cambio. Pegó la imagen del candidato, también. Imagen de político moderno sin mella por lanzar palabras subidas de tono en nombre de un partido de raigambre conservadora y católica. De self-made man (hombre hecho a sí mismo) que, en Coca-Cola, empezó como supervisor y llegó a ser el presidente de la compañía para México y América Central. De ranchero y de empresario dedicado a la agricultura, la ganadería, la agroindustria y la fabricación de calzados.

Que en sus botas negras, algo así como una cábala, lleva grabada la marca registrada: Vicente Fox. Que hizo girar a su alrededor una estructura, el PAN, absorbida, en cierto modo, por su propia estructura, Amigos de Fox. Y que, tras alzar los dedos en V (símbolo de la victoria y de la resistencia  la vez), sumió a una estructura monumental, el PRI, en la crisis más grave de su historia.

Sorpresas te da la vida: que un presidente mexicano haya admitido de inmediato la derrota del PRI, o la victoria de Fox, actitud inconcebible desde 1911 (la útima vez que ganó la oposición en comicios libres y creíbles, según Carlos Fuentes); que el candidato por el oficialismo, Francisco Labastida, el primero que surgió de elecciones primarias, haya suscripto el resultado, y que Cárdenas, renuente a levantar su candidatura en favor de la Alianza por el Cambio, haya aceptado que la tercera seguía siendo la vencida después de haber fracasado en 1994, contra Ernesto Zedillo, y en 1988, contra Carlos Salinas de Gortari.

Demasiado bueno para ser cierto, tal vez. Con la moneda y los mercados en repunte después de la incertidumbre que generaron las amenazas de rebelión durante la campaña. Con el artífice del cambio, Zedillo, vapuleado por la vieja guardia de su partido, los dinosaurios, más afecta a torcer el destino, si es adverso, que a tolerar derrotas. Con una transición en marcha.

Situación inédita en la vida de las generaciones de mexicanos que nacieron, crecieron y murieron desde 1929. Bajo la fragua del PRI. Del unicato. Que tanto ha hecho por las instituciones, a pesar de sus vicios, y que, curiosamente, tan poco ha hecho por la democracia en sí. Que se encuentra de pronto en el llano. Terreno inexplorado. Huérfano de gobierno y de Estado; huérfano de piedad. Superado por las chispas ajenas y por los cortocircuitos propios.



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